martes, 13 de enero de 2009

Cambio de curso

Por: Alejandro Nadal (*)

Para muchos analistas, la relación entre la globalización y el medio ambiente se reduce a una simple pregunta: ¿La integración financiera y comercial promueve una administración ambiental saludable o alienta el deterioro del medio ambiente?

Esta pregunta está fuera de lugar. El impacto de la globalización sobre el medio ambiente no se puede medir correctamente porque el proceso está desequilibrado y marcado tanto por las economías de rápido crecimiento como aquellas de lento crecimiento, así como las grandes desigualdades internacionales en el ingreso per cápita. Esto no se corregirá automáticamente como parte de algún proceso de ajuste económico. No parece haber siquiera un consenso sobre la definición de globalización. Necesitamos entender la naturaleza económica de la globalización antes de evaluar las relaciones con el medio ambiente.

La globalización le debe más a las fuerzas profundas que actúan dentro de las economías capitalistas y a las políticas explícitas sobre la liberalización financiera y comercial, que a un cambio tecnológico en el transporte y las comunicaciones. La senda hacia una mayor integración de los mercados financieros y de productos fue abierta en 1973, cuando las antiguas instituciones Bretton Woods fueron reemplazadas por tasas de cambio flexible. Esto creó nuevos riesgos para los agentes económicos privados pero ofreció nuevas oportunidades para la rentabilidad a través de operaciones en los mercados de divisas del mundo.

Esto explica por qué las transacciones especulativas en los mercados de divisas redujo el comercio a mercaderías y servicios mientras que los flujos de capital opacaron las reservas de los bancos centrales. En respuesta a las fluctuaciones en las tasas de cambio y los intereses, estos flujos de capital pueden revertirse, generando profundas crisis. Los programas de estabilización para responder a estos eventos han causado gran daño a los medios de subsistencia y el medio ambiente de países tan diversos como Argentina, Filipinas e Indonesia.

Muchos sostienen que la globalización genera crecimiento en los ingresos per cápita y que esto lleva a una mayor salud ambiental. Los hechos desmienten esta afirmación. Las tasas de crecimiento durante el periodo 1945-1973 fueron más altas que en el periodo 1973-2005. Si bien el crecimiento mejoró durante la década pasada, las incertidumbres referidas a los desequilibrios a gran escala entre los países con enormes ahorros domésticos (China) y las economías con grandes déficits en sus cuentas (Estados Unidos) siguen siendo un tema de preocupación para la economía global, debido a sus consecuencias sobre la estabilidad del sistema financiero mundial. La crisis financiera y la probable recesión en la economía de EE.UU. en 2008 ralentizarán aún más la economía global.

Así, contrario a las historias popularizadas por la prensa, el desempeño económico durante la era de la globalización no es una historia de éxito evidente. Además, los problemas ambientales abundan y muchos se han hecho más severos (desde la degradación de los suelos y la deforestación, hasta la sobreexplotación de los acuíferos y la pérdida de recursos genéticos). En las economías de rápido crecimiento, la degradación ambiental permanece en niveles críticos. China, India y Brasil son los mejores ejemplos, y su demanda por recursos naturales (por ejemplo, minerales y madera) tiene consecuencias graves en una escala global.

Grandes cambios ambientales como el calentamiento global o la extinción masiva de especies comenzaron décadas antes que se iniciara la globalización. Pero la globalización no las ha controlado. Un ejemplo es que estamos lejos de estabilizar las concentraciones de CO2 en la atmósfera e incluso las modestas metas del Protocolo de Kyoto siguen sin ser cumplidas.

Tal vez, la apreciación más crítica sobre la relación entre la globalización y el medio ambiente surgió de la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio (EEM). Este ejercicio concluyó que en los últimos 50 años los humanos han cambiado los ecosistemas de la Tierra más rápidamente y extensamente que en cualquier otro periodo comparable de la historia de la Humanidad. De los servicios de los ecosistemas considerados por la EEM, el 60% están siendo degradados o usados de manera insostenible. Mientras los costos crecientes sigan siendo asumidos por los pobres de manera desproporcionada, seguiremos sin lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Los perjuicios de esta degradación pueden empeorar de manera significativa en los próximos 50 años.

Si bien numerosos estudios documentan la reducción de ciertos contaminantes y el aumento de la eficiencia energética en diversos países, esta mayor eficiencia en ciertos indicadores podría estar coexistiendo con el empeoramiento de los estándares en otras dimensiones ambientales, o con el desplazamiento de los costos ambientales hacia otros países.

La globalización aún no ha movilizado los recursos que se requieren para contrarrestar la degradación ambiental y ha fracasado en crear un sistema de gobernanza capaz de responder a los desafíos de nuestros tiempos. Es evidente que es esencial un cambio de curso.

Una nueva agenda para la sostenibilidad y la responsabilidad social debería basarse en tres grandes principios. Primero, los mercados no son mecanismos que se autorregulan y deberíamos reconocer la necesidad de intervenciones creativas de política pública. Segundo, debido a que las políticas macroeconómicas afectan profundamente la distribución del ingreso, las opciones tecnológicas y el manejo de los recursos, ellas deben integrar la sostenibilidad ambiental en sus objetivos.

Tercero, la distribución del poder económico y político es crucial para la distribución de los costos ambientales. Un fracaso en enfrentar las asimetrías existentes es tal vez el obstáculo más importante para una gobernanza justa para una buena gestión ambiental. La redefinición del desarrollo debe ocupar un lugar importante en la agenda ya que la idea de que un crecimiento ilimitado (especialmente como lo entendemos ahora) es la fuente del bienestar humano es una receta para el desastre.

Referencias.-

1. Globalización: Lo bueno, lo malo y lo feo. Revista de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Vol. 38. Nro. 2. Mayo del 2008.


(*) Profesor del Colegio de México. Presidente del Tema sobre medio ambiente, macroeconomía, comercio e inversión, parte de la Comisión sobre Política Ambiental, Económica y Social de UICN.



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