sábado, 12 de septiembre de 2009

¿Sobrepasamiento y colapso del sistema mundial?

Autor | Leonardo Boff | Idioma | Español | Pais | Internacional | Publicado | 21 agosto 2009 10:49

"No hay técnica ni modelo económico que garantice la sostenibilidad del proyecto actual. El economista Ignacy Sachs, amigo de Brasil, uno de los pocos que propone un ecosociodesarrollo comenta: “No se puede excluir la idea de que, por exceso de aplicación de racionalidad parcial, acabemos en una línea de irracionalidad global suicida”."

Hoy en día en todos los países y foros se habla de desarrollo-crecimiento como nunca antes. Es una obsesión que nos acompaña por lo menos desde hace tres siglos.

Ahora que se ha producido el colapso económico, la idea ha vuelto con renovado vigor, porque la lógica del sistema no permite, sin autonegarse, abandonar esa idea-matriz. ¡Ay de las economías que no consigan rehacer sus niveles de desarrollo-crecimiento! Van a sucumbir junto a una eventual tragedia ecológica y humanitaria.

Pero tenemos que decirlo con todas las letras: retomar esa idea es una trampa en la que está cayendo la mayoría, inclusive Benedicto XVI en su reciente encíclica Caritas in veritate, dedicada al desarrollo.

Esto puede verificarse casi de manera unánime en los discursos de los representantes de los 192 pueblos presentes en la reunión de la ONU a finales de junio. La gran excepción, que causó asombro, fue el discurso inicial y final del presidente de la Asamblea General, Miguel d’Escoto, que pensó hacia delante en la lógica de otro paradigma de relación Tierra-Vida-Humanidad, y subordinando el desarrollo al servicio de estas realidades centrales.

Del resto no se oía otra cosa: hay que retomar el desarrollo-crecimiento, si no la crisis se perenniza.

¿Por qué digo que es una trampa? Porque para alcanzar los índices mínimos de desarrollo-crecimiento del 2% anual previsto, necesitaríamos dentro de poco dos Tierras iguales a la que tenemos. No lo digo yo, lo dijo el expresidente francés Jacques Chirac cuando el IPCC publicó en Paris el 2 de febrero de 2007 los resultados del calentamiento global.

Lo repiten con frecuencia el renombrado biólogo Edgard Wilson y el formulador de la teoría de la Tierra como Gaia, James Lovelock, entre otros. La Tierra está dando señales inequívocas de estrés generalizado. Hay límites que no se pueden sobrepasar.

Recientemente, el Secretario de la ONU, Ban-Ki-Moon advirtió a los pueblos de que solamente tenemos unos diez años para salvar a la civilización humana de una castástrofe ecológica planetaria.

En un número reciente de la revista Nature, un prestigioso grupo de científicos publicó un informe sobre «Los límites del planeta» (planetary boundaries) en el que afirmaban que en varios ecosistemas de la Tierra estamos llegando punto de no retorno (tipping point) con referencia a la desertificación, la fusión de los cascos polares y del Himalaya, y a la creciente acidez de los océanos.

Cabe aquí citar, en mi opinión, el mejor fundamentado estudio de los autores del legendario Los límites del crecimiento del Club de Roma de 1972: D. Meadows y J. Randers. Su libro de 1991 tiene un título que es una llamada de alerta: Mas allá de los límites: colapso total o un futuro sostenible.

La tesis de estos autores es que la excesiva aceleración del desarrollo-crecimiento de las últimas décadas, del consumo y del desperdicio, nos han hecho conocer los límites ecológicos de la Tierra.

No hay técnica ni modelo económico que garantice la sostenibilidad del proyecto actual. El economista Ignacy Sachs, amigo de Brasil, uno de los pocos que propone un ecosociodesarrollo comenta: “No se puede excluir la idea de que, por exceso de aplicación de racionalidad parcial, acabemos en una línea de irracionalidad global suicida” (Forum, junio 2009 p.19).

Ya he afirmado en este espacio que la cultura del capital tiene una tendencia autosuicida. Prefiere morir a cambiar, arrastrando a otros consigo.

Los formuladores de la visión sistémica llaman a este fenómeno sobrepasamiento y colapso. Es decir, sobrepasamos los límites y nos dirigimos hacia un colapso.

¿Estaré siendo pesimista? Respondo con José Saramago: “no soy pesimista, la realidad es la que es pésima”.

Efectivamente: o abandonamos el barco del desarrollo insostenible en dirección a lo que la Carta de la Tierra llama “un modo sostenible de vivir” y los andinos “el bien vivir”, o vamos a tener que aceptar el riesgo de ser despedidos de este planeta.

Pero como el universo está hecho de virtualidades todavía no ensayadas, esperamos que surja una que nos salve a todos.+ (PE/ Koinonía)

Fuente: Agencia de Noticias Prensa Ecuménica

viernes, 11 de septiembre de 2009

Brasil y los nuevos emporios azucareros

Autor | GRAIN | Idioma | Español | Pais | Brasil | Publicado | 21 agosto 2009 11:17

Una de las tendencias más destructivas de la agricultura en los últimos veinte años es la expansión de las plantaciones de soja [o soya] en el cono sur de América Latina. Agresivamente, las empresas que estuvieron a la cabeza de ese “auge” se mueven ahora a la caña de azúcar y fijan la mira en grandes extensiones de tierra en los países del sur, donde el azúcar puede producirse muy barato.

De no oponerle resistencia, es probable que haya que enfrentar graves impactos: la producción local de alimentos será menospreciada, habrá expulsión de mano de obra y desplazamiento de comunidades o quedarán expuestos a crecientes niveles de plaguicidas. Las agroempresas extranjeras afianzarán su control del azúcar. Analizamos la confluencia entre el avance de la caña de azúcar genéticamente modificada y las transformaciones de la industria azucarera en Brasil con algunos atisbos en el panorama global.

En tan sólo 10 años, casi toda la pampa argentina y enormes extensiones de bosques y tierras agrícolas en Brasil, Bolivia, Uruguay y Paraguay fueron convertidas en desiertos verdes, monocultivos de soja. El auge de la soja en América Latina le proporcionó sitios de producción barata y abundante al pequeño grupo de gigantes cerealeros mundiales que dominan el comercio internacional de semillas oleaginosas y el mercado de alimentos comerciales. Esas empresas, como Cargill, ADM y Bunge, también hicieron miles de millones de dólares con la venta de los fertilizantes químicos requeridos, mientras otras grandes compañías extranjeras, como agco y John Deere, obtuvieron pingües beneficios con la venta de tractores. Monsanto y Syngenta obtuvieron ganancias récord vendiendo sus semillas modificadas genéticamente y sus plaguicidas químicos.

La invasión de la soja se basó en un modelo de producción que utiliza semillas modificadas genéticamente para soportar enormes dosis de herbicidas químicos. Monsanto puso las semillas y los herbicidas mientras la nueva generación de compañías agrícolas, dirigidas por empresarios urbanos, arrendó o absorbió grandes extensiones de tierra y administró la producción. Toda vez que se ha aplicado este modelo, los pequeños agricultores y los campesinos fueron expulsados y las comunidades locales resultaron devastadas por el éxodo rural y la contaminación con productos químicos.

A las grandes agroempresas transnacionales, la experiencia con la soja en el cono sur les mostró el modo de lucrar con la expansión de la agricultura industrial en los países en desarrollo y les abrió la puerta a una nueva era de conquista. El azúcar, un cultivo con un largo historial de destrucción ambiental y cultural, y de cruda explotación humana, bien podría ser el próximo promotor de un auge al estilo de la soja, sobre todo porque en el campo ya hay nuevos cultivos de azúcar transgénica.

La hora de los agronegocios . Hoy, 70% del suministro mundial de azúcar proviene de la caña azucarera. La caña está plantada en unos 15 millones de hectáreas en más de 100 países de la región tropical y subtropical.

Brasil es ahora el mayor productor mundial de azúcar y por lejos el mayor exportador de azúcar. Cerca de tres cuartas partes de la expansión de la producción de caña de azúcar en los últimos diez años ocurrieron en Brasil, donde la superficie de caña de azúcar creció un promedio de 300 mil hectáreas por año entre 2000 y 2007 —una tasa equivalente a la expansión del cultivo de soja en el país. En 2008, la superficie de caña de azúcar registró un notable aumento del 14%. Una proporción considerable de la producción de caña de azúcar de Brasil se destina a la industria local de etanol, pero gran parte sigue fluyendo hacia el mercado mundial. Más de la mitad de las exportaciones mundiales de azúcar sin refinar proviene de Brasil. A principios de los años noventa representaba sólo 7%.

El aumento monumental de los agrocombustibles configura una tendencia decisiva en la actual producción mundial de azúcar, que es considerada como una de las materias primas más rentables en la producción de etanol. El mercado mundial de etanol crece a gran velocidad, conforme varios mercados importantes de combustibles utilizados en el transporte ponen en vigor los mandatos que exigen ciertos porcentajes de etanol mezclado con petróleo (o están por hacerlo). Esto ha hecho crecer en gran medida la demanda de azúcar y a su vez, esta demanda expande la producción mundial de azúcar. Las grandes agroempresas introducen esta perspectiva en la producción mundial y se embolsan las ganancias.

También hay nuevos actores en la industria del azúcar, sobre todo en la producción de etanol. Cargill, que ya controla 15% del comercio mundial del azúcar, hizo hace poco grandes inversiones en la producción de caña de azúcar en Brasil y México, y emprende proyectos conjuntos en refinerías y/o etanol en Siria, India y El Salvador. Incluso adm, rey del etanol de maíz de Estados Unidos, hizo su primera gran inversión en caña de azúcar brasileña en 2008, un proyecto de colaboración que abarca dos fábricas de azúcar/etanol y plantaciones a gran escala. Lo mismo ocurre con las empresas de energía y recursos naturales con sede en el Norte y el Sur, sean grandes actores consolidados —como bp— o capitalistas más pequeños del sector minero.

En el panorama hay una gran expansión en la producción mundial de azúcar, concentrada geográficamente y en manos de un pequeño número de empresas que actúan integradas verticalmente en cadenas mundiales de producción y distribución.

El auge azucarero de Brasil . Es ahí donde las tendencias de la producción mundial de azúcar se hacen sentir más. Allí, la industria azucarera está cada vez más concentrada en pocas familias, conocidas en Brasil como los barones del azúcar, y en unas cuantas compañías extranjeras, que habitualmente actúan asociadas entre sí. Con el aluvión de inversiones extranjeras al sector azucarero de Brasil —9 mil millones de dólares en 2006 sólo para producir etanol—, los barones del azúcar consolidaron su posición y reestructuraron sus empresas con el fin de captar esos flujos de inversión. Algunos incluso pusieron sus negocios familiares en la bolsa de valores brasileña. Es frecuente que los inversionistas extranjeros acaparen las participaciones mayoritarias o las acciones minoritarias, aunque en algunos casos dejen que los barones del azúcar supervisen las operaciones agrícolas.

Los ingenios de propiedad extranjera procesaron 12% de la caña de azúcar brasileña durante 2007-2008, mientras que a comienzos de la década procesaban menos de 1%. Si se incluyen los ingenios en que los capitales extranjeros tienen la minoría accionaria, esta cifra salta al 23%. Hoy es posible identificar apenas algunos cuantos conglomerados —redes de empresas transnacionales y familias del azúcar— que controlan gran parte de esa industria. Los tres principales están conformados en torno a Cosan, Crystalsev y Copersucar, que, según Maurílio Biagi Filho, director de Crystalsev, poseen cerca de un tercio de los ingenios azucareros de Brasil.

Con el auge azucarero de Brasil, la producción se movió del noreste del país al centro sur, donde el terreno es más apto para la producción mecanizada. Millones de hectáreas de El Cerrado, una región de Brasil comparable a la Amazonía por la riqueza de su biodiversidad, fueron abatidas para abrirle espacio a la nueva producción cañera. Los ingenios de esta región son responsables ahora de un 90% de la producción azucarera de Brasil, de la cual cerca de 60% se convierte a etanol. La región se ha convertido en la base del poder de la industria y, con fuerte apoyo del gobierno del presidente Lula, los barones del azúcar de la zona —con sólidas conexiones políticas— y sus socios extranjeros, pudieron fácilmente imponer sus planes de expansión, y reconvierten vastas superficies de tierra agrícola y bosque a la producción de caña de azúcar.

Y si bien la crisis financiera mundial disminuye el ritmo de las cosas, la Corporación Financiera Internacional del Banco Mundial, el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), de Brasil, y el Banco Interamericano de Desarrollo, pusieron fondos para habilitar la expansión y consolidación de la industria. También se establecieron recientemente varios fondos de inversión privados, con miles de millones de dólares destinados a la compra de tierra en Brasil para reconvertirla a la producción de caña de azúcar. Uno de ellos es el fondo Radar Propriedades, manejado por Cosan, el fondo Calyx, manejado por Louis Dreyfus y el fondo BrasilAgro, manejado por Cresud, compañía de la cual es propietario el barón argentino de la soja Eduardo Elsztain. No es de sorprender que aumenten los conflictos por la tierra en los lugares donde la caña de azúcar se está expandiendo, a la par de la violencia infligida a quienes se atreven a resistir.

El modelo de producción que buscan aplicar los conglomerados del azúcar en Brasil es de gran escala e integración vertical. Tres cuartas partes de la tierra plantada con caña en el país es propiedad de los ingenios azucareros o bien está rentada por ellos, y los 60 mil productores independientes de Brasil, con predios de menos de 150 hectáreas, representan tan sólo 27% de la producción nacional. Las condiciones de trabajo en las plantaciones cañeras son tristemente famosas por su brutalidad y conforme aumenta el poder de las compañías, explotan más y más a los jornaleros, a quienes generalmente se les paga a destajo, la cantidad de caña que cortan. El promedio de toneladas de caña cortada por día en la región de São Paulo se ha duplicado de 5-6 toneladas en los años ochenta, a 10-12 toneladas actualmente —lo que se calcula representa 12 mil golpes de machete diarios. Desde 2000, los cortadores de caña de la región aumentaron su productividad en 11.9%, pero les aumentaron tan sólo 9.8% en el mismo periodo. Todos los años mueren trabajadores de agotamiento y el trabajo forzado continúa siendo una práctica generalizada en la industria. La Comisión Pastoral de la Tierra informa que en 2008, 2164 trabajadores fueron liberados de condiciones de trabajo forzado en las plantaciones de caña de Brasil.

El modelo de producción también se vuelve más industrial: máquinas, nuevos cultivares e insumos químicos suministrados por las agroempresas. El auge de la caña es la razón principal por la que se cuadruplicó el mercado de plaguicidas de Brasil entre 1992 y 2006, alcanzando un valor de más de 5 mil millones de dólares en 2007. También se genera un nuevo, enorme y creciente mercado para las compañías extranjeras que controlan el mercado de tractores de Brasil. La mecanización reduce la necesidad de mano de obra, liberando en parte a las compañías azucareras de las demandas de los trabajadores y de la creciente crítica internacional por las condiciones de trabajo en las plantaciones cañeras. Es también una forma de evitar la práctica común de la quema de los campos antes de realizar la cosecha manual, lo cual tiene gran peso como argumento de los méritos ambientales del etanol brasileño. De hecho, el criterio de “sustentabilidad” elaborado por los importadores de etanol de la Unión Europea y sus abastecedores brasileños, exige la mecanización y, en este sentido, el gobierno brasileño introdujo en 2007 un protocolo que implicará eliminar la quema de campos en 20% de los predios de caña de azúcar para 2010, y en un 100% para 2020.

En suma, la expansión de la caña en Brasil se caracteriza por un gran control empresarial, conversión rápida y en gran escala de la tierra y un modelo industrial de producción basado en la explotación de la mano de obra y que las agroempresas suministren maquinaria moderna e insumos. Brasil es el epicentro del auge mundial de la producción de caña de azúcar y, en el escenario internacional, se ha convertido en el principal proponente del etanol a partir de la caña de azúcar, brindando financiamiento, inversiones y tecnología brasileñas a todos los países del mundo que se involucren en producirlo.

Monsanto incursiona en azúcar brasileño y más. Una parte clave de la historia de la expansión de la caña brasileña fue el desarrollo de variedades destinadas a producir etanol, que se buscó adaptar a la región centro-sur. La mayoría de esas variedades la desarrolló el Centro de Tecnología Canavieira (ctc), una institución semi-privada que estuvo controlada por Copersucar pero que ahora es de un grupo que figura entre las principales fábricas de azúcar del país. ctc solía cobrar regalías a quienes no eran sus miembros, pero ahora niega todo acceso a sus variedades a quienes están fuera de su estructura, lo que equivale a más de la mitad de la producción de azúcar del país.

No obstante, un nuevo actor acaba de aparecer en escena y le resta posición a ctc. CanaVialis, la mayor compañía mundial de cultivo de caña de azúcar dentro del sector privado, fue creada en 2003 por varios ex productores públicos con financiamiento del conglomerado brasileño Votorantim, junto con una compañía hermana, Allelyx, dedicada a la biotecnología en caña de azúcar. CanaVialis trabaja para las principales compañías azucareras, quienes la contratan para que desarrolle variedades específicas para ellas. CanaVialis firmó hace poco un acuerdo de 25 millones de dólares con Cosan para instalar 10 estaciones de investigación y desarrollar variedades de caña. También desarrolló variedades de caña de azúcar para la plantación que Odebrecht tiene en Angola. CanaVialis dice que sus variedades abarcan ahora por lo menos el 15% de la superficie de caña de azúcar de Brasil.

Monsanto, la mayor compañía de semillas del mundo, no pasó por alto la jugada. En 2007 se asoció con CanaVialis y Allelyx para desarrollar variedades de caña de azúcar modificada genéticamente resistente al glifosato (Roundup Ready). A fines de 2008 decidió comprar ambas compañías por 280 millones de dólares, lo que repentinamente catapultó a Monsanto a ser la mayor compañía de cultivo de caña de azúcar del mundo.

Es claro que Monsanto usará la red de clientes comerciales de CanaVialis y su colección de germoplasma como plataforma para la introducción generalizada de caña de azúcar transgénica. La caña de azúcar, a diferencia de la soja, es perenne, y lo habitual es que los agricultores replanten cada cinco años, más o menos, y luego utilicen esquejes, no semillas. Así que Monsanto planea vender sus variedades siguiendo el modelo de CanaVialis —trabajando mediante contratos y sociedades con los principales ingenios, que utilizarán las variedades en sus propias plantaciones produciendo bajo contrato con sus proveedores. El mismo modelo podría entonces aplicarse fácilmente fuera de Brasil.

La otra cara del azúcar . La producción de caña de azúcar se ha vuelto tan industrializada e integrada al sistema empresarial de la alimentación que a menudo no se reconocen otras formas de producción y uso. Pero las comunidades tienen cultivos totalmente diferentes —e importantes— basados en la caña de azúcar. Cuando no está refinada y tratada químicamente, la caña de azúcar es en realidad un cultivo sumamente nutritivo, rico en vitaminas y minerales. Brinda una fuente alimenticia importante que ingresa a una vasta economía alimentaria de pequeña escala —desde los fabricantes de panela en la India a los vendedores callejeros que venden jugo de caña en casi todos los países tropicales del mundo.

En Colombia, como en toda América Latina, las comunidades tienen una larga tradición de organizar lo que llaman “trapiches comunitarios”, en los que procesan el jugo de su caña de azúcar local en un producto concentrado llamado panela. Los campesinos y agricultores locales mantienen sus propias variedades de caña de azúcar adaptada a sus tierras. Pero la reciente expansión de la caña de azúcar industrial amenaza destinar sus ya restringidas tierras al etanol cuando que es ahí donde las comunidades producen su propia caña de azúcar. Además, por lo menos en Colombia, las reglamentaciones gubernamentales para la industria del azúcar buscan penalizar la producción local de panela y concentrar la industria del azúcar en manos de grandes compañías.

Comunidades como ésas se interponen en el camino de la caña de azúcar transgénica y corren más riesgo de perder sus tierras por su expansión, de perder su trabajo por la mecanización de la producción de azúcar, de ser contaminadas por los herbicidas y de que sus cultivos tradicionales de caña se contaminen con transgénicos. Corren más riesgo por los posibles efectos adversos sobre la salud derivadas de los transgénicos, ya que consumen la caña de azúcar en su forma pura pues para ellas es una fuente nutritiva, no solamente un edulcorante.

Es importante tomar una posición contra la caña de azúcar transgénica y el azúcar transgénico. Oponernos ante la expansión del azúcar empresarial que ocupa tierras agrícolas que los campesinos podrían utilizar para la producción local de alimentos. Rechazar la industrialización y deshumanización de un cultivo alimenticio que tiene un significado cultural y económico importante para numerosas comunidades. Los jornaleros, los campesinos y otros productores de alimentos de las regiones tropicales y subtropicales dependen de la caña de azúcar como fuente alimenticia y base de su sustento. La confabulación entre las agroempresas y los gobiernos (que busca redibujar el mapa mundial de la producción de azúcar) y la introducción de la caña de azúcar transgénica, sólo empeorará e intensificará los problemas.

Fuente: Biodiversidad, sustento y culturas

jueves, 10 de septiembre de 2009

República Dominicana: tomate industrial en Azua

Autor | Luis Cabrera | Idioma | Español | Pais | República Dominicana | Publicado | 24 agosto 2009 11:46

"En Azua, el movimiento campesino todavía no tiene la fuerza suficiente para salirse del monocultivo del tomate industrial —lo cual afecta la vida de los campesinos del país y de los inmigrantes haitianos. Sin embargo, con la participación de los campesinos y campesinas de Azua, del país y del mundo, el sector campesino puede exigir con mayor fuerza organizativa que se haga lo más justo posible".

Azua tiene una población de unos 200 mil habitantes cuya fuente principal de ingreso es la actividad agropecuaria. El Valle de Azua tiene una superficie de 19 mil hectáreas de vocación agrícola y en la zona de montaña se encuentra una área de vocación agroforestal. Azua tiene un clima cálido y hasta 1976, no contaba con una gran fuente de agua. Se cultivaban guineo (banano), plátano, yuca, habichuela, melón, y ají (chile) entre otros. En 1974, se inició la siembra de tomate industrial. En 1976, con la construcción del canal del Yaque del Sur, la economía de la provincia se convirtió en una de las principales provincias productivas de la región sur del país. El estado dominicano facilitó canales de riego y se desarrolló una siembra intensiva del tomate. El éxito de la producción lleva a las compañías que tenían sus plantaciones de procesamiento en la región norte del país a instalar sus molinos en Azua.

La siembra del tomate en la región se inicia en octubre y el ciclo de cultivo es de 120 días. Los tomates se procesan para producir diferentes derivados de tomate como pasta, catchup, conserva y vinagre. Los productos se venden en los colmados (tiendas locales de pequeño consumo) y supermercados en todo el país y, en menor cuantía, son exportados al país vecino de Haití.

En los ochenta y noventa, el tomate fue producido con un gran paquete tecnológico de pesticidas, fungicidas y herbicidas muy fuertes, muchos de los cuales están prohibidos hoy en día.

Como muchas veces pasa, los grandes agroempresarios maximizan su capital sobre la base de una alta productividad sin darle gran importancia a lo que pueda pasarle a la población y al ambiente. Ese paquete tecnológico no sólo perjudica la salud de los trabajadores y contamina las aguas de la zona, también elimina la mayoría de los insectos benéficos. En 1994 se encontró mucha mosca blanca (bemisia tabaci). A partir de entonces, se desequilibró el ecosistema de la provincia lo que provocó grandes enfermedades en las plantaciones del tomate y en la mayoría de los cultivos de hortalizas como la berenjena, el molondrón, el ají (chile), el melón, el pepino y la sandia, entre otros.

Mecanismos de financiamiento. La gran mayoría de las familias campesinas de Azua no tienen títulos definitivos de terreno propio —algunas tienen parcelas de reforma agraria (proceso que inició en los años setenta) y otras trabajan en parcelas comunitarias. Para hacer realidad la permanencia del tomate industrial como una apuesta para la economía del país y poder desarrollar sus agronegocios, los empresarios desarrollaron una estrategia con el apoyo de sus aliados (principalmente en el ministerio de Agricultura).

La estrategia es firmar contratos con los productores para el financiamiento, y por lo tanto el control, del proceso de cultivo. Las empresas financian una mayor parte de la inversión de la siembra: desde preparar la tierra hasta el transporte del producto, de la parcela a donde se realiza el pesaje. A la hora del pago por la cosecha, los costos se descuentan del productor, con los intereses correspondientes, después de pesarla.

Los productores pequeños y medianos que financian las empresas son denominados “colonos tomateros” y se dividen en 3 tipos: Colono A, B y C según la regularidad con que siembren, y su productividad. Los productores de tomate que no firman contratos de financiamiento con las empresas se llaman “tomateros independientes” y deben firmar contratos de venta con las compañías. Para asegurarse el reclutamiento de los productores y tener superficies considerables que le permitan éxito en la cosecha de cada año, las agroempresas no sólo reclutan a los parceleros con avance y otras modalidades como la nivelación o preparación de la tierra con maquinaria; también tienen un técnico a su servicio por cada cierta área de cultivo.

El financiamiento de las empresas incluye el suministro de todos los insumos agrícolas, que se aplican a las parcelas mediante brigadas de trabajadores, facilitadas por las empresas, usando un aparato llamado la bomba estacionaria. La industria facilita el cheque por cada actividad para la realización de las labores agrícolas controlando así las aplicaciones y el manejo en cada una de las siembras. El hecho de avanzarle dinero al colono a cambio de la siembra crea una dependencia que al final crea problemas en cuanto a la lucha por mejores condiciones.

La mano de obra. Es cierto que el tomate es una fuente de empleo en un país donde reina el desempleo, pero ese empleo es injusto y parcial, pues la zafra tomatera sólo dura unos 120 días y el resto del año las comunidades siguen con problemas de desempleo. Además, principalmente son tres grupos poblacionales los que se aprovechan como empleados: los migrantes haitianos, las mujeres y los niños y niñas.

Las agroindustrias tienen una cantidad importante de empleados controlados por ellas mismas: trabajadores agrícolas en sus fincas privadas (en su mayoría haitianos), trabajadores en las plantas procesadoras, y transportistas, entre otros. Al final de cada zafra de tomate, algunos se quedan para el procesamiento de otros cultivos (maíz y guandul), pero una gran proporción es despedida por las limitaciones laborales.

Además, las agroempresas acostumbran violar las normas y las leyes laborales. En cuanto intentan sindicalizarse los trabajadores, son despedidos y no regresan más.

El papel del Estado. Es muy sabido que los últimos cinco gobiernos en el poder han descuidado la zona rural, en especial a los pequeños y medianos productores agropecuarios. Con el fin de quitarse lo que ellos llaman “la carga campesina”, prefieren que el sector privado sea quien asuma el papel que le corresponde al Estado.


En el caso del tomate, el gobierno, mediante el ministerio de Agricultura, decidió apoyar a las procesadoras de tomate dándoles todas las facilidades para que se mantengan en el campo produciendo, aunque los campesinos paguen los efectos del desajuste y la crisis en el sector. La política es proteger la inversión privada mientras aumenta cada día más su capital.

Las industrias han creado un modelo de autoproteccionismo a su favor (desde el Estado) con el argumento de invertir y de crear empleos en la zona rural, sobre todo en las comunidades donde se produce tomate.

A raíz de la crisis de la mosca blanca por los efectos de la degeneración del suelo, se creó un consejo de Manejo Integrado de Plagas (mip), presidido por los técnicos de los agroempresarios. El consejo manejaba la política de las resoluciones para la aplicación de la veda: la prohibición de todo cultivo hospedero de la mosca blanca (melón, sandía, ají, berenjena, habichuela) durante los tres meses previos a la siembra del tomate (julio a septiembre).

Los gastos de la veda, por la cual se eliminan cerca de 70 a 80 mil tareas de cultivo por año en Azua, son cubiertos por las agroempresas procesadoras —éstas pagan el combustible de los vehículos y las dietas de los militares que vigilan la zona. En términos reales, es un precio que se paga por la protección al empresariado y es por esa razón que, por más de 16 años, las industrias han manejado la siembra a su criterio sin tomar en cuenta a los productores ni a sus organizaciones. Consciente de esta realidad, desde 1992 intervino la Federación de Campesinos Independientes “Mamá Tingó” (Fecainmat) reclamando los derechos de los productores y las productoras y luchando por la justicia.

La Federación Mamá Tingó. La Fecainmat surgió en 1989 por razones de necesidad organizativa para darle repuesta a los grandes problemas en la zona rural de Azua y el país. Agrupó a cinco organizaciones de base de pequeños y medianos productores y productoras agropecuarios y de campesinos sin tierra en la lucha por la tierra y el apoyo a la producción agropecuaria por parte del Estado.

La Federación se integró al asunto de tomate en el 1992 en coordinación con la Junta de Regantes del Valle de Azua para hacer cambiar la regla de juego. Se lanzó una lucha que terminó con la ocupación de las instalaciones de la agroempresa Famosa y del centro de maquinaria y equipo de la secretaría de Agricultura (Prosema). El resultado fue un acuerdo en lo que se aumentó el precio del tomate pagado al productor y se consiguió la participación en el Consejo del Manejo Integrado de Plagas y la participación en las discusiones donde se determina el destino del tomate.


Esa acción provocó que los contratos entre los productores y las agroempresas donde se rigen las normas de la zafra, se definan entre ambas partes, incluyendo los costos de producción y el precio del tomate. Provocó la conformación de la Comisión Tripartita, compuesta por las agroindustrias, la Secretaria de Agricultura y la Fecainmat como representante de los y las campesinas.

La Comisión Tripartita tiene las funciones de conocer todo lo relativo a la producción y la comercialización del tomate, de conocer el contrato que rige la siembra de cada año, y de establecer los convenios de la importación de tomate en caso de déficit.

La postura de Fecainmat. La Federación de Campesinos Independientes Mamá Tingó está consciente del peligro del tomate como monocultivo, pero no puede negar que dinamiza la economía de la provincia. La Federación cree que lo que se necesita es un manejo distinto del paquete tecnológico que se implementa en la siembra para eliminar la dependencia de los agroquímicos, implementando rotaciones de cultivos que reduzcan los impactos del monocultivo.


La familia Corripio, dueña de la agroindustria Victorina, es la principal accionista de un periódico nacional (el Listin Diario), un canal de televisión (Telen Antilla, canal 2) e incide en otros medios con la promoción de otros negocios de su propiedad como tiendas comerciales de electrodomésticos y ferreterías. Por lo tanto, es difícil que el movimiento campesino tenga voz en los medios de comunicación nacionales. Comunicadores solidarios han aportado materiales importantes a la lucha campesina, el video documental Tingó, bajo el sol de Azua realizado en los años noventa tras la propuesta de la Fecainmat.

En Azua, el movimiento campesino todavía no tiene la fuerza suficiente para salirse del monocultivo del tomate industrial —lo cual afecta la vida de los campesinos del país y de los inmigrantes haitianos. Sin embargo, con la participación de los campesinos y campesinas de Azua, del país y del mundo, el sector campesino puede exigir con mayor fuerza organizativa que se haga lo más justo posible.

Como dijo Mamá Tingó, líder campesina asesinada en 1974 durante el brutal régimen del gobierno de Joaquín Balaguer: “La tierra es para quien la trabaja”.

Unidad y Luchar por un Mejor Vivir

Luis Cabrera, secretario de Organización de la Federación de Campesinos Independientes Mamá Tingó (Fecainmat) de Azua, y coordinador general de la Articulación Nacional Campesina, República Dominicana. Editado por William Austen Bradbury, técnico de la Coordinación Regional del Caribe de Veterinarios sin Fronteras.

El video Tingó, bajo el sol de Azua, puede verse en: http://www.vimeo.com/4988855


Fuente: Revista Biodiversidad, sustento y culturas

miércoles, 9 de septiembre de 2009

La ayuda para el desarrollo como forma para el ingreso de transgénicos

Autor | RALLT | Idioma | Español | Pais | Internacional | Publicado | 24 agosto 2009 11:46

RED POR UNA AMÉRICA LATINA LIBRE DE TRANSGÉNICOS
BOLETÍN 349

LA AYUDA AL DESARROLLO COMO FORMA PARA EL INGRESO DE TRANSGÉNICOS

RALLT

El gobierno de Estados Unidos como parte de sus programas para ayuda al desarrollo pretende promover de manera masiva los cultivos de trangénicos en los países más pobres del mundo, y de esa manera beneficiar a sus empresas biotecnológicas.

A pesar de la gran cantidad de evidencias que existen sobre los fracasos de la aplicación de la biotecnología en el agro, en el Senado de los Estados Unidos se ha propuesto una ley de ayuda al desarrollo de muchos miles de millones de dólares, fondo que estaría dirigido a más investigación sobre ingeniería genética. La ley se propone con el argumento que los cultivos transgénicos son esenciales para dar de comer a los pobres del mundo.

La propuesta se llama Global Food Security Act (SB 384), y representa el más grande proyecto agrícola dirigida a la ayuda al desarrollo desde que se introdujo la Revolución Verde, que obligó a los campesinos del Tercer Mundo a adoptar de manera masiva semillas de alto rendimiento, dependientes de pesticidas, mecanización del campo, sistemas de irrigación artificial, para producir productos sobre todo dirigidos a la exportación, en las décadas de 1959 y 1960.

Esta nueva propuesta de ley, que en realidad tiene como intención re-lanzar una nueva revolución verde, pero esta vez basada en semillas transgénicas, pero también en otras tecnologías de punta como la nanotecnología), ha sido fuertemente apoyada por el sector del agronegocio en los Estados Unidos.

Esta legislación es conocida también como la Ley Lugar-Casey porque el proyecto fue hecho por los senadores Richard Lugar (R-IN) y Robert Casey (D-PA). El proyecto de ley pretende reformar los programas de ayuda para centrarse a largo plazo en el desarrollo agrícola, y reestructurar los organismos de ayuda para responder a las crisis.

El fondo para el desarrollo agrícola - unos US $ 7,7 mil millones del total previsto en el marco del proyecto de ley - se dirige en gran parte a la investigación de cultivos genéticamente modificados.

Este proyecto de ley está complementado con otras iniciativas como las de la Fundación Gates.

La Fundación Gates lanzó junto con la Rockefeller Foundation una iniciativa llamada AGRA que tiene como propósito lanzar una nueva revolución verde en África, con el argumento, que la primera revolución verde no tuvo un fuerte asidero en África, a diferencia de lo que pasó en América Latina y Asia.

Aunque el AGRA no trabaja directamente con semillas transgénicas, si promueve nuevas variedades que sustituirán las variedades tradicionales usadas por los campesinos en todo el continente. Esta nueva revolución verde va a trabajar con semillas en las que se basa la soberanía alimentaría de los pueblos africanos como es el sorgo, el banano, el camote, el maíz y el arroz, y se pretende desarrollar variedades resistentes a sequías, (con el argumento de que hay que adaptarse al cambio climático), a ciertos virus, etc.

Este proyecto se complementa con una fuerte promoción a lo que ellos llaman agrodealers (vendedores ambulantes de tecnología), que son gente de las mismas comunidades, quienes se encargarán en distribuir el paquete tecnológico, así las nuevas semillas llegarán a los rincones más recónditos del continente.

Pero además, la Gates Foundation trabaja en una línea fuerte de ingeniería genética a través de su programa THE GRAND CHALLENGE IN GLOBAL HEALTH INITIATIVE (Iniciativa para desafiar la salud global) , donde se entregan sumas muy grandes para investigación en cultivos transgénicos, a Universidades y centros de investigación de Estados Unidos, pero dirigidos a cultivos del Tercer Mundo, incluyendo cultivos de banana, yuca, arroz y sorgo con mayor cantidad de nutrientes, por ejemplo con más Vitamina A (una especie de arroces dorados), Hierro, Calcio, etc.

Esta iniciativa trabaja fuertemente también en nanotecnología.

Uno de los grandes beneficiarios de este fondo es el Danforth Centre, basado en St. Louis, donde Monsanto tiene su sede. Este centro recibe además fuertes fondos de Monsanto.

Otro beneficiario de los fondos Gates es la propia Monsanto.

La Fundación Carter es una de las administradoras del fondo.

A diferencia de la primera revolución verde, estas nuevas semillas tendrán propiedad intelectual, y serán elaboradas usando una serie de instrumentos que están patentados. Por ejemplo, en el desarrollo del Monsanto ha dicho que colaborará en algunos de los proyecto, poniendo a disposición (y cobrando) por su tecnología patentada.

Recordemos que Bill Gates hizo su inmensa fortuna a base de la propiedad intelectual, llegando a ser el hombre mas rico del mundo. El influyó en las legislaciones de muchos países para que se reconozcan los copyrights (que le beneficiaban a el).

Es este mismo espíritu el que mueve a la nueva revolución verde de Gates, que toma además los viejos elementos de la revolución verde de Rockefelelr, esto es, promover el consumo de insumos basados en petróleo (recordemos que Rockefeller, como dueño de la Standar Oil fue también en su época el hombre mas rico del mundo, en base al petróleo).

LA USAID está también trabajando en el desarrollo de nuevas variedades transgénicas para el África, usando argumentos tales como enfrentar la adaptación al cambio climático, y paliar el hambre en el mundo, coordina estrechamente con los proyectos de la Fundación Gates.

Todos estos programas se complementan con apoyo al desarrollo de normas de bioseguridad y de propiedad intelectual, para facilitar el ingreso de estos nuevos trasngénicos en los países donde aun no han entrado (que son la gran mayoría de países).

A este escenario se junta la nueva propuesta de ley, que inyectará a la industria biotecnológica con 7 mil millones de dólares más, lo que le permitirá llegar a un mercado que ha estado cerrado para ella, que son los pobres del mundo, porque con el argumento de que el objetivo es ayudar a la problemática del hambre, se trabajará con los cultivos de los cuales depende la soberanía alimentaría de muchos pueblos.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Las plantaciones de árboles no son bosques

Autor | Biodiversidad, sustento y culturas | Idioma | Español | Pais | América Latina | Publicado | 27 agosto 2009 11:28

Con el fin de entender las alternativas a los monocultivos, convocamos de nuevo las voces de muchos rincones. Reunidas iluminan la resistencia a las plantaciones de pinos, eucaliptos, palma africana y cualquier variedad de árboles que, siendo o no transgénicos —pero si lo son, peor—, tienen graves efectos sobre el entorno natural y social donde sientan sus reales, además de profundizar el desigual modelo que tiene al mundo sumido en varias crisis simultáneas de las que tales empresas siguen lucrando.

Casi todos los siguientes fragmentos fueron proporcionados por el Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales (WRM), que cuenta con un boletín que difunde sus investigaciones de muchos años.

Los árboles de los bosques tienen una larga vida. Su sistema de raíces es extensivo e interactúa con numerosas especies en la biota del suelo, las cuales son cruciales para reciclar, almacenar y mantener los nutrientes en el ecosistema forestal. Por encima del suelo, los árboles proporcionan sombra, hogar y alimento a comunidades indígenas y a casi 2 millones de especies de insectos, aves, mamíferos, otras plantes, epífitas, hongos y bacterias.

Todos los seres humanos dependen de los bosques de una u otra manera ya sea con agua limpia, hábitat, alimentos, plantas medicinales y como santuarios recreacionales y espirituales.

La mayoría de ellos, especialmente los bosques tropicales, son esenciales para el ciclo del agua que lleva la lluvia hacia los cultivos. Regulan la temperatura de la Tierra, evitando que algunos lugares sean muy calientes o muy fríos. Los bosques absorben dióxido de carbono y producen oxígeno; en ese sentido son los “pulmones” del planeta.

El reemplazo de los bosques por plantaciones de árboles provocará un desastre ecológico para nuestro planeta, especialmente ahora que el calentamiento global se está acelerando dramáticamente.

Los monocultivosde árboles, constituyen una amenaza a los ecosistemas forestales naturales biodiversos. Las denominaciones que ponen las comunidades locales a las plantaciones industriales son reveladoras. El eucalipto es el “árbol egoísta” porque sus plantaciones remueven nutrientes del suelo y consumen tanta agua que los campesinos no pueden cultivar arroz en los campos adyacentes. Los mapuche de Chile se refieren a las plantaciones de pino como “soldados plantados” porque son verdes, están en fila y avanzan. En Brasil, las plantaciones de árboles son “desiertos verdes” y en Sudáfrica las llaman el “cáncer verde”. A lo largo y ancho del hemisferio sur las organizaciones y redes se están oponiendo activamente a las plantaciones industriales de árboles en sus tierras. A lo anterior se suma la amenaza de la utilización masiva de árboles transgénicos, que intensificarán los problemas de las plantaciones industriales y la oposición de las comunidades locales. Un reporte conjunto del Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales y Amigos de la Tierra Internacional señala que los científicos que dicen “mejorar” árboles mediante modificación genética están en realidad trabajando para “mejorar la rentabilidad de las empresas” que financian sus investigaciones. Y destaca: “Desde una perspectiva biológica no hay mejora alguna. ¿Es un árbol con menos lignina mejor o peor que uno normal? Es claramente peor, por la pérdida de fuerza estructural resultante, que lo hace susceptible de sufrir serios daños durante las tormentas de viento. ¿Es una ‘mejora’ un árbol resistente a herbicidas? No lo es, pues permite la fumigación extensiva con herbicidas, que afecta el suelo donde está el árbol, destruye la flora local y repercute sobre la vida silvestre. ¿Qué utilidad puede tener un árbol sin flores, sin frutos y sin semillas para los seres vivos? No proporcionará alimento a miriadas de especies de insectos, pájaros y otras especies que dependen de esto para alimentarse. ¿Es una mejora un árbol con propiedades insecticidas? Es un peligro para muchas especies de insectos que a su vez son parte de cadenas alimentarias mayores”.

Mae Wan Ho y Joe Cummings, “Árboles transgénicos, la última amenaza”, http://www.ecoportal.net

Grandes empresas deforestan la Amazonía legal para plantar eucalipto y transformarlo en carbón vegetal destinado a sus siderúrgicas en la región. Echan abajo la selva tropical más rica del mundo en biodiversidad e implantan el monocultivo de eucalipto, sin ninguna diversidad vegetal, y lo transforman en carbón, que aumenta el calentamiento global. En tanto las empresas se agigantan, la nación se queda con el peso de la degradación ambiental.

La Amazonía es víctima de un ecocidio en función de la ganancia del capital. Si la sociedad no presiona y el gobierno no actúa, en el futuro habrá allí un nuevo Sahara, con graves consecuencias para la sobrevivencia de la humanidad y de la Tierra.

Frei Betto, “Amazonía, ecocidio anunciado”, http://alainet.org

Los procesos de recuperación territorial mapuche en Neuquén se enfrentan al creciente embate del capital forestal y petrolero. También entran en contradicción las lógicas de relación con el territorio.

La comunidad mapuche Gelay Ko está cerca de la ciudad de Zapala, a escasos 30 kilómetros, en la zona central de la provincia de Neuquén. Se trata de un espacio geográfico para la vida durante los tiempos fríos, ya que las comunidades están con el ganado en las tierras altas de la montaña durante el verano. En ese ir y venir los mapuche se ven cruzados por la codicia del capital y el atropello estatal.

Silvia Claleo es werkén (vocera) de la comunidad mapuche Gelay Ko. Como werkén participa en la Confederación Mapuche Neuquina, una organización que nuclea alrededor de 62 comunidades en toda la provincia.

La práctica de pastoreo que tradicionalmente realiza el pueblo mapuche implica el traslado, algo que hoy se ve gravemente dificultado. “Culturalmente practicamos la trashumancia, que consiste en estar durante el invierno en lugares más cálidos (invernada) y en el verano trasladarnos a los lugares más altos, denominados espacios de veranada. Es una práctica ancestral que tiene el pueblo mapuche; es proteger el medio donde vivimos, el espacio territorial, porque consideramos que tenemos que dejar reposar el territorio”. Este traslado manifiesta un tipo de relación opuesto al que impone hoy el capitalismo, que se expresa mediante la extracción permanente y sin reposo. La comunidad Gelay Ko ahora está en la zona del río Litrán, un espacio en el que realizan la veranada más de siete comunidades de la zona central y donde vienen creciendo las situaciones de conflicto, “porque una de las políticas de arrinconamiento que ha impulsado el estado neuquino y el Estado nacional es la venta de todo lo que han considerado apto para el turismo o para la forestación”, explica Silvia Claleo, más de veintisiete parajes que hoy están en ardua disputa. “Nuestra comunidad viene desde siempre a veranar a estos territorios, que consideramos como propios, para el pastoreo de animales. Venimos, de hecho, de una historia de arrinconamiento y de avasallamiento importante que les tocó vivir a nuestros mayores. Diecinueve años atrás, se creó la Corporación Forestal Neuquina (CorFoNe), como parte de las políticas del estado provincial para la forestación de grandes espacios que antes eran utilizados para la veranada”. Este modelo forestal que implantó especies ajenas (sobre todo pinos foráneos “ponderosa y “oregón”) tendría severas consecuencias para la región.

Una parte de la producción de esas plantaciones es destinada a la industrialización de la madera. Sin embargo no sólo en Neuquén sino en toda la Patagonia hay ingentes cantidades de pino exótico esperando ser taladas. Investigadores ligados a las asambleas ambientales han denunciado la posibilidad de la instalación de papeleras en el sur argentino. “Argentina: Resistencia a forestales y petroleras en el Puelmapu”,

Agencia de Noticias Biodiversidadla, http://www.biodiversidadla.org

La Iniciativa Nacional por la Suspensión de la Forestación, se acordó el 14 y 15 de abril de 2007, en Paso Severino, departamento de Florida, donde delegados de organizaciones de pequeños productores agropecuarios y de otras organizaciones sociales provenientes de los cuatro puntos cardinales de Uruguay, concordaron en que la ausencia de estudios de impactos sociales y ambientales previos a la aplicación de la ley forestal y los impactos ya constatados de las plantaciones, significaban desalojo de población rural, escasas oportunidades de empleo, condiciones de trabajo inadecuadas, concentración de la tierra en manos de grandes empresas nacionales y extranjeras, transferencia de cuantiosos recursos económicos de toda la población hacia el sector forestal a través de subsidios directos e indirectos, agotamiento y contaminación de los recursos hídricos, degradación de suelos, contaminación de agua y suelos por el uso masivo de agrotóxicos, impactos graves en la flora, en particular sobre el ecosistema de praderas, impactos graves sobre la fauna y aparición de plagas que afectan a otras producciones agropecuarias, además de impactos sobre el paisaje típico uruguayo.

Por tanto decidieron constituir un movimiento nacional para exigir “la inmediata suspensión de todas las plantaciones forestales de pinos y eucaliptos, salvo aquellas de pequeña escala para abrigo, sombra, leña o insumos de autoabastecimiento del predio rural”.

También exigen una evaluación “seria y completa de los impactos sociales, económicos y ambientales de la forestación con la más amplia participación de sectores de la sociedad civil, especialmente los más perjudicados. Que en el plan de ordenamiento territorial del país no se incluyan los monocultivos forestales en función de la experiencia de sus impactos económicos, sociales y ambientales negativos para el país. Que se revea la actual legislación forestal con la más amplia participación de sectores de la sociedad civil, especialmente los más perjudicados. Que se aplique el artículo 47 de la Constitución —que restableció la soberanía del país sobre la gestión de los recursos hídricos— en particular al sector forestal. Que se adopte una legislación que impida la concentración de la tierra en manos de grandes empresas nacionales y extranjeras. Que se discutan las estrategias de desarrollo local con la más amplia participación de sectores de la sociedad civil especialmente los más marginados. Que se adopten instrumentos legales para garantizar la permanencia y mejora de calidad de vida de las familias del campo”. Esto significa que la iniciativa dice: Sí a la diversidad productiva y no a los monocultivos forestales. Sí a la distribución equitativa de la tierra —tierra para quien quiere trabajarla—y no a su concentración en manos de grandes empresas nacionales y extranjeras. Sí a la defensa y preservación de los recursos naturales y no a la explotación destructiva del rico patrimonio del país y su entrega a intereses empresariales. Sí al bienestar de todos los orientales en armonía con la naturaleza y con la preservación del planeta.” Con información del Boletín 118, WRM, mayo de 2007

“El pueblo se siente afectado… los ríos se están secando, los árboles, la naturaleza se acaba, los animales se ahuyentan, con eso que siembran derrumban todo, ya no hay las especies que había antes… La gente se iba a cazar la guanta, el conejo, todo eso, y ya no pueden ir porque ya no hay montaña donde se pueda ir para cazar. Todo lo que es naturaleza se está ahuyentando, ellos [los animales] por lo menos tenían árboles donde podían vivir y hacer sus casas, ahora ya no hay nada de eso porque cortaron. Eso está puro eucalipto”.

En el caso de Tortuga, el antiguo río que atraviesa el poblado es ahora apenas un hilo de agua estancada y la gente se ha visto obligada a hacer un pozo en el propio lecho del río para poder abastecerse de agua. Tal situación es consecuencia directa de la plantación de amplias áreas de eucaliptos en la zona. Al respecto, un poblador local dice: “Éste es el río Tortuga, y mírelo está seco. ¿Cuánto hace que terminó el invierno? Casi nada, y mírelo como está. Más adelante ya no habrá agua. Yo no sabía y nos han hecho conocer. Si desde un principio nosotros hubiéramos sabido que esto nos hacía daño no sembraban, se los impedíamos…”

La empresa ha sido acusada de infringir la ley al haber talado áreas de bosque tropical para sustituirlo por plantaciones de eucalipto. Un habitante de Tortuga cuenta que “botaron todo abajo y sólo plantaron esa planta [el eucalipto]. La empresa botó bosque primario, porque aquí adentro, donde mí [en mi predio] había un bosque que había preservado”.

Con estos y otros muchos antecedentes, más de 400 jóvenes de ambos sexos participaron el 13 de mayo de 2006 en una acción contra las plantaciones de la empresa japonesa Eucapacific en la localidad de Tortuga, en el cantón Muisne, provincia de Esmeraldas. Eucapacific también violó las normas legales al plantar a menos de 30 metros del río Tortuga. La acción llevada a cabo por los jóvenes consistió en talar —con machetes, hachas y motosierra— unos dos mil árboles de la franja plantada ilegalmente por la empresa cerca del curso de agua. Cada vez que un nuevo árbol caía, los aplausos y consignas de los jóvenes acompañaban la caída.

José Bautista, un habitante de la zona, dijo que la tala de los árboles fue la última opción que tuvieron para que la empresa maderera tome en serio el tema ambiental. Al respecto cuenta: “Hablamos con la ministra de Ambiente, ella vino acá y dijo que iba a suspender los permisos para la siembra de los árboles. Luego nos convocaron a una reunión con Eucapacific y ellos señalaron que no existen tales sembradíos y les creyeron”.

Es decir, que la acción no puede ser siquiera considerada ilegal, dado que —según la empresa— esos árboles “no existen”. A pesar de ello, los machetes y motosierras mostraban que efectivamente existían y que, si se aplicara la justicia, Eucapacific no sólo debería pagar las multas correspondientes, sino también los jornales de los jóvenes que eliminaron los árboles que la propia empresa debería haber cortado. Sin embargo, la empresa amenazó con iniciar acciones legales contra las personas y organizaciones involucradas. Patricia Granda, “Monocultivos de árboles en Ecuador”, Boletín número 106, WRM, mayo de 2006

La industria forestal es una de las actividades simbólicas del ultra-neoliberalismo del Estado chileno, aplicado y expandido desde la dictadura militar de Pinochet y asumida y sometida por los gobiernos de la concertación. Los dueños de las forestales son de los más ricos de Latinoamérica, enriquecidos a costa del saqueo de bienes públicos y colectivos. En el presente son más de 3 millones de hectáreas de plantaciones en monocultivo de especies exóticas como el pino y el eucalipto. El gobierno de la presidenta Bachelet dio luz verde para una radical expansión que lleva al abismo a las poblaciones y comunidades locales, con severos impactos sociales, culturales y económicos.

Dos grupos económicos, Matte (cmpc) y Angelini (Copec-Arauco-Celco), que entre ambas controlan en Chile un 70% del suelo utilizado para plantaciones y con expansión en Perú, Ecuador, Uruguay, Argentina y Brasil, obtuvieron su consolidación durante la dictadura militar. Recibieron tierras gratuitas, beneficios y hasta empresas estatales a bajo costo, como la compañía petrolífera de Chile (Copec) la que prácticamente venía de regalo con Forestal Arauco y celulosa Celco.

Estos grupos económicos siguen controlando el aparato público estatal para su haber. Muchas de sus imposiciones vienen acompañadas de políticas represivas, con criminalización de la protesta social, que incluso han arrojado hasta muertes, como el asesinato del joven mapuche Alex Lemún en noviembre del 2002 en medio de una reivindicación de tierras de un predio forestal de Mininco (CMPC).

Con el Decreto Ley 701, de la dictadura, las empresas se han beneficiado por décadas para cubrir los costos en los procesos de plantaciones y producción. En el presente, ante las dificultades de seguir obteniendo más tierras por los conflictos sociales, han impuesto la política de Estado de introducir especies exóticas entre los campesinos chilenos y las comunidades mapuches por sobre las economías locales, en tierras agrícolas o ganaderas e incluso bosques nativos, agudizando los conflictos y la pérdida de agua.

Alfredo Seguel, “Empresas forestales y su poder fáctico en el Estado chileno”, http://www.mapuexpress.net

Decir que “sufrieron un proceso violento de expulsión” no refleja todo el horror de las acciones llevadas a cabo por grupos de asesinos paramilitares con el apoyo de las Fuerzas Armadas colombianas. A través de bombardeos, destrucción y quema de viviendas, asesinatos, torturas y desapariciones, la represión logró su objetivo: la expulsión de todas las comunidades (en particular afrocolombianas y mestizas) de la región. Diez años después, en una demostración de valentía —en medio de amenazas permanentes— la gente comienza lentamente a retornar a sus hogares destruidos y se encuentra con que sus tierras y bosques en los que han habitado por más de 120 años, están ahora ocupados por miles de hectáreas de monocultivos de palma aceitera y que sus “propietarios” son los mismos paramilitares responsables de las masacres que les empujaron a la migración. “Cuando volvimos, estaba todo sembrado de palma”, comenta indignado un poblador.

La indignación logra superar el miedo y los legítimos propietarios se lanzan a recuperar su territorio ocupado por palmas haciendo lo único que se puede hacer: eliminarlas. “Hay que tumbar la palma, que es lo que nos está molestando”, dice un retornado. En algunos casos las cortan con motosierras, en otros las arrancan de raíz y a la mayoría les cortan todas las hojas y el brote terminal (las “desmochan”). El trabajo es agotador, dado que las palmas ya cuentan con troncos muy gruesos y sus hojas esconden peligrosas espinas que provocan hinchazones e infecciones. A eso se suma el peligro de las culebras ponzoñosas y las avispas que atacan al momento menos pensado. Unas veinte personas apenas logran eliminar dos hectáreas de palma por día. Al momento de la visita se calculaba que se llevaban unas 40 hectáreas recuperadas, que ya estaban comenzando a ser sembradas con cultivos alimenticios.

Es que en el Curvaradó no se interpreta la palma como vida o como posibilidad de vida. “De qué vida se habla, cuando se habla de biocombustibles derivados de la palma. Aquí la palma es desolación verde, es destrucción humana, es muerte de toda la vida”. En esta región, la mayoría de las 50 mil hectáreas del Territorio Colectivo eran selva virgen, con más de 25 ciénagas. Los pobladores dicen: “nos han explotado las maderas que teníamos, las ciénagas han sido canalizadas y secadas, los animales no tienen alimento, las aves se han ido por falta de fruta”. Ricardo Carrere, “Colombia: comunidades eliminan plantaciones de palma de aceite para recuperar su territorio”, Boletín número 121, WRM, agosto de 2007

Entre 1992 y 1994 la Asociación Ecologista Costarricense-Amigos de la Tierra Costa Rica (aeco), con organizaciones locales de la península de Osa en el Sur del país, desarrolló una fuerte campaña de denuncia y oposición al proyecto que la compañía transnacional Stone Container pretendía llevar a cabo en esta región. Dicha empresa proponía sembrar unas 20 mil hectáreas de monocultivo del árbol Gmelina arborea como materia prima que abastecería un complejo industrial de producción de astillas que a su vez sería exportado hacia Estados Unidos en buques de hasta 70 mil toneladas. Este complejo industrial y puerto se proponían ubicarlo en el corazón del Golfo Dulce, en una de las zonas costeras mejor conservadas y de mayor diversidad biológica del país.

La campaña tuvo dos grandes logros. Logró evitar que se estableciera este enclave, ya que se demostró que estaba escasamente planificado, era ajeno a la realidad y a las perspectivas sociales de la zona y sus impactos socioambientales eran enormes. No poseía ningún carácter de sustentabilidad. Un segundo logro es que la campaña llamó la atención de una diversidad de sectores sociales del país y facilitó que iniciaran una reflexión nacional sobre los modelos de desarrollo, la sustentabilidad y el derecho de la comunidades locales a planificar, controlar sus recursos y definir su futuro.

Antes de la campaña el sector ambientalista costarricense se limitaba a una serie de labores ligadas a la conservación de áreas protegidas y a la protección de la vida silvestre. En contadas ocasiones, llamaba la atención sobre la producción y el manejo de desechos sólidos. Era un sector pequeño, tímido y hasta cierto punto aislado ya que no estaba ligado a otros movimientos populares en forma permanente. En pocas ocasiones llevó a cabo luchas socioambientales. Con la campaña, el sector ambientalista se empezó a perfilar como movimiento popular y tomó un rumbo nuevo nutriéndose de los conceptos de la ecología social y de la economía ecológica al tiempo que construyó alianzas con otros sectores populares y emitió opiniones y propuestas sobre la realidad nacional consolidándose como un movimiento popular que empezó a denominarse ecologista. Este joven movimiento es ahora caracterizado como una fuerza social que atiende la crisis ambiental desde una perspectiva social, económica, cultural y política realizando propuestas sobre el modelo de desarrollo.

Desde su inicio, la campaña se dedicó a recoger el sentir de las comunidades frente al proyecto de desarrollo impuesto y a fortalecer la capacidad organizativa de las comunidades mediante tres acciones: facilitar espacios de discusión y reflexión sobre el uso de los recursos naturales ubicados en este territorio y las expectativas de desarrollo de las comunidades locales; facilitar la búsqueda e interpretación de la información disponible sobre los modelos de desarrollo en que se enmarcaba el proyecto Stone (y sobre el propio proyecto y sus alcances) y facilitar el análisis sobre posibles impactos y su relación con los modos de vida propuestos por las comunidades. Javier Baltodano e Isaac Rojas, “Soñando y empujando: diez años de luchas y propuestas en Costa Rica”, coecoceiba-Amigos de la Tierra Costa Rica.

A partir de 1967 se comenzaron a instalar monocultivos de eucaliptos en el norte del estado de Espírito Santo, en la región sudeste de Brasil, con la llegada de la empresa Aracruz Celulose sa, fundada por el empresario noruego Erlin Lorentzen. Él levantó la mayor empresa exportadora de celulosa de eucalipto del mundo, acaparando casi medio millón de hectáreas de tierras en Brasil, con plantaciones de eucaliptos en cinco estados brasileños.

Cuando la empresa llegó a Espírito Santo, invadió primero las tierras de los pueblos tupinikim y guaraníes y en los años setenta las tierras de las comunidades de quilombolas, descendientes de africanos que fueron traídos para realizar el trabajo esclavo en las plantaciones durante la época colonial. Después que destruyera la selva virgen y los ríos de esas comunidades y tras expulsar a los indígenas y a los quilombolas, Aracruz construyó sus tres fábricas de celulosa en el municipio de Aracruz en Macacos, uno de los más de treinta poblados indígenas extintos por los eucaliptos de Aracruz.

Pero tres poblados consiguieron resistir la invasión de Aracruz, y con eso los indígenas cobraron fuerza para emprender la lucha por la recuperación de sus tierras. Fue en 1981 que consiguieron una primera demarcación de 4492 hectáreas de sus tierras, área que aumentó en 2571 hectáreas en 1998. Por fin, en 2007, y después de una intensa lucha, los tupinikim y los guaraníes recuperaron una demarcación de 18070 hectáreas.

Desde 2003, cuando el gobierno federal reglamentó el artículo constitucional que garantiza a las comunidades quilombolas el reconocimiento y la demarcación de sus tierras, las 34 comunidades del norte de Espírito Santo iniciaron también una lucha para recuperar sus tierras. Desde 2007 se delimitó un área (Linharinho) con 9500 hectáreas, casi todas ocupadas por los eucaliptos de Aracruz. Entretanto, Aracruz consiguió suspender el proceso de demarcación y justicia. Otras cuatro áreas están bajo estudio y aguardan su delimitación oficial.

El mst realizó también varias ocupaciones de tierras en Aracruz, la última en 2005, en un área de 8500 hectáreas, de las cuales, conforme al movimiento, 3 mil hectáreas eran tierras públicas que deberían haberse destinado a la reforma agraria y a la producción de alimentos y no a una empresa privada que produce celulosa para exportación.

Toda esa lucha de resistencia tiene como clave importante la articulación y la solidaridad mutua entre las comunidades tradicionales, los movimientos sociales del campo —como el mst o el Movimento dos Pequenos Agricultores (mpa)—, y algunas entidades de apoyo, académicos, religiosos, estudiantes, etcétera. Todo esto creó, en 1999, una red de alerta contra los desiertos verdes: una red informal y horizontal, sin coordinadores ni presidentes, con el objetivo de enfrentar (con apoyo internacional) el poder de la empresa Aracruz y al mismo tiempo cuestionar el modelo de desarrollo que esta empresa, junto con los gobiernos federal, estatal y municipal ha estado imponiendo al pueblo de Espírito Santo. El monocultivo de eucalipto y la producción de celulosa es un ejemplo paradigmático de la violencia, la injusticia y la exclusión que provoca este modelo en términos sociales, ambientales, económicos y culturales. Al mismo tiempo, la red intenta construir otro tipo de desarrollo local, basado en la demarcación de las tierras de las comunidades tradicionales, en la reforma agraria, en la producción agroecológica de alimentos, y en la transformación del patrón de exorbitante consumo, inmoral e insustentable que se pone al servicio de las empresas del gran capital como es Aracruz. A resistência contra a monocultura de eucalipto no Espírito Santo, Brasil

En Espírito Santo, unas 1 300 mujeres de la Vía Campesina llegaron en 14 omnibuses al puerto de Portocel en Barra do Riacho, norte del Estado. El puerto es propiedad de Aracruz Celulose (junto con la empresa japonesa Cenibra, otra productora de celulosa) y es el único puerto de Brasil especializado en embarque de celulosa, con una capacidad de embarque anual de 7.5 millones de toneladas. La medida, que duró cerca de media hora, detuvo por casi cinco horas las actividades de unos 50 camiones preparados para embarcar celulosa. También arrojaron pintura sobre fardos de celulosa, estropeando aproximadamente dos toneladas.

La medida tuvo el objetivo de denunciar ante la sociedad la concentración de tierras de Aracruz Celulose. Cerca de 300 mil hectáreas de tierras están ocupadas por plantaciones de eucaliptos para producir celulosa de exportación, y parte de esas miles de hectáreas son tierras de comunidades indígenas, quilombolas, pescadoras y ribereñas. Aracruz Celulose también concentra el agua: consume diariamente 248 mil metros cúbicos de agua, lo que equivale al consumo de una ciudad de 2.5 millones de habitantes, para lo cual desvió parte del río Doce, perjudicando así a varias comunidades locales (ver Boletín número 72, WRM).

Otra de las medidas de lucha contra el avance de las plantaciones forestales se llevó a cabo en Marañón, donde hay más de diez municipios afectados por los monocultivos de eucaliptos. En la hacienda de Vale do Rio Doce, en Açailândia, mujeres de la Vía Campesina incendiaron varios atados de troncos de eucalipto. En esa zona el eucalipto plantado abastece una carbonería industrial que es responsable de una gran contaminación aérea que afecta las vidas de más de 1 800 habitantes del vecino Asentamiento California. La empresa tiene otras 200 mil hectáreas que se destinarán a la plantación de eucaliptos para abastecer a la celulósica Suzano Papel e Celulose, que se instalará en la región.

La acción se hizo en reclamo de políticas públicas que garanticen la soberanía alimentaria y energética de la población brasilera, en lugar del financiamiento de grandes proyectos del capital internacional que destruyen los recursos naturales y no generan empleos.

Por otro lado, en el Estado de Rio Grande do Sul, unas 700 campesinas ocuparon la estancia Ana Paula, perteneciente a la empresa Votorantim Celulose y Papel (vcp), en Candiota. La ocupación se inició con el corte de eucaliptos del establecimiento y formó parte de la Jornada Nacional de Lucha de las Mujeres de la Vía Campesina con la finalidad de denunciar las consecuencias del monocultivo de eucalipto en la región: falta de agua para consumo humano y producción, desertificación y acidez del suelo, pérdida de biodiversidad con graves consecuencias para el ecosistema de praderas. Muchos vecinos de vcp ya sienten los impactos de los monocultivos, que han secado sus pozos y han alterado la fauna, provocando invasiones de animales que afectan sus cultivos. Sin embargo, los dineros públicos, que salen de los bolsillos de la población en forma de impuestos, se siguen destinando a bancos y empresas del agronegocio que degradan el ambiente, expulsan a los campesinos del campo y no generan empleo. Brasil: en el Día de la Mujer, campesinas en lucha contra las plantaciones forestales, Boletín número 141 del WRM, abril de 2009

Acción Ecológica publicó los resultados de una investigación en la cual se documentan los graves impactos sociales y ambientales provocados por los monocultivos de pinos y eucaliptos, tanto en la zona andina como en Esmeraldas. Los hallazgos de esta investigación ponen de manifiesto la inconveniencia de promover pinos y eucaliptos, pues desplazan a poblaciones campesinas, quitan recursos vitales a las poblaciones locales, ocupan tierras productoras de alimentos, aumentan la pobreza en las zonas donde se instalan, generan menos ocupación que la que desplazan, destruyen las economías locales, agotan los recursos hídricos, afectan gravemente la biodiversidad de flora y fauna, degradan ecosistemas de bosques y páramos, contaminan las fuentes de agua con químicos y pesticidas.

Con base en dichas conclusiones Acción Ecológica hizo públicas las siguientes propuestas en relación a plantaciones forestales:
• Demandamos que el Estado tome todas las medidas para que se pare la expansión de los monocultivos forestales.
• El Estado no debe otorgar incentivos ni directos ni indirectos para el fomento de plantaciones, ni entregar en concesión tierras para este fin.
• Toda plantación futura deberá ser sometida a evaluación de impacto ambiental previo, a otros mecanismos de gestión ambiental (auditorías), y deberá cumplir con todas las normas ambientales vigentes, así como el respeto a la consulta previa informada a las comunidades, que incluya el derecho a decir “no”.
• El Estado debe obligar a las empresas forestales a retirar los árboles de todas aquellas áreas plantadas que están afectando los recursos naturales y las economías de las poblaciones locales, y a realizar una reparación ambiental y social a las poblaciones afectadas.
• El Estado debe obligar a las empresas a retirar todos los árboles plantados ilegalmente, como por ejemplo los plantados a menos de 30 metros de los cursos de agua.
En resumen, lo que Acción Ecológica pide es que se reconozca que estos monocultivos tienen graves impactos sobre la gente y el ambiente y que el Estado tiene por ende la obligación de controlar los existentes y de impedir que se sigan expandiendo. Acción Ecológica, Propuesta sobre Plantaciones Forestales, 17 de mayo, Boletín número 106 del WRM, mayo de 2006

Las comunidades que hemos vivido y convivido con los páramos por mucho tiempo, conocemos sus lagunas porque en ellas nos refrescamos; son ecosistemas de hábitat de muchos animales y plantas que nos ayudan a mantenernos en armonía con la naturaleza, con nosotros mismos y con los demás, por eso nos interesa su preservación por que igualmente pensamos en nuestros hijos y en su futuro.

La pervivencia de los páramos, es la permanencia de la naturaleza, ella nos puede continuar dando el alimento espiritual y material que necesitamos o no lo puede quitar todo y dejarnos morir de hambre y sed, si no la escuchamos y no la respetamos. La naturaleza no es una parte, es un todo y los páramos hacen parte de ese todo como el lugar más frágil, por eso son espacios de mucho respeto, de secretos invaluables, de agua; es allí donde conjugan toda una gama de elementos que por nada del mundo se pueden cambiar, pues son la vida.

Hemos cuidado y seguiremos cuidando los páramos, hemos vivido como parte de ellos, conocemos y reconocemos que para unos son ecosistemas y para otros son territorio, que aún se conservan en buen grado; que “su importancia radica en la gran biodiversidad, el intercambio de genes y ser refugio de especies emblemáticas como el cóndor, el puma, el oso y la danta” y aún más en su función hidrológica que presta como el mayor regulador de la alta montaña, y qué no decir de sus paisajes que expresan ese carácter solemne y sagrado que viene de nuestros antepasados
Nos oponemos a que declaren nuestros páramos como reservas en territorios ancestrales indígenas, a su militarización y al desalojo de las comunidades. Conocemos que el avance de la frontera agrícola es una realidad a la que debemos hacerle frente, sin embargo para esto es necesario y urgente que el Estado cumpla con los compromisos de la adquisición y entrega de las tierras necesarias para las comunidades, haciendo una verdadera reforma agraria; pues es la carencia de tierras productivas y la falta de políticas, que empujan el avance de la frontera agrícola. “Por la defensa y soberanía territorial y ambiental de los páramos de Colombia”, Red Nacional de Páramos, 29 de mayo de 2009

De repente la biomasa es la respuesta universal para nuestros problemas climáticos y de energía. Sus promotores alegan que será la fuente primordial del combustible para calefacciones, electricidad y transporte. Poco gente se detiene a preguntarse como va a hacerle el planeta para acomodar todas estas demandas y aún así producir comida y conservar espacios silvestres. Pero ahora hay un uso todavía más loco para las astillas de madera. El gran milagro verde funciona así: hay que convertir la superficie del planeta en carbón. Perdón, no es carbón. Ya no le decimos así. Ahora decimos biochar. La idea es que los desperdicios de los cultivos y la madera se cocinen para liberar los componentes volátiles (que pueden usarse como combustible) y luego que el residuo —el carbón— se entierre en el suelo. Según los magos que lo promueven, este nuevo milagrito frena el colapso climático, reemplaza el gas y el petróleo, mejora la fertilidad de los suelos, reduce la deforestación, ahorra mano de obra, crea empleos, evita enfermedades respiratorias.

Para empezar, Carbonscape, una compañía que confía en ser de las primeras en comercializar esta técnica, habla de plantar 930 millones de hectáreas. Peter Read propone nuevas plantaciones de árboles de biomasa y cultivos de azúcar que cubran 1 400 millones de hectáreas. Pero la superficie arable en el Reino Unido es de 5.7 millones de hectáreas, la 254ava parte de la cifra propuesta por Read. China cuenta con 104 millones de tierras de cultivo. Estados Unidos tiene 174 millones. La cifra global es de 1360 millones de hectáreas. Si siguiéramos el plan de Read tendríamos que reemplazar los cultivos del mundo con plantaciones de biomasa, lo que causaría una hambruna mundial instantánea, o tendríamos que duplicar el área cultivada del planeta, lo que echaría a perder los hábitats naturales que quedan. Read es uno de los promotores de la primera generación de biocombustibles líquidos, que jugaron un papel importante en el precio de los alimentos de hace un años, lo que lanzó a millones a al hambre. ¿Qué no han aprendido nada? George Monbiot “Woodchips with everything”, The Guardian, 24 de marzo de 2009

Fuente: Biodiversidad, sustento y culturas

sábado, 5 de septiembre de 2009

Argentina: la supuesta democratización de la soja

Autor | Jorge Eduardo Rulli | Idioma | Español | Pais | Argentina | Publicado | 27 agosto 2009 11:33

Digamos una vez más, porque es importante tomar plena conciencia, que las sojas rr, modificadas genéticamente, son parte de un paquete tecnológico compuesto por herbicidas y otros tóxicos, y ciertas tecnologías agrícolas como la siembra directa, tecnologías que a partir de los años noventa instalaron en la Argentina un modelo productivo de gran escala y enorme dependencia de insumos. Las consecuencias sociales y ambientales de esta agricultura industrial con transgénicos fueron realmente devastadoras para nuestro país.

Además de la desaparición de muchísimos miles de pequeños y medianos productores, millones de argentinos se vieron obligados a migrar del campo a la ciudad, expulsados de sus pueblos y arrancados de sus modos de vida tradicionales, para instalarse en periferias urbanas de pobreza extrema y pasaron a ser sostenidos con planes asistenciales que se pagaron con las retenciones a la soja y debieron alimentarse en los comedores para indigentes y en los comedores escolares, con la misma soja transgénica que la Argentina producía como forrajes para los cerdos y las gallinas de Europa y China.

Como cultivo para la exportación, la soja ayudó a una minoría de propietarios de campos a salir de las deudas que tenían y les permitió alcanzar niveles de vida jamás imaginados. El nuevo paisaje argentino pasó a ser el de los desiertos verdes de los monocultivos: los pequeños pueblos desaparecieron, y también innumerables oficios y prácticas culturales, como los alambradores, los puesteros y gran parte de los tamberos. Desapareció la familia rural, el arraigo, y languidece en las periferias urbanas la antigua cultura rural. La frontera agropecuaria se expandió, y barriendo el monte y la vida campesina llegó a las selvas de yungas, empujando la caña y los cultivares de limones hacia los piedemontes.

El precio de la tierra hizo impensable la ganadería, al menos tal como la conocíamos. Ahora, el ganado se amontonó en los feedlots o se marginó en las zonas de esteros, en islas o en lugares donde el proceso hegemónico de agricultura no podía imponerse por carecer de tierras aptas. La práctica de una agricultura sin rotaciones, sumado a intensas y reiteradas fumigaciones de tóxicos, liquidaron buena parte del fósforo, los nutrientes y la vida microbiana de los suelos argentinos. Algunos ecosistemas como el del Chaco o el norte santafecino colapsaron, el cáncer se convirtió en epidemia y la Argentina batió record de cosechas y de niños nacidos con malformaciones, debido a que sus madres estuvieron en contacto con los venenos o fueron fumigadas durante el embarazo. En los marcos de la llamada globalización, el caso argentino es emblemático de la nueva sumisión a las corporaciones, de la instalación de un modelo productivo que por sus extendidos daños colaterales perpetra un verdadero genocidio sobre la propia población.

Se favoreció el modelo de los agronegocios, que partía del concepto de hacer de la agricultura un negocio y no una forma de la existencia en el campo como lo fuera anteriormente con los chacareros.

Los espacios de producción de alimentos y los espacios de comercialización de alimentos frescos desaparecieron, en beneficio de las cadenas agroalimentarias y de la industrialización de todo aquello que constituye la comida de los argentinos. El trabajo precario sostiene actualmente, en gran medida, el reducido mercado de verduras y hortalizas, mientras el modelo agroexportador se reconfigura hacia nuevos parámetros de producción y dependencia global a las grandes corporaciones. Las actuales crisis del campo ocultan bajo el circo mediático de las políticas electorales, la profundización del actual modelo. Estamos a medio camino entre la republiqueta de la soja forrajera, y la republiqueta de los biocombustibles y de la biogenética, estadio en el que primarán definitivamente los grandes “pooles” [o fideicomisos agropecuarios], el complejo aceitero sojero, los grandes “feedloteros” [dedicados a la engorda intensiva de ganado], los frigoríficos, las refinerías de agrocombustibles y los exportadores […] De hecho, hace mucho que todo el país depende de una discusión sobre los derechos de exportación, y sin embargo, jamás se ha escuchado a un exportador hablar del tema y aparentemente están muy conformes con las políticas existentes, de tal manera dicen los expertos, que en la Argentina ganan hasta cincuenta veces lo que ganarían en otros mercados de exportación, sin contar con controles significativos sobre las actividades que realizan.

Por otra parte, la insistencia de la izquierda local sobre la propiedad de la tierra y el que se levante la consigna de la reforma agraria como solución al problema de la creciente sojización, confunde el pensamiento de la opinión pública y resulta absolutamente funcional al modelo impuesto por las corporaciones. A menos que nos refiramos a la propiedad del dominio de la tierra que ocupan desde antiguos pequeños campesinos de provincias interiores, estaremos sacando el foco de atención de la necesidad de desactivar el modelo para llevarlo, como en una operación distractiva, a los confines del modelo, donde se expande la frontera de agriculturización compulsiva y las situaciones pueden ser sumamente dramáticas, pero nunca decisivas. La insistencia en la consigna de reforma agraria por parte de una cierta izquierda, sin el acompañamiento explícito del concepto de soberanía alimentaria, encubre la aspiración inconfesable de ampliar el actual modelo de monocultivos transgénicos con nuevos contingentes de sectores rurales, en una operatoria que hemos denominado con sarcasmo: la “democratización del modelo sojero”.

Hoy la cuestión pasa clara y determinantemente, por el uso y no por la propiedad de la tierra, ya que ningún gran capitalista, al precio de la tierra en la actualidad, aceptaría mantener semejantes capitales inmóviles, cuando su dinero se le reproduce más fácilmente en los servicios, en la intermediación o en el uso de la tierra ajena a la que empobrece sin mayores consecuencia para el propio patrimonio. El problema surge de consolidar el modelo de la soja canalizando hacia luchas sociales a los desocupados de la agricultura. De esa manera, facilitó la instalación del modelo actual asistencial y clientelar, modelo social complementario e indispensable a los planes corporativos que requieren tan sólo del territorio y de los bienes naturales: biocombustibles, minería por cianurización, bosques implantados y pasta de papel. Las corporaciones no necesitan hoy de las derechas, sino que precisan gobernantes y líderes que se ocupen de lo social y que estén convencidos, tal como conviene a las empresas, que el hambre del mundo puede solucionarse con más y más biotecnología. Las corporaciones necesitan líderes con los que puedan negociar las nuevas reglas del dominio internacional, líderes que administren la fragmentación actual de la sociedad y que acentúen los crecientes astillamientos de las identidades y de los intereses, en las nuevas metrópolis de la pobreza, conglomerados urbanos en procesos de volverse tugurios, siempre al borde de los colapsos ambientales y sumidos en la inseguridad y particularmente en la inseguridad alimentaria.

En las nuevas sociedades globalizadas, la conciencia ciudadana languidece sumida en el consumo de imágenes, mientras la política pareciera haberse transformado en un modo de vida en que unos pocos hacen negocios y otros muchos se aseguran un salario magro de aquí a las elecciones. El resto, parece dispuesto a optar, una vez más entre la Coca y la Pepsi. El grueso de los intelectuales, permanecen agobiados por su propia historia, en un mecanismo de negación de los fracasos que sólo saben leer como derrotas, mecanismo que los conduce a persistir una y otra vez en el mismo o similar error.

Los costados progresistas de la izquierda latinoamericana, manifiestamente anacrónicos en épocas de cambios climáticos y de evidente agotamiento de los recursos de vida del planeta, su rechazo a comprender la importancia de la ecología en la lucha de los pueblos, y esa contumaz convicción en la neutralidad de las ciencias y de las tecnologías, heredada de los mitos de los siglos xviii y xix, los hace funcionales a los intereses de las corporaciones y al modelo de globalización y post globalización.

Mientras tanto, las nuevas plagas globales surgidas de esos siniestros estercoleros y pozos sépticos de la nueva y gigantesca industria de producción de carnes en encierro, siembran el terror en las poblaciones del planeta como si fuesen amenazas apocalípticas y posibilitan ingentes negocios de las corporaciones de los medicamentos. Gigantismo de las producciones, bioindustria, monocultivos con transgénicos, desaparición de la biodiversidad, ausencia del Estado, desprotección creciente de los pueblos, contaminación y descenso de los sistemas inmunológicos son los resultados inevitables de estos modelos que se impulsan tanto desde las derechas como desde las izquierdas. Necesitamos escapar de esas trampas y persistir en la búsqueda de nuevos caminos. Somos cada vez más los que participamos en la empresa de salvar el planeta y recuperar escalas y modos de vida que respeten nuestra propia humanidad. En esta batalla por la vida no existen tareas menores, y el sentido de la responsabilidad personal es uno de los instrumentos más formidables que podemos comprometer en la lucha. De allí la importancia de la concientización y de las prácticas ecológicas que millones de personas están incorporando: nuevos hábitos de reciclaje, rehuso y reutilización; reemplazar las bolsas de plástico, desmedicalizar la propia salud, producir los propios alimentos y reproducir árboles y difundirlo, comprar a pequeños productores en mercados locales y adecuar la alimentación a los frutos de estación, evitando todo lo posible los productos industrializados. Estamos en el buen camino y somos cada vez más numerosos, ni siquiera nos proponemos ganar, sino que hemos hecho del camino la batalla por la vida. No nos pueden vencer.


Fuente: Biodiversidad, sustento y culturas

viernes, 4 de septiembre de 2009

Con motivo del bicentenario de Charles Darwin. Entrevista a Máximo Sandín

Autor | Andrea Barreira | Idioma | Español | Pais | Internacional | Publicado | 31 agosto 2009 13:41

Compartimos con ustedes una entrevista al biólogo español Máximo Sandín, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, quien nos explica cómo las teorías sobre la evolución de Darwin han contribuido, entre otras cosas, al desarrollo de la ingeniería genética, pues esta teoría se inspiró en las teorías económicas dominantes en su época como es el libre mercado, la competencia y la sobrevivencia de los más aptos. Boletín 351 de la Red por una América Latina Libre de Transgénicos

Por Andrea Barreira

- Comenzando por el principio, ¿de dónde venimos y a dónde vamos?

Responder a esta típica pregunta con respuestas típicas es muy sencillo, pero el tema es muy complejo. Es una pregunta a la que sólo pueden responder con certeza los distintos tipos de predicadores que tanto proliferan últimamente en los medios de comunicación anunciando “la verdad revelada”. Los científicos no tenemos “la respuesta”. Sólo aproximaciones parciales basadas en datos empíricos, verificables. Y estos datos nos indican que las primeras manifestaciones de vida en la Tierra fueron en forma de bacterias, ya con sus virus (bacteriófagos o “fagos”, como se les denomina) asociados. Que, a partir de ahí, distintos procesos de fusión de genomas (en sentido amplio, es decir real, lo que incluye ADN, ARN y proteínas) de duplicaciones y remodelaciones genómicas han ido dando lugar a la una enorme diversidad de formas de vida, y que este proceso ha sido mediado por disturbios ambientales de diversa magnitud a los que los genomas, como se ha demostrado experimentalmente, son muy sensibles, porque tienen una gran capacidad de intercambio de información, de respuesta al ambiente.

Supongo (estoy convencido de) que esto sonará raro, y más si tenemos en cuenta que estamos envueltos en el aluvión de conmemoraciones del “año de Darwin”, pero aunque no ha llegado todavía a los libros de texto y, al parecer, a los científicos participantes en esta enorme celebración (yo diría que sospechosamente desproporcionada, en relación con otros grandes científicos y pensadores), se está gestando en distintos centros de investigación “básica” es decir, no comercial, una visión de la evolución y, por tanto, de la Naturaleza, radicalmente distinta de la que nos han inculcado en nuestros estudios y que refleja con mucha mayor fidelidad la enorme complejidad que muestran los últimos conocimientos biológicos. Se está comprobando que la evolución es un proceso de “multiniveles”, porque el mundo natural está estructurado en sistemas de creciente complejidad, en los que la simbiogénesis es un factor fundamental de innovación en la evolución. Estas características se engloban, se pueden reflejar mediante la “Teoría de sistemas” y requieren la generación de avanzadas técnicas de estudio y el uso de potentes algoritmos capaces de acercarse a la enorme complejidad de las interacciones moleculares que se producen en el más diminuto proceso biológico. Parece que en unos pocos años nos podremos situar a la altura de la Física, la Química y las Matemáticas, que nos habían dejado anclados en el Siglo XIX con “explicaciones” mágicas que valen para todo.

En cuanto “a donde vamos”, no se puede saber, pero las nuevas concepciones científicas nos pueden dar alguna pista (que es la labor de la Ciencia): la evolución de los sistemas complejos es un proceso global que implica transformaciones acumulativas que experimentan cambios irreversibles. Cualquier cambio en una parte del sistema provoca ineludiblemente cambios correlativos en otras partes hasta lograr un nuevo tipo de estabilidad dinámica. Pero si la alteración (la desestabilización) es demasiado severa, los sistemas complejos tienen una reacción binaria: un “salto” en el nivel de complejidad o un derrumbe catastrófico. A vista de la situación del “ecosistema global” se supone que uno de los dos caminos es el que nos espera.

- Este año es el 200 cumpleaños de Darwin, ¿qué significó este personaje para comprender a los seres vivos?

Ante la avalancha de mitificaciones, medias verdades y mentiras completas que se pueden leer en las exaltaciones de la figura de Darwin en todo tipo de medios de comunicación, sería necesario un tratado de historia o de sociología o de filosofía para valorarlo. Pero hay otro medio más sencillo pero que, al parecer no se les ha ocurrido a muchos de sus veneradores: leer los textos de Darwin. Tanto “Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural o el mantenimiento de las razas favorecidas en la lucha por la supervivencia”, resumido “oficialmente” con el título “El origen de las especies”, como muy especialmente “La ascendencia del hombre y la selección en relación al sexo” transformado en “El origen del hombre”, resultan muy explícitos sobre las verdaderas ideas y el verdadero nivel científico de Darwin. Con esto sería suficiente. Pero como, por algún motivo que habría que explicar, sus apologistas no parecen mostrar mucho interés en que se le lea intentaré, brevemente, situar a Darwin en su contexto real: era un victoriano acomodado en el sentido más típico (es decir en cuanto a la concepción de la sociedad, ideología y visión del Mundo) aficionado a la Naturaleza., cuya única titulación era la de “subgraduado” en Teología. Su aportación a “la comprensión de la Naturaleza”, la selección natural, se basó en la observación de la selección de animales domésticos “peculiares”, según nos cuenta en su libro, en el que dice que este aspecto había sido “descuidado por los naturalistas”, lo cual es fácil de explicar, porque los naturalistas, que equivalían a los actuales biólogos, sabían que la selección artificial de los ganaderos es exactamente lo opuesto a lo que sucede en la Naturaleza, en la que los individuos que habitualmente se reproducen son los normales, no los “extraños”.

Cuando publicó su famoso libro “Sobre el origen de las especies, etc.”, la evolución llevaba siendo estudiada científicamente en Europa (sobre todo en Francia y Alemania) más de 100 años, y había estudios sólidos y muy bien encaminados, pero estos conocimientos estaban circunscritos al ambiente académico. La gran celebridad del libro de Darwin pudo tener relación con sus dos conceptos básicos para su explicación de la Naturaleza: “la lucha por la vida” de Thomas Malthus y “la supervivencia del más adecuado” de Herbert Spencer, cuyas visiones de la sociedad eran cualquier cosa menos filantrópicas. Los científicos de la época conocedores de la evolución no aceptaron, en su gran mayoría, estos planteamientos como explicación de la Naturaleza.

Pero en una época de máximo esplendor de la revolución industrial y de la expansión colonial británica, tuvieron una magnífica acogida social como explicación “científica” de la situación. La consecuencia de esto es que, durante 150 años, envuelta en la hegemonía científica y cultural anglosajona, ha arraigado en el ámbito científico y social una concepción distorsionada de la Naturaleza (y de la sociedad) en las que reinan “el azar” y la competencia como motor de cambio (o “progreso”) dirigidas por algo tan misterioso y omnipotente como la selección natural (y “la mano invisible del mercado”, respectivamente) y en las que el premio es para “los más aptos”. Y el recurso al poder omnímodo de la selección natural para dar por explicados fenómenos complejos ha sido un obstáculo científico, un retraso para comprender lo que realmente hay en el fondo de esos fenómenos. Un obstáculo que se acentuó en los años 30 del siglo pasado con la invención de la llamada Síntesis “moderna”, una simplificación matemática basada en una idea simplista y errónea de la transmisión de la información genética y totalmente alejada de los fenómenos biológicos, con el único fin de mantener la idea de la selección natural, que era muy cuestionada por los evolucionistas.
Ahora, dejo que sea el lector el que responda a la pregunta.

- Decía Theodosius Dobzhansky que: “Nada tiene sentido en Biología si no es a la luz de la Evolución”. ¿Hasta qué punto influye la evolución en la vida diaria?

Hasta un extremo que, probablemente, Dobzhansky no podría imaginar. Por lo que he podido observar, para la mayoría de las personas interesadas en la evolución (y para muchos biólogos) es estudio de la evolución es algo “muy interesante”. Algo que intenta responder a nuestra curiosidad por conocer “cual es nuestro lugar en la Naturaleza”. Y, efectivamente, desde el punto de vista darwinista, desde el punto de vista de la evolución concebida como una serie de sucesos “al azar” se queda en eso, una “narración” contingente no susceptible de estudio científico, porque son sucesos no reproducibles ni falsables. Pero el estudio científico de la evolución no está encaminado sólo a saber “cómo ha sido”, sino que la comprensión de los procesos que han intervenido en ella nos debe llevar a comprender la Naturaleza en la actualidad. En el aspecto más general nos muestra que la idea del “azar”, que es en realidad desconocimiento, y la competencia como impulsora de la evolución son una caricatura de las ideas rectoras del “libre mercado”. Un científico debe elevarse sobre observaciones tan simples como que los ciervos “compiten por las hembras” o que los guepardos matan gacelas. Eso no tiene la menor relación con los cambios genéticos, embriológicos, morfológicos en suma, relacionados con la evolución. Los estudios sobre el resultado de estas interacciones entre los seres vivos de un ecosistema mediante modelos matemáticos nos indican que existen interdependencias de distintos niveles entre todos ellos, y que todos son imprescindibles, desde los números astronómicos de bacterias y virus del suelo y el mar hasta el último carroñero, para mantener el equilibrio. Que es el orden y no la competencia lo que rige los sistemas biológicos.

Desde el punto de vista práctico las implicaciones de los nuevos datos son enormes. Por ejemplo, las bacterias y los virus son considerados, en la visión convencional, patógenos, “competidores” que hay que eliminar. Esta visión proviene de que se descubrieron por el hecho de que provocaban enfermedades. Pero ahora se sabe que su condición de patógenos es extraordinariamente minoritaria y que se produce cuando alguna “agresión” ambiental altera sus actividades normales o naturales. Que han sido fundamentales en la evolución de la vida y que vivimos inmersos (en nuestro interior y en nuestro exterior) en un mar de bacterias y virus que cumplen (entre otras cosas) una labor fundamental en los ecosistemas y que son esenciales para el mantenimiento de la vida. Me temo que este no es lugar ni el momento adecuado para hablar de la implicación de los nuevos conocimientos en muchos problemas no resueltos (incluso creados) por la visión convencional. Sería demasiado largo y me temo que me estoy alargando excesivamente en las respuestas, pero tiene implicaciones en problemas como el peligroso aumento de la resistencia bacteriana a los antibióticos, el origen y la verdadera condición del SIDA, de la relación de los virus con el cáncer y el cáncer en general, de los problemas planteados por las vacunas, de la medicina convencional en general… Ya lo he argumentado con más extensión en otros sitios.

- Si se reconoce la evolución del ser humano, con toda la información que se posee cada vez más gracias al descubrimiento del genoma humano, ¿cómo pueden convivir el evolucionismo y el diseño inteligente?

El evolucionismo, es decir, el estudio científico de la evolución no tiene nada de qué debatir con la supuesta “teoría” del diseño inteligente. La actividad científica consiste en buscar explicaciones de los fenómenos naturales basadas en datos empíricos, verificables. Y normalmente, cuando se profundiza en los conocimientos se observa que los fenómenos naturales se muestran cada vez más complejos, más difíciles de explicar de una manera simple. No hay más que ver los fenómenos que explican la mecánica cuántica y la relatividad. Pues los fenómenos biológicos son más complejos que los puramente físicos, porque incluyen autoorganización, comunicación con el ambiente y reproducción. Lo que es absurdo desde el punto de vista científico es atribuir lo que no podemos explicar (por el momento) a un “diseñador”. La tarea de la Ciencia es llegar hasta donde nos lleven los datos y las técnicas disponibles y esperar que nuevos datos o métodos nos permitan seguir avanzando, como ha pasado siempre. Los últimos conocimientos y métodos eran impensables hace unos pocos años, y hay mucho que trabajar sobre ellos.

Otra cuestión, que parece que es por la que pregunta, es el debate que se ha importado desde Estados Unidos entre el movimiento creacionista de raíz conservadora y basada en la interpretación literal de la Biblia y los darwinistas. Es un debate más lógico, porque enfrenta dos poderes “sobrenaturales”. Se podría comparar con un debate entre dos sectas de una misma religión. Enfrenta dos ideas que, en el fondo, tienen la misma esencia y el mismo poder, el de explicar lo inexplicable, desde la existencia de los genes homeóticos que controlan el desarrollo embrionario, hasta la regulación génica o los fenómenos epigenéticos… todo existe porque “ha sido seleccionado”. Si uno se cree realmente lo que ha llegado a ser (en lo que han convertido a) la selección “como la de los ganaderos” acaba por construirle un templo. Es capaz de crear la vida, destruirla, dirigir el rumbo de la Naturaleza (Hombre incluido) elaborar los más recónditos y complejos fenómenos moleculares y procesos bioquímicos… Todo lo que no se puede conocer en profundidad, ha sido “creado” por la selección natural. Lo que resulta divertido visto desde fuera es que, en el fondo, los conservadores creacionistas y los darwinistas no sólo comparten la idea de un poder superior como explicación de la naturaleza, sino todo un conjunto de principios y valores culturales e ideológicos que podríamos enumerar con toda nitidez. Pero este es un tema de estudio para historiadores, sociólogos o filósofos. No afecta en absoluto a la práctica científica, que sigue su camino.

La única relación que puede tener este debate con la Ciencia es que los darwinistas, que se han lanzado a él con auténtico entusiasmo, lo utilizan para sembrar dudas sobre el carácter de “creacionista encubierto” de cualquier biólogo que intente rebatir científicamente el darwinismo y han trasladado a los medios de comunicación (por cierto, con mucho éxito) la falacia de que el que no es darwinista es creacionista, porque las críticas al darwinismo son “un ataque a la evolución”. Busquen en Internet el caso de Richard Dawkins y Richard Milton. Es muy significativo. Pero tengo la impresión de que esta es “la última pataleta” de los darwinistas para mantener su concepción que es más bien una creencia y que puede entorpecer algo el avance de los nuevos conocimientos, pero es ineludible un cambio en la concepción de los fenómenos de la vida (y muy necesario, dada la situación por la que atraviesa nuestro planeta).

-¿En qué punto se ve dónde acaba una especie y empieza otra? Es decir, ¿cómo un biólogo percibe cómo una especie procede de otra? ¿Cómo sabe quién precede a quién?

Antes de contestar a esta pregunta creo conveniente aclarar una confusión que deriva del título de la obra de Darwin “Sobre el origen de las especies….”. El origen de las especies es la especiación, una pérdida de interfecundidad sin cambios morfológicos sustanciales, es decir un aumento de variabilidad dentro del mismo patrón morfológico básico, pero esto no es evolución. Claro que Darwin no tenía muy claro que estaba hablando de evolución. Esta palabra no aparece hasta la sexta edición de su libro, a sugerencia de Huxley que era bastante más brillante que él (como él mismo reconoce en su autobiografía). La especiación no es “el primer paso para la evolución”, porque en el registro fósil hay miles de especiaciones observadas sin ningún otro cambio sustancial y cuando desaparecen lo hacen con una forma muy semejante a cuando aparecieron. La evolución implica cambios de organización corporal, y esto se produce mediante cambios en los programas de desarrollo embrionario. No puede producirse por acumulación de “pequeñas variaciones imperceptibles”. Hay una disciplina relativamente nueva, la Evo-Devo (evolución y desarrollo) que está obteniendo conclusiones muy interesantes al respecto.
Como esto me parece la parte fundamental de la respuesta, resumiré el problema que me plantea. Los métodos para conocer la relación entre distintas especies son, fundamentalmente, el registro fósil, que muestra dónde acaba una y comienza su (o sus) descendiente, la sistemática cladística, que estudia semejanzas y diferencias morfológicas mediante análisis matemáticos multifactoriales y los datos procedentes de los genomas secuenciados, pero estos dos últimos nos informan sobre un mayor o menor proximidad, no sobre descendencia.

-¿Qué es lo que impulsa el proceso evolutivo?

Según las últimas aproximaciones (ya mencionadas) al estudio científico de la evolución, los fenómenos que componen la vida, desde las células, los órganos y tejidos, los organismos, las especies y los ecosistemas, hasta la totalidad del ecosistema global que constituye la Tierra, están organizados en sistemas jerárquicos e interconectados cuyas propiedades y, por tanto su evolución responden a los conceptos de la Teoría General de Sistemas de von Bertalanffy: Según ésta, un sistema se define como un conjunto organizado de partes interactuantes e interdependientes que se relacionan formando un todo unitario y complejo. Entre los distintos tipos de sistemas, los seres vivos se ajustan a las características de los llamados "sistemas organísmicos u homeostáticos" (capaces de ajustarse a los cambios externos e internos) y están organizados en subsistemas que conforman un sistema de rango mayor (macrosistema). Los sistemas complejos adaptativos son muy estables y no son susceptibles a cambios en su organización, pero como mencioné anteriormente, ante un desequilibrio suficientemente grave, su respuesta es binaria: un colapso (derrumbe) catastrófico o un salto en el nivel de complejidad (debido a su tendencia a generar patrones de comportamiento global). Es decir: adaptación (ajuste al entorno) y evolución (cambio de organización) constituyen procesos diferentes.

La evolución parece corresponder a una tendencia muy general en la Naturaleza, apta para configurar sistemas abiertos, es decir, sistemas que tienen el potencial de intercambio de información con el exterior y de producir niveles emergentes y extensivos de organización, pero necesariamente basados en los establecidos con anterioridad. Se podría decir que la evolución es una propiedad intrínseca a la vida, como algo inevitable, consecuencia de sus características.

- ¿Es realmente la evolución egoísta como afirmaba Richard Dawkins?

Hay un libro muy interesante, “Las manchas del leopardo” de Brian Goodwin en el que éste, desde la perspectiva de un anglosajón (es decir, conocedor de qué habla) nos disecciona meticulosamente el componente cultural, concretamente calvinista, de concepciones como que “el egoísmo individual lleva al bien general”. La “ocurrencia” de Dawkins sobre que es el egoísmo del “gen” lo que hace funcionar a la naturaleza es una transcripción literal de la de Adam Smith, creador de la encantadora y filantrópica teoría del “libre mercado”. Según ésta, es el egoísmo del panadero o del cervecero el que hace funcionar a la sociedad. Pero si leemos el famoso libro de Dawkins “El gen egoísta”, podremos comprobar cómo lleva estas concepciones al límite de lo paranoico. Unas “explicaciones” de las relaciones entre los seres vivos, especialmente los humanos, entre padres e hijos, que parecen revivir las de un director loco de un hospicio de las novelas de la época victoriana.

Lo que resulta incomprensible (aunque en la cultura anglosajona quizás no lo sea tanto) es la aceptación que tuvo la idea, que algunos siguen manteniendo, de que el ADN es “egoísta”. El ADN no es competitivo, ni triunfador, es una molécula que por sí sola es inerte (actualmente se puede comprar y es una especie de masa viscosa) y su actividad depende de complejas interacciones con otras moléculas, fundamentalmente, ARN y proteínas, y en un medio convenientemente delimitado (aunque no aislado) del exterior. Con los conocimientos actuales sobre la funcionalidad del genoma no creo que merezca la pena perder un segundo más hablando de esta “teoría”. Lo que sí quisiera mencionar es que ha sido un lastre más en el estudio de la genética en particular y de la evolución en general. La idea de que el ADN dirigido por su egoísmo y por la competencia con “otros genes” tendía a “expandirse por el genoma” llevó a la concepción de que los elementos repetidos y otros componentes que constituyen el 98,5% de la totalidad del genoma y en los que están las verdaderas claves para explicar las diferencias entre los organismos, era ADN “basura” o “chatarra”, y, por tanto quedó durante muchos años fuera del foco de estudio. En algún sitio he escrito que la “teoría” del gen egoísta ha sido la segunda gran catástrofe de la historia de la Biología. También he leído en revistas científicas anglosajonas ácidas críticas a esta “narración neodarwinista” como responsable de esta obstrucción al progreso de los conocimientos.

Lo que sí es significativo es que la actividad de Dawkins se ha centrado últimamente de un modo exclusivo en el debate creacionismo-darwinismo (evolución en su astuta denominación), y a “demostrar científicamente” la inexistencia de Dios, lo que no tiene el menor sentido. Incluso al patrocinio autobuses con simpáticos lemas de su propio bolsillo. Es posible que se dedique a esto para no tener que discutir con científicos sobre su teoría…

- ¿Crees que los avances en la investigación del ADN permitirán dar un paso en la evolución de las especies?

Intuyo que esta pregunta se refiere a que si los avances en el conocimiento de los genomas nos permitirán “controlar” o “dirigir” la evolución, porque he leído afirmaciones de este tipo emitidas por algunos científicos en los medios de comunicación (he leído cosas tan absurdas como que “cambiando los genes” se podrá alargar la vida, crear gente más inteligente y productiva, incluso insertar los genes con los que las lagartijas regeneran la cola para regenerar miembros amputados). Mi respuesta es NO. Para abreviar mis largas y probablemente aburridas respuestas voy a limitarme a transcribir literalmente la explicación de los expertos que han realizado el análisis de la máxima resolución alcanzada hasta ahora sobre los mecanismos de regulación y control de los genomas, el proyecto ENCODE: “los genes tienen muchas formas alternativas y un mismo gen puede dar lugar a proteínas distintas dependiendo de cómo se combinen las distintas regiones. Estas regiones del genoma analizadas están muy interconectadas unas con otras, mientras que la idea que tenían hasta el momento los científicos era que los genes estaban claramente delimitados. En el genoma, todo un conjunto de instrucciones dictan cómo son las características de los seres vivos. Los científicos no sabemos muy bien cómo leer esas instrucciones y qué regiones del genoma son las que realmente codifican esas instrucciones. La mayor parte del genoma tiene actividad es decir, no está “silencioso”, lo que echa por tierra la idea de que una gran parte del ADN sería algo así como “basura”, sin función alguna”. No parece necesario argumentar que lo razonable sería esperar a conocer cómo se controla realmente la información genética antes de manipular y alterar procesos que no podemos controlar (como se ha comprobado repetidamente). Eso, en el caso de que realmente el camino sea intentar cambiar supuestos “genes” defectuosos y no sea más razonable investigar por qué se han producido esas alteraciones para evitarlas. Creo que el problema de fondo es que se han invertido enormes sumas desde grandes empresas privadas en investigaciones enfocadas con fines comerciales, cuyos planteamientos estaban basados en la antigua concepción del “gen” como una entidad independiente (y quizás esto esté detrás del gran apoyo mediático a la concepción darwinista de la Naturaleza). He leído a un prestigioso experto en este campo la afirmación de que las manipulaciones genéticas “al azar” no son más que la aceleración de los procesos que se producen en la Naturaleza.

También a otro prestigioso y premiado experto afirmar que cambiar genes es algo “trivial”. El problema es que se refería a cambiarlos en una mosca del vinagre, cuyos problemas provocados por este cambio no importan demasiado y que normalmente muere enseguida. Pero ya hemos tenido suficientes ejemplos de muertes de pacientes (en algún caso muy jóvenes) en experimentos de “terapia génica”, de supuestos contagios de SIDA a pacientes sometidos a estos, también supuestos, cambios de “genes” e incluso a la petición, por parte de los “especialistas” en este campo, de que no se informara de las muertes de pacientes sometidos a “terapia génica”.

Me temo que a los biólogos que estamos en contra de estas manipulaciones no nos queda otra alternativa (dada la inferioridad de condiciones con respecto a las grandes empresas, y los que trabajan para ellas, para hacer llegar a la población estos problemas) que esperar a que se derrumben sus acciones en la Bolsa por falta de resultados. El problema es que cabe la posibilidad de que alguna de estas manipulaciones sin control produzca algún desastre.

Boletín de la Red por una América Latina Libre de Transgénicos