domingo, 28 de diciembre de 2008

Argentina, Chaco: lluvias tóxicas y contaminación

Autor | “Nelson Mandela DD.HH.” | Idioma | Español | Pais | Argentina | Publicado | 9 diciembre 2008 23:19

Mientras los dueños de las arroceras y de las restantes chacras transgénicas se nutren y benefician de las fumigaciones aéreas que se llevan adelante sin ningún tipo de control por parte del Estado, ahora se auspicia ampliar la cuenca arrocera a 15 mil hectáreas, sin reglas mínimas en materia de promoción y preservación del medio ambiente, sin controles, de manera que los productivistas hacen y harán lo que quieren, frente a un Estado absolutamente permisivo.

LAS ARROCERAS DEL DEPARTAMENTO BERMEJO

Lluvias tóxicas y contaminación

La arrocera más importante que existe en proximidades de las localidades de La Leonesa y Las Palmas es propiedad de Eduardo José Meichtry; por lo menos, es la persona que visiblemente manda en el establecimiento. Actualmente, el emprendimiento tiene una extensión aproximada de 3.000 hectáreas. Para la explotación utiliza la tecnología más moderna. Cuenta con tractores de última generación, maquinarias e implementos agrícolas de avanzada, avionetas, hangares y talleres muy bien equipados, y un número muy reducido de empleados en relación de dependencia porque ha diseñado una explotación en base a inversión y tecnología, de modo que tiene una baja demanda de mano de obra.

Acopia grandes cantidades de semillas y agrotóxicos. Se ha volcado, por razones de costo y mayor beneficio, a la fumigación aérea. Esto ha favorecido notablemente la creciente expansión de esta arrocera, hasta que terminó por consolidarse como una mega explotación, con extraordinario crecimiento a escala.

Las Palmas y La Leonesa

Estas dos localidades se encuentran ubicadas a poco más de sesenta kilómetros de Resistencia, en el Departamento Bermejo, uno de los más olvidados y atrasados de nuestra provincia. Estos dos pueblos son la derivación urbana del antiguo complejo agroindustrial azucarero Las Palmas, del cual quedan muchas historias y añoranzas, algunos retazos, un sinnúmero de escombros y lamentaciones.

La arrocera de Meichtry bordea Las Palmas y La Leonesa. Abraza por el sur a los dos pueblos y se ubica en el corazón del Paraje Cancha Larga, cuya colonia cuenta con un moderado y más que valioso desarrollo local producto de las actividades primarias que llevan adelante pequeños agricultores y minifundistas, dedicados al cultivo de pastura, cementera baja y a la cría de ganado vacuno y de animales menores. Lo más destacable de este desarrollo rural espontáneo, es que la actual población de la colonia está constituida por antiguos tenederos o propietarios del lugar, por hijos o nietos de los que originariamente se radicaron en la zona, casi todos de la mano del cultivo de la caña de azúcar destinada el complejo industrial azucarero, que fue el gran polo de desarrollo del norte argentino. Este desarrollo local está en vía de extinción como consecuencia de la agresividad de la arrocera, fundamentalmente a partir del uso de los agrotóxicos.

Las comunidades indígenas toba de la región conviven en buena relación con los pequeños productores y minifundistas criollos de la zona y sus organizaciones. Mantienen uno de los mejores tratos que se ha construido espontáneamente en nuestra provincia. Si bien estos pueblos originarios viven en la pobreza, muchas veces olvidados por las políticas públicas, por lo menos no sufren tanta discriminación local como ocurre en otras regiones del Chaco. Este es un dato importante, que como fenómeno colectivo debe ser protegido por los poderes públicos y por la comunidad en general, de manera que los gobernantes y los grandes productores no deben desplegar acciones que puedan estropear la aceptable convivencia entre las comunidades indígenas y criollas del lugar, que están en riesgo como consecuencia del funcionamiento de la arrocera.

“La Ralera”

El barrio La Ralera se ubica en la zona sur de La Leonesa, a la vera de la vieja Ruta 1. El esquinero noroeste de la arrocera de Meichtry se encuentra ubicado aproximadamente a 400 metros, de manera que cuando se fumiga con la avioneta la deriva inevitablemente traslada los agrotóxicos, que terminan por depositarse en las viviendas de esta barriada, fundamentalmente cuando predomina el viento sur, que es frecuente en la zona. Allí no crecen frutas, verduras y hortalizas, con desarrollos aceptables; se secan los naranjos y limoneros, como también los paraísos y otros arbustos. Pero lo más importante, los vecinos se enferman frecuentemente de patologías recurrentes y repetidas que ha despertado la atención y la preocupación de algunos sectores sociales.

La Ralera es un barrio de viviendas populares, construidas con fondos nacionales con destino específicos. Los vecinos cuentan que allí viven 800 familias, muchas de las cuales carecen de ingresos regulares porque son desocupados o subdesocupados, sea que viven de changas, de los programas nacionales sustitutivos de empleos y, en menor medida, de los programas de ayudas del municipio de la localidad, sobre cuyo intendente escuchamos una variada y preocupante gama de opiniones por los manejos de los fondos públicos, por el riguroso clientelismo político que lleva adelante, más las vinculaciones que habría tenido con el destino de las tierras fiscales nacionales que anteriormente formaban parte del patrimonio del ex Ingeniero Azucareros Las Palmas, administrado por la ONABE, del cual fue delegado.

Además, la región es muy compleja en virtud de que se transformó en un intenso corredor del contrabando de cigarrillo y del narcotráfico, ante la impotencia, desinterés o complicidad de las autoridades públicas. El fenómeno es tan creciente que generó una verdadera actividad, informal y no tan subterránea, de la que se nutren familias enteras producto de la marcada desocupación existente y la baja tasa de actividad productiva, con mano de obra, que caracteriza a la zona. Como confirmación de este grave e inusual fenómeno, están los nuevos personajes que se han enriquecido durante los últimos años, ostentando patrimonios que no pueden justificar; por cierto que no son muchos los que ocupan este privilegiado lugar de impunidad.

Cancha Larga

Este paraje es riquísimo. Esta intensamente habitado por familias campesinas. Cuenta con una rica biodiversidad, todavía recuperable aunque no se encuentra intacto. Recorriendo la zona nos imaginamos la preexistencia de un pequeño paraíso, en riesgo de desaparición como consecuencia de los efectos devastadores de la gran arrocera de la zona, que aplica un modelo productivista contaminante, tal cual se ha instalado en otras provincias. De la mano del glifosato, hacen estragos cuando fumigan con avionetas, causando profundos desastres sociales y ambientales.

En Cancha Larga funciona el matadero de los Foschatti, a pocas distancias de la arrocera. Sobre la antigua Ruta 11 está la E.G.B. 17 José B. Zubiaur, que es un establecimiento escolar tradicional de la zona, donde se educaron y se formaron los lugareños. También está la U.E.P. 68 E.F.A de Cancha Larga, que es una escuela de formación agrícola, en donde se capacitan a los jóvenes para que participen del desarrollo productivo local. Toda una contradicción con la cercanía de la arrocera, que afecta a las familias rurales y a las actividades que sus miembros desarrollan en la región, de modo que es probable que presenciemos mayor expulsión campesina en los próximos tiempos, que es lo mismo que decir más despoblación rural y más hacinamiento en los asentamientos urbanos.

Los miembros de la familia Gutiérrez fueron los primeros panaderos de la zona. Don José Luis, de 63 años, es un hombre muy hospitalario y conversador; cuenta con una gran memoria. Continúa viviendo en la casa paterna, ubicada en la vera de la Ruta1, a2,5 kilómetros del casco urbano de La Leonesa. El establecimiento donde funcionaba la histórica panadería fue transformado en un depósito de implementos agrícolas y de otros enseres que ya no utiliza. Vive con su esposa, una hija y su nieto de 4 años. Conserva toda su fisonomía de casa de campo; cuenta con un terreno es de casi 3 hectáreas. Tuvo que dejar de cultivar su propia quinta; se le secaban las lechugas y las restantes verduras y hortalizas. También se secan los paraísos y los limoneros. Es que cruzando la Ruta 1 comienza la arrocera, de manera que cuando fumigan el glifosato y los restante agrotóxicos que utilizan “llueven” sobre su casa; no pueden salir al patio por el feo olor que impregna el ambiente y la picazón en piel y vía respiratoria que les provoca. Tienen que cerrar todas las puertas y ventanas de la vivienda. Don José Luis nos mostró envases de agrotóxicos que utilizan en la arrocera; usan herbicidas Roundup Full II, Naturl Oleo y Ferrero Metsulfurol en polvo soluble, de la familia del endulsolfán, que tiene una alta dosis de fosforados, que son directamente cancerigenos.

Hugo Segatta es miembro de una tradicional familia de la zona, que se dedicaba a la agricultura y a la ganadería. Su padre es el tornero de la región. Llegaron y se instalaron hace varios años. La casa se ubica a 500 metros de uno de los linderos de la arrocera. Hugo pretendió dedicarse a la apicultura; sin embargo, debió archivar los “cajones” porque los agrotóxicos que utilizan en la arrocera han terminado por devastar la flora, de modo que las abejas no cuentan con el alimento necesario para permanecer en la zona. Hugo ya había advertido que la producción era muy baja; menos de 30 kilos por cajón, lo cual hacía prácticamente inviable el emprendimiento ante de que resolviera dejar la actividad por la contaminación ambiental.

Arroyo El Caracol

Este arroyo cruza el paraje Cancha Larga, de oeste a este. Tiene un largo recorrido. Esta corriente de agua es muy apreciada, no solamente por los pequeños productores minifundistas, sino por las familias, especialmente por los niños, quiénes históricamente han gozado de las aguas de este arroyo.

Pudimos apreciar como los niños y adolescentes disfrutaban del arroyo. Nadaban felices en un día caluroso, quizás ignorando los riesgos de la posible contaminación del arroyo por la utilización de agrotóxicos en la arrocera. Es que El Caracol integra la cuenca hídrica de la región. Cuando la arrocera carga agua, al inicio de la campaña, se abren las compuertas de ingreso y se cierran las de descarga. De esta manera se modifica la dirección de la corriente de agua, invirtiéndose el recorrido, de modo que el nivel sube de este a oeste. Por lo tanto, las personas que consumen agua o se bañan en este riacho, también ingieren o absorben los agrotóxicos de la arrocera porque seguramente toda la cuenca hídrica está contaminada.

Se apaga todo

Teófilo Sánchez tiene 48 años. Vive en el paraje desde que tenía 17. Su mujer acarrea una grabe enfermedad. Tiene 5 hijos y nietos. Vive rodeado de muchas limitaciones económicas. Su casa no cuenta con energía eléctrica. Con sus hermanos se dedica a fabricar ladrillos, además de hacer changa en las chacras de la zona. Su casa está ubicada aproximadamente a 1.100 metros de uno de los linderos de la arrocera. Cuando fumigan, refiere que es absolutamente imposible respirar. Cuenta que sus vecinos siempre cultivaron poroto, zapallo, maíz, batata y otros productos. Pero que ahora “se apaga todo”, que es su manera de comentar los posibles efectos destructivos de los agrotóxicos utilizados en la arrocera.

Riacho Tatané y La Laguna El Palmar

Este valioso riacho forma parte de una cuenca de agua que fue muy rica en biodiversidad, naturalmente muy bien organizada, que desde General San Martín decanta agua hasta el enorme espejo que es la laguna El Palmar, que forma parte de un área protegida por ser sitio Ramsar, que es un acuerdo internacional que tiene como finalidad la protección de los humedales, que son ecosistemas vitales en los procesos hidrológicos y ecológicos, indispensable para el mantenimiento y conservación de la biodiversidad, vigente en nuestro país a través de la sanción de la Ley 23.919/92, que lamentablemente ha sido violado de manera sistemática.
A simple vista, este riacho está contaminado; evidencia síntomas y signos muy claros de contaminación. Es que cruza la arrocera, de punta a punta, y es una de las vías de descarga del agua con agroquímicos que se utiliza en el proceso de cultivo del arroz, que termina por ser depositada en la laguna El Palmar. Este curso está absolutamente invalidado como consecuencia de la utilización de la arrocera. Los valetones están organizados de manera tal que orientan las descargas hacia el Tatané, que –en la práctica- terminó por ser un curso de descarga de agua industrial.

Parajes Yataí, Pindó, El 35 y San Fernando

En Yataí viven 300 familias. Todo los emprendimientos son familiares y de autosustento. Con un poco de asistencia de políticas públicas, estas pequeñas unidades productivas alcanzarían su punto de equilibrio para generar rentabilidad; sin embargo, es muy poca o casi nula la asistencia estatal.

En el Paraje Pindó viven y trabajan 50 familias, también dedicadas a la cementera baja y a la cría, en pequeño número, de vacunos y animales menores. Combinan actividades como la fabricación de ladrillos y el cultivo compartido (partistas) con medianos productores agropecuarios.

En los Parajes El 35 y San Fernando los pequeños productores, además de dedicarse a la cementera baja y a la cría de animales, fabricaban dulce de maní con caña, lo que actualmente resulta imposible producto de la fumigación aérea en la arrocera.

En muchos casos las avionetas directamente pasan a baja altura sobre las propias casas donde viven estas familias rurales; suponen que el piloto cierra los grifos, pero no están seguros. Lo más probable es que estos campesinos y minifundistas estén enfermando, imperceptible y silenciosamente.

Las lluvias tóxicas y las enfermedades

Así las cosas en este Chaco, tal cual lo venimos relatando durante los últimos años. Mientras los dueños de las arroceras y de las restantes chacras transgénicas se nutren y benefician de las fumigaciones aéreas que se llevan adelante sin ningún tipo de control por parte del Estado, ahora se auspicia ampliar la cuenca arrocera a 15 mil hectáreas, sin reglas mínimas en materia de promoción y preservación del medio ambiente, sin controles, de manera que los productivistas hacen y harán lo que quieren, frente a un Estado absolutamente permisivo. Es más que seguro que continúen las lluvias de agrotóxicos y comiencen a manifestarse definidamente las enfermedades asociadas a la actividad, al igual que los restantes daños sociales y ambientales. A pesar de la importancia y de la transcendencia del tema, no merece la atención de los sectores políticos, económicos y sociales de nuestra provincia, que se inclinan –casi planificadamente- por debatir lo intranscendente y coyuntural. Ni hablar de la dirigencia, que se mira al ombligo que no tiene.

RESISTENCIA, Viernes 28 de noviembre de 2008

“Nelson Mandela DD. HH.”
Centro de Estudios e Investigación Social
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sábado, 27 de diciembre de 2008

Naufraga el ALCA, emergen los bilaterales - Parte I y II

Autor | Claudio Katz | Idioma | Español | Pais | América Latina | Publicado | 31 marzo 2006 11:06

La versión original del ALCA ha fracasado por conflictos entre empresarios, divergencias entre gobiernos y resistencias populares. Este proyecto intentaba reforzar la dominación integral de Estados Unidos sobre Latinoamérica mediante privilegios a los exportadores y corporaciones del norte. La iniciativa fue apoyada dentro y fuera de Estados Unidos por las firmas más internacionalizadas y objetada por los sectores más dependientes de cada mercado interno. Estados Unidos ya ha lanzado una contraofensiva para suscribir tratados bilaterales que radicalizan la agenda neoliberal y aumentan la indefensión de las economías latinoamericanas

Por Claudio Katz, especial para ARGENPRESS.info

Parte I

El antecedente de México ha sido nefasto en materia agrícola, laboral y ambiental. El convenio con Chile acentuó la primarización exportadora y las asimetrías con el gigante norteamericano son monumentales en los TLCs negociados con Centroamérica y los países andinos.

La primera potencia busca bloquear la concurrencia europea que se canaliza a través de España. Pero este rival no desafía la hegemonía norteamericana, ni ofrece condiciones de libre comercio más benévolas para América Latina. A diferencia de Europa, Estados Unidos no necesita conformar una estructura estatal asociada para reforzar su hegemonía. Por eso impulsa tratados que desnivelan los mercados de trabajo, impiden monedas comunes y desconocen la existencia de fondos de compensación regional.

En las negociaciones multilaterales de la OMC se verifican las mismas tensiones que han estancado al ALCA. Pero también allí las grandes potencias recurren a alianzas bilaterales para replantear sus exigencias. América Latina no ha perdido relevancia para Estados Unidos, especialmente en el contexto actual de cuestionamiento al neoliberalismo y renacimiento del antiimperialismo.

El proyecto norteamericano de constituir una Area de Libre Comercio para las Américas (ALCA) atraviesa una severa crisis. Una negociación que debía concluir el año pasado está paralizada desde el 2003 por el efecto combinado de conflictos entre grupos capitalistas, divergencias entre gobiernos y resistencias populares.

Las tratativas quedaron definitivamente bloqueadas cuando las disidencias alcanzaron una dimensión inmanejable en torno a 5.300 puntos de conflicto (corchetes en los documentos discutidos). Estas discrepancias obligaron a suspender las conversaciones.

A fines del 2005 Bush intentó relanzar la negociación en la cumbre de Mar del Plata. Lanzó un repentino ultimátum, exigió reiniciar de inmediato las tratativas y logró el apoyo de un significativo bloque de mandatarios. Pero su demanda generó también fuertes críticas y condujo al naufragio del encuentro. Todos los comentaristas resaltaron este fracaso y algunos evaluaron que constituyó un desastre político mayúsculo para el presidente norteamericano (1). Este resultado confirmó que -al menos en su versión original- el ALCA agoniza. ¿Pero cuál es la envergadura de este fracaso? La respuesta depende de la caracterización del tratado.

Significado y funciones

El ALCA es un proyecto de dominación norteamericana de la región. Retoma una meta estratégica de Estados Unidos que asumió distintas formas en los siglos XIX y XX. A diferencia de varios ensayos precedentes el ALCA enfatiza la dimensión económica de esta sujeción. Por eso la iniciativa no es impulsada con los argumentos militares de la guerra fría (“un bloque contra el comunismo”), ni con sus equivalentes actuales (“la batalla contra el terrorismo”). Se resalta, en cambio, la conveniencia del libre comercio con el espejismo de un proyecto optativo. Sus promotores incluso sugieren que una exigencia del imperialismo está sujeta a la decisión soberana de los países latinoamericanos. Pero basta comparar el PBI estadounidense con el vigente en cualquier economía de la región, para notar cuán ridícula es la creencia de una negociación entre pares.

La difusión del ALCA como un proyecto económico oculta que su corolario sería un proceso de recolonización política norteamericana, sostenido en un mayor despliegue del Pentágono. La creciente apertura comercial y las privatizaciones al servicio de las corporaciones estadounidenses requerirían esta cobertura político-militar.
Todos los gobiernos norteamericanos han buscado el control absoluto de la región. Esta tendencia se ha verificado desde los Congresos Panamericanos hasta la formación de la OEA y el “Consenso de Washington”. El impulso hacia esta sujeción deriva de la dinámica expansiva del capital metropolitano sobre sus vecinos más cercanos. Estos territorios forman parte de un área que Estados Unidos siempre incluyó entre sus pertenencias. (2)

El ALCA es la etiqueta contemporánea de esta ambición imperialista, que se expresó en el reiterado intento de constituir la Unión Panamericana (1899, 1902, 1906, 1923, 1933, 1936). Por esa vía se buscó erigir una zona de convenios arancelarios y financieros que garantizaran la primacía de las corporaciones norteamericanas. Este objetivo ha sido explícitamente reconocido en la actualidad por las principales figuras de la Casa Blanca. (3)

El ALCA pretende brindar a esas empresas amplias seguridades de ganancias por sus inversiones. Por eso el convenio incluye controvertidos pagos de patentes, nuevas retribuciones por servicios y ciertos privilegios en futuras privatizaciones. El tratado le otorga status constitucional a estos beneficios y asegura su cumplimiento a través de pactos, obligaciones y verificaciones supranacionales.

El ALCA abre los mercados a los exportadores estadounidenses y establece cambios impositivos y laborales que reducen los costos de las corporaciones radicadas en la zona. Induce, además, el abaratamiento de los salarios que se pagan en Estados Unidos, ya que potencia el chantaje que practican los patrones en las negociaciones con sus trabajadores (amenazas de trasladar plantas a Latinoamérica si no se aceptan menores retribuciones).

El tratado facilita la circulación irrestricta de los productos entre las filiales de las grandes firmas y estimula la re-localización de los procesos de fabricación en las áreas que toleran formas de explotación extrema de los trabajadores. Para eso garantiza la plena movilidad del capital y la creciente inmovilidad de la fuerza de trabajo. El ALCA favorece a los grupos capitalistas más internacionalizados en su competencia con rivales menos globalizados.

Al cabo de varios años de crítica y denuncia, estas finalidades regresivas del ALCA ya no constituyen ningún secreto (4). Lo novedoso ha sido la imposibilidad de implementar el proyecto. ¿Por qué naufragó una iniciativa tan vital para el imperialismo norteamericano?

Las causas de un fracaso

En las negociaciones del ALCA Estados Unidos planteó fuertes demandas, rechazó cualquier concesión y buscó ajustar todos los ítems del convenio a las conveniencias de sus compañías. Esta inflexibilidad condujo al estancamiento de las tratativas. Los negociadores latinoamericanos intentaron mantener las negociaciones, pero a partir del año 2002 objetaron su continuidad.

En términos generales, las discrepancias en torno al ALCA oponen a los grupos exportadores y las firmas internacionalizadas con los sectores menos globalizados y más dependientes de cada mercado interno. Esa división rige dentro y fuera de Estados Unidos y se expresa en un complejo enjambre de intereses.

Los promotores del convenio son las compañías que actúan en la órbita del comercio exterior, las empresas con inversiones regionales y las firmas con mayor competitividad internacional. El grueso de las corporaciones norteamericanas se ubica en alguno de estos segmentos, pero no todas ganarían con la reducción de aranceles.

En el bando latinoamericano promueven el ALCA las empresas que lograrían un mayor acceso al mercado estadounidense. Rechazan el convenio las compañías que perderían posiciones frente a sus competidores foráneos. Pero esta pulseada entre grupos internacionalizados y no globalizados presenta características muy específica en cada bloque.

Dentro de Estados Unidos, el ALCA ofrece grandes ventajas para los grupos exportadores y las compañías ya instaladas en Latinoamérica. Promete importantes lucros para las firmas que operan en los servicios (especialmente financieros) y en actividades muy dependientes de los contratos de propiedad intelectual (informática, farmacéuticos). El convenio en cambio desfavorecería a los sectores protegidos de la industria (acero) y el agro (azúcar), que deberían afrontar la concurrencia de los exportadores latinoamericanos.

Aunque el sacrificio de apertura que debe ofrendar Estados Unidos es muy pequeño en comparación a lo que obtiene, los negociadores de Bush no tuvieron contemplaciones. Colocaron sobre la mesa el poderío imperialista para imponer sus demandas sin ninguna contrapartida, porque necesitaban utilizar las concesiones de Latinoamérica para compensar a los perdedores norteamericanos del acuerdo. Por esa vía esperaban asegurar la aprobación legislativa del ALCA. Pero esta política de tensar al máximo las tratativas desembocó en un gran fracaso.

El ALCA conduciría a ampliar los convenios de libre comercio que ya tienen varios países con Estados Unidos. En México promueven esta extensión los sectores locales asociados con la fabricación en las maquiladoras y en Chile alientan la misma ampliación, los exportadores de productos agrícolas (minería, fruticultura, madera, energía o insumos industriales básicos). En cambio, resisten el ALCA en ambos países, los grupos empresarios locales que ya sufrieron los demoledores efectos de la apertura arancelaria.

Los países del Cono Sur están menos integrados a la esfera comercial norteamericana y frente al ALCA las clases dominantes oscilan entre la tentación y el terror. Observan el ingreso al mercado estadounidense como una gran oportunidad de negocios, pero temen las consecuencias de la liberalización importadora.

En Brasil y Argentina los sectores exportadores más favorables al tratado (acero, jugo de naranja, soja, carne) chocan con la oposición de muchos grupos industriales y financieros locales. Estas fracciones mantienen ventajosas relaciones con el sector público y perderían influencia con la ampliación de las normas de competencia que contempla el ALCA. La concurrencia con los grupos foráneos afectaría su dominio de los mercados nacionales y también la preponderancia lograda en los países vecinos.

En este intrincado contexto el gobierno norteamericano no pudo encarrilar la negociación. Las alianzas que intentó forjar Bush con presidentes latinoamericanos fracasaron, porque la capacidad de Estados Unidos para garantizar obediencia en su patio trasero ha decrecido significativamente en los últimos años.

La resistencia popular que suscitó el ALCA transformó las discrepancias de los negociadores en un conflicto irresoluble, especialmente cuándo las tratativas perdieron carácter secreto. Sin este rechazo de los movimientos sociales las negociaciones habrían continuado y quizás prosperado.

La crisis actual del ALCA obedece a este empalme de divergencias por arriba y cuestionamientos por abajo. Es importante registrar ambos procesos para no sobrevalorar uno u otro condicionante. Los funcionarios rechazaron el convenio bajo la presión conjunta de ambas situaciones. No podían firmar el tratado con el aval exclusivo de los grupos empresarios, ni actuaron tomando únicamente en cuenta la opinión de la población. Bajo el efecto conjunto de las tensiones entre capitalistas y las objeciones populares, el ALCA no se aprobó. ¿Pero ha sido definitivamente derrotado?

Convenios bilaterales

El imperialismo ya lanzó un programa sustituto. Esta contraofensiva promueve el reforzamiento de los tratados de librecomercio ya existentes (México y Chile), la ratificación de nuevos convenios (Centroamérica y Republica Dominicana) y la negociación de otros acuerdos (Panamá, Perú, Colombia y Ecuador). Esas iniciativas indican que solo la versión inicial del tratado o su parche posterior (un “ALCA Light”) quedaron fuera de la escena. Estados Unidos ya ha lanzado el mismo producto con un nuevo envase. Es cierto que el “ALCA ha sido derrotado”, pero únicamente en la desmesurada modalidad original que contemplaba “un solo tratado desde Alaska hasta Tierra del Fuego”. El gran número de acuerdos bilaterales que está suscribiendo Estados Unidos con países latinoamericanos ilustra como se recrea esta iniciativa. (5)

En la cumbre de Mar del Plata Bush comprometió a número importante de gobiernos con la defensa de esos tratados (TLCs). Incluso logró sustituir las conversaciones en bloque por tratativas bilaterales que favorecen las exigencias de un gigante frente a interlocutores débiles y dispersos. Estos acuerdos radicalizan la agenda neoliberal e incorporan reclamos que los norteamericanos mantuvieron en reserva durante las conversaciones del ALCA.

Los nuevos TLCs introducen inéditas obligaciones (privatizaciones de la salud), extienden los derechos de propiedad intelectual a sectores impensados (plantas, animales) e incluyen temas soslayados en convenios anteriores (servicios financieros y telecomunicaciones).(6)

Estados Unidos obtiene con más facilidad sus objetivos en los convenios con pequeños socios que en las negociaciones con todo un bloque. Además puede impedir por este camino la eventual renegociación de lo ya suscripto. Un conjunto de cláusulas garantizan la continuidad de los tratados, aunque sus efectos sean catastróficos para los países latinoamericanos.

Los acuerdos bilaterales apuntan hacia dos situaciones diferentes. Por un lado jerarquizan la instalación de plantas de ensamblaje industrial (electrónica, indumentaria, automotores) en los países de Centroamérica próximos al mercado estadounidense. En otros casos (Sudamérica) se promueve la exportación de los recursos naturales más requeridos por la economía metropolitana. Ambos cursos acentúan la dependencia de la estructura productiva latinoamericana del ciclo de negocios estadounidense. (7)

Las clases dominantes latinoamericanas que firman convenios bilaterales no desconocen estos nocivos efectos, pero aspiran a compensarlos mediante un significativo aumento de exportaciones hacia Estados Unidos. Los ganadores y perdedores de esta ecuación son grupos económicos muy distintos, pero el balance es invariablemente adverso para las mayorías populares. Cada nuevo TLC aumenta la pobreza, la desocupación, la degradación de los salarios y la polarización del ingreso en la región. Cuánto más pequeños son los países suscriptores, mayor es la desprotección frente al coloso norteamericano. Esta indefensión se traduce en la destrucción de la pequeña agricultura y la pulverización de las viejas (e integradas) industrias locales.

El nuevo empleo que generan las maquiladoras no compensa la destrucción de puestos de trabajo que provoca la masiva importación de productos foráneos. Por eso la emigración se multiplica y se generaliza una relación de dependencia entre los convenios y las remesas que envían los trabajadores expatriados. Los negociadores estadounidenses han convertido el otorgamiento de visas de trabajo en un gran instrumento de presión en cualquier tratativa.

Las remesas de los emigrantes latinoamericanos involucran sumas que ya superan la inversión extranjera directa (45.800 millones de dólares frente a 44.000 millones en el 2004) (8). Estas divisas son principalmente giradas hacia México, Brasil y Colombia, pero representan una porción más significativa de los recursos que arriban a los pequeños países de Centroamérica o del Area Andina. En estos casos los ingresos superan ampliamente a cualquier rubro de exportación. Los bancos norteamericanos están actualmente interesados en formalizar la circulación internacional subterránea de estos fondos. Buscan controlar el tránsito de estos flujos para apropiarse -a través del cobro de comisiones- de una porción significativa de estos ahorros.

Con la firma de cada TLC se agrava el problema de los emigrantes porque estos convenios aumentan el empobrecimiento, que obliga a los desamparados a escapar hacia el Norte. Estados Unidos pretende lograr tres objetivos contradictorios: controlar la afluencia de trabajadores, manejar las remesas y regular la explotación laboral de los indocumentados. Por eso ajusta permanentemente las cláusulas de las negociaciones bilaterales y enfrenta creciente dilemas en cada tratativa.

Balance de los antecedentes

Una forma de evaluar los tratados bilaterales es observar que sucedió con el convenio que mantiene México con Estados Unidos (NAFTA). Este tratado rige desde hace más de una década y sus defensores resaltan que ha facilitado la modernización del país. Afirman que permitió duplicar las exportaciones y triplicar la inversión extranjera, sin aclarar como se alcanzaron esas metas. (9)

Desde la vigencia del convenio la tasa de crecimiento ha sido inferior al promedio de las décadas precedentes y la creación de empleo fue muy baja en comparación con el incremento de 45% que registró la productividad. Más de un tercio de la población trabaja en el sector informal y el aumento de la pobreza acompañó a la contracción de los salarios. La crisis rural se multiplicó bajo el impacto de importaciones masivas de alimentos y el desastre provocado por el descontrol de las inversiones ya alcanza proporciones alarmantes. Entre 1985 y 1999, la erosión del suelo aumentó 89% y la polución del aire se incrementó en un 97%. Ningún beneficio del NAFTA compensa este desastre ambiental. (10)

El convenio afianzó el modelo de especialización exportadora. Este esquema se basa en el intercambio intrafirma y la adquisición de insumos extranjeros. Sustituyó formas embrionarias de articulación industrial interna por un modelo de ensamblaje fabril, controlado por las corporaciones norteamericanas que operan a ambos lados de la frontera. Las maquilas obstruyen el desarrollo del mercado interno y desarticulan las cadenas productivas preexistentes.

Este esquema se nutre de la explotación de una fuerza de trabajo joven, mal remunerada, poco calificada y sometida a exigencias laborales infrahumanas (11). El avasallamiento de los derechos laborales es cotidiano y se sostiene en la ausencia (o mal funcionamiento) de los organismos que debían controlar los atropellos patronales.

El convenio con Chile jerarquiza otro aspecto de las tratativas bilaterales: la exportación de recursos naturales. A cambio de ciertos beneficios para vender fruta, pescado, maderas y minerales, el país mantiene un nivel de protección arancelaria inferior al promedio de cualquier país sudamericano. Por eso los pequeños comerciantes e industriales soportan una competencia externa devastadora. Este esquema acentúa la primarización y potencia la desigualdad social. La quinta parte más rica de la población chilena se apropia actualmente del 56% del ingreso nacional, mientras que el quinto más pobre solo obtiene el 4% de ese total. (12)

Los tratados que vertiginosamente se han firmado con Centroamérica (CAFTA) combinan el modelo de la maquila con la exportación primarizada. Bush logró a mitad del 2005 la aprobación legislativa de estos convenios. Sancionan una asimetría escandalosa con seis economías que no equivalen siquiera al 1% del PBI norteamericano. Los acuerdos incluyen todas las exigencias estadounidenses en materia de propiedad intelectual, compras gubernamentales, aperturas de servicios y facultades de tribunales extranjeros, que no prosperaron con el ALCA. Además, implican la erección de una infraestructura de puertos, canales y carreteras (Plan Puebla Panamá), rodeadas de bases militares estadounidenses y adaptada a las necesidades de las corporaciones norteamericanas. (13)

Finalmente se encuentran muy avanzadas las negociaciones de los TLCs Andinos. Estados Unidos suscribió un convenio con Colombia que incorpora cláusulas muy adversas para la agricultura de ese país. La expectativa de un tratamiento más benévolo hacia el gobierno sudamericano predilecto de Bush ha quedado completamente defraudada. (14)

Es probable también que las tratativas progresen con Ecuador si se concluye el acuerdo con Perú. La letra chica de estos compromisos es más draconiana de lo suscripto en el CAFTA. A cambio de concesiones muy puntuales para exportaciones de baja relevancia (espárragos, flores), Estados Unidos impone el ingreso masivo de sus productos y capitales en los dos países. (15)

Notas:

1) No se logró consensuar una declaración conjunta y la cumbre concluyó sin una nueva agenda a la vista. Oppenheimer Andrés. “En camino hacia la división del hemisferio”. La Nación, 6-11-05.

2) Morgenfeld describe este expansionismo. Morgenfeld Leandro. “ALCA: ¿a quién le interesa?”. Ediciones Cooperativas, Buenos Aires, 2006.

3) El propósito del ALCA es “garantizar a las empresas estadounidenses el control de un territorio que se extiende desde el Artico hasta la Antártida y el libre acceso sin ninguna clase de obstáculos para nuestros productos, servicios, tecnologías y capitales por todo el hemisferio”. Colin Powell, citado por Boron Atilio. “La mentira como principio de política exterior de Estados Unidos hacia América Latina”. Foreign Affaire (en español) enero-marzo 2006.

4) Hemos expuesto nuestra visión en: Katz Claudio-“El abismo entre las ilusiones y los efectos del ALCA”. Revista Nueva Sociedad, n 174, julio-agosto 2001, Editorial: Nueva Sociedad, Caracas

5) Algunos analistas resaltan solo la derrota de Bush y otros la combinación de fracaso y contraofensiva. Benedetti Jorge. “2005: el año que derrotamos el ALCA”. El Economista de Cuba, enero 2006. La Habana.

6) Gudynas Eduardo. “Regresa la sombra del ALCA” Correspondencia de prensa n 9039, 10-11-05

7) Un análisis de estas negociaciones ofrecen: Lander Edgardo. “¿Modelos alternativos de integración? Proyectos neoliberales y resistencia populares. Revista OSAL, n 15, enero 2005, Buenos Aires. Estay Reyno Jaime. “América Latina en las negociaciones comerciales multilaterales y hemisféricas”. La economía mundial y América Latina, Clacso libros, Buenos Aires, 2005.

8) Puyana Alicia. “Introducción”. La integración económica y la globalización. Nuevas propuestas para el proyecto latinoamericano. Plaza y Janés, México, 2003.

9) Jubileo. Auditoria de la deuda-América Latina y el Caribe. Folleto al FSM-Caracas enero 2006.

10) Esta defensa plantea: Delvin Robert. “El área de libre comercio de las Américas. Expectativas de largo plazo”. La integración económica y la globalización. Nuevas propuestas para el proyecto latinoamericano. Plaza y Janes, México, 2003.

11) Wise Timothy. “NAFTA Untold Stories”, IRC, June 2003

12) Garza Toledo Enrique. “NAFTA, manufactura y trabajo”. NAFTA y MERCOSUR. Procesos de apertura económica y trabajo, FLACSO, 2003.

13) Restivo Néstor. “Estampa de una economía rica y un reparto desigual”. Clarín, 6-1-06.

14) Aguilar Carlos. “Mesoamérica en la hora de la resistencia popular”. OSAL n 13, enero-abril 2004, Buenos Aires.

15) RECALCA. “Colombia: Entrega total” Red Colombiana de Acción frente al Libre Comercio y el ALCA”, Bogotá, 3-2-06

16) Ruiz Caro Ariela. “Repercusiones del fracaso de la OMC en Cancún en la conformación del ALCA”. Estay Jaime, Sánchez Germán. El ALCA y sus peligros para América Latina, CLACSO libros, Buenos Aires, 2005.

Naufraga el ALCA, emergen los bilaterales (Parte II)

La acotada rivalidad con Europa

Con el ALCA y los TLCs Estados Unidos introduce barreras a la competencia europea. Las corporaciones del viejo continente tienen prioridades geopolíticas en otras zonas (consolidación de la absorción del Este Europeo, permanencia en los viejos enclaves africanos) y no aspiran a desafiar la hegemonía política y militar de la primera potencia en Latinoamérica. Pero intentan disputar los negocios más rentables de la región. Con las preferencias arancelarias y los privilegios de inversión que implanten los tratados bilaterales, Estados Unidos intenta bloquear esta concurrencia. También busca contener la incipiente presencia de China en Latinoamérica. (1)

La Unión Europea ha buscado contrarrestar las negociaciones del ALCA con ofertas de libre comercio a varios países (México, Chile) y bloques de la región (MERCOSUR). En las zonas que Estados Unidos controla más directamente (Norte y Centroamérica) trata de establecer plataformas de ingreso de sus propios productos al mercado yanqui.
Pero en Sudamérica, los europeos aspiran a capturar porciones más significativas del comercio y las inversiones, a través de negociaciones en los Foros Iberoamericanos.
España es la pieza clave de esta estrategia. Primero reorientó hacia Latinoamérica parte de los fondos de compensación que recibió durante el proceso de la unificación europeo. Luego se lanzó a conquistar un lugar primordial como inversor extranjero en la región, reciclando unos 40.000 millones de dólares hacia sus viejos dominios coloniales. Además, ha jugado un rol dominante en la captura de las privatizaciones realizadas durante los 90. Se ha especializado en tres actividades de servicios (finanzas, telecomunicaciones y energía). Por eso logró crear pequeñas multinacionales de cierto peso en el mercado mundial (Endesa, Repsol y Telefónica, financiados por el BBVA, La Caixa y el BSCH). (2)

España concentra el 50% de las inversiones europeas en Latinoamérica (1992-01) y lidera -después de Estados Unidos- las inversiones foráneas. Volcó toda su expansión internacional hacia esta zona para sortear las dificultades que enfrentaba en los mercados más disputados de las regiones centrales. Como no puede lidiar con las grandes potencias europeas aprovechó sus viejos vínculos con América Latina para participar en la gran subasta neoliberal de la década pasada. Obtuvo inesperadas posiciones, pero debió abrir sus empresas a la financiación internacional y actúa bajo la supervisión de sus socios mayores del Primer Mundo.

Los capitales ibéricos controlan una porción significativa de los bancos de la región y con los activos que le sustrajo a la Argentina han montado una influyente compañía energética (Repsol). Pero la especialización española en servicios contrasta con la inversión industrial en maquiladoras que caracteriza a Estados Unidos. Esta diferencia ilustra el alcance limitado de su reconquista de Latinoamérica. Ciertos negocios españoles cuentan con el beneplácito de Wall Street, pero otros han suscitado roces, que se extienden al campo político y diplomático. (3)

Estos choques han reforzado la predisposición favorable de algunos analistas hacia el capital europeo. Afirman que ofrece un tratamiento más benévolo hacia Latinoamérica que su competidor norteamericano y elogian las cláusulas de equidad social que contienen sus propuestas de libre comercio. Pero estas menciones carecen de efectos prácticos y sirven para disfrazar contratos tan perniciosos para Latinoamérica como los suscriptos con el gigante del Norte. (4)

Basta observar el contenido de los convenios Europa-Chile, Europa-México o Europa-MERCOSUR, para notar que bajo una retórica de cooperación están presentes las mismas exigencias de propiedad intelectual y reducción arancelaria que caracterizan al ALCA. Y en ciertos rubros –como la protección de las inversiones- estas demandas son aún más severas que las reclamadas por Estados Unidos. Otro ejemplo de esta similitud se ha verificado en las privatizaciones. Las transferencias de compañías estatales a empresas europeas tuvieron efectos nefastos y algunas concesiones –como el agua manejada por el grupo Suez- encabezan los escándalos de estafa y despojo.

Tampoco el comercio con Europa ha beneficiado a Latinoamérica. Mientras que las exportaciones del viejo continente a la región aumentaron 222% (1990-2000), las compras se incrementaron solo en 80%. El viejo patrón primarizado (vender bienes básicos y comprar productos elaborados) no se ha modificado significativamente. (5)

Las políticas de libre comercio que impulsan Europa y Estados Unidos no difieren sustancialmente. Expresan la misma pretensión de dominación en un marco de rivalidad más acotada, como consecuencia del mayor ensamble de capitales entre ambos polos. La concurrencia entre las grandes potencias por el control de América Latina persiste, pero con características muy distintas al pasado. El imperialismo norteamericano promueve el ALCA y los TLCs en una zona de histórico dominio frente al imperialismo europeo, que ensaya convenios de alcance más puntual y propósitos más específicos. El carácter limitado de esta competencia confirma que a diferencia de lo ocurrido durante los siglos precedentes, las rivalidades interimperialistas se procesan en el ámbito económico y político sin proyectarse al terreno bélico. (6)

Dominación sin integración

Los proyectos de libre comercio apuntan a reforzar la supremacía de Estados Unidos como potencia hegemónica. Para ejercer esta dominación la primera potencia no necesita constituir nuevas entidades supranacionales, ni integrar socios a su estructura estatal. Solo debe reafirmar su liderazgo y control del escenario global. Por el contrario, para rivalizar con la hegemonía norteamericana Europa tiene que recurrir a un proceso de unificación estatal. Esta convergencia es indispensable para que un cuerpo burocrático centralizado pueda actuar en el viejo continente con la autonomía, celeridad y decisión que caracteriza al ejecutivo norteamericano.

Estas diferencias entre Estados Unidos y Europa explican porqué el ALCA y los TLCs adoptan formas tan distintas al modelo de Unión que iniciaron Francia y Alemania. Mientras que la potencia dominante busca reforzar una primacía que ya detenta, su rival necesita crear un bloque para disputar zonas de liderazgo mundial. Por eso Estados Unidos solo promueve convenios arancelarios entre países (Zonas de Libre Comercio) y la Unión Europea alienta una convergencia plena en el terreno comercial, financiero y monetario (Mercado Común). El ALCA es un proyecto radicalmente opuesto a este segundo tipo de empalme y por eso busca ampliar -en varios campos- las asimetrías entre Estados Unidos y Latinoamérica. Esta polarización se comprueba en por lo menos tres campos.

En primer lugar, el ALCA y los TLCs descartan la constitución de una moneda única (como el Euro), precedida por convergencias presupuestarias (Maastrich) y un Banco Central común (BCE). Estas iniciativas ni siquiera han sido concebidas en el ensayo más avanzado de esos tratados (NAFTA). Renunciar al papel simbólico que ocupa el dólar o incorporar funcionarios extranjeros a la Reserva Federal serían medidas incompatibles con el ejercicio del poder imperialista norteamericano.

Mientras negocia con Latinoamérica acuerdos bilaterales, Estados Unidos ha buscado reforzar el papel del dólar. Esta divisa es el instrumento de financiación internacional de su déficit fiscal y cumple un papel clave en la regulación del ciclo económico norteamericano. La preservación de este enorme margen de libertad monetaria exige que los países latinoamericanos mantengan sus propias monedas y por eso los procesos de dolarización o convertibilidad han sido excepcionales y de corta duración. (7)

En segundo lugar, las Zonas de Libre Comercio difieren de un proyecto de Mercado Común en la ampliación (o preservación) de enormes brechas de desigualdad salarial. El principio rector del ALCA, el CAFTA o el NAFTA es la movilidad del capital y la inmovilidad de la fuerza de trabajo, para que los empresarios puedan aprovechar en negocios supranacionales las grandes diferencias de costos salariales. Mientras que en Europa la brecha del ingreso per capita promedia el 50%, en el hemisferio americano esta fractura es de 22 veces.

El capitalismo europeo necesita crear un mercado de trabajo más equilibrado para expandirse a escala regional y global. Por eso ha introducido distintas modalidades de ampliación de la circulación continental de personas (acuerdos de Schengen). Impulsa la constitución de una ciudadanía común, que le permita simultáneamente abaratar los salarios de Europa Occidental (con migraciones de Europa del Este) y gestar un bloque competitivo frente a sus rivales de Asia y América.

Por el contrario, la finalidad expresa del ALCA, el NAFTA o el CAFTA es controlar la afluencia de emigrantes a Estados Unidos y orientar la llegada de los indocumentados hacia las ramas de menor calificación. En lugar de la ciudadanía común, Bush promueve el reforzamiento de las guardias fronterizas para cazar emigrantes. El símbolo de sus tratados no es un nuevo emblema continental, sino un muro electrificado para impedir el ingreso de los pauperizados a Estados Unidos. El NAFTA combina esta penalización del movimiento de personas con una legislación que asegura a los empresarios plena libertad de tránsito por cualquier frontera.

Este doble patrón apunta a garantizar que los asalariados mexicanos reciban remuneraciones varias veces inferiores a las vigentes en Estados Unidos. El NAFTA estimula la competencia entre trabajadores y ha sido un instrumento activo para debilitar los sindicatos norteamericanos y reducir las conquistas sociales de Canadá. Las disposiciones laborales formalmente incorporadas al tratado (libertad de asociación, eliminación del trabajo forzoso, sanciones al trabajo infantil y a la discriminación) nunca fueron ratificadas, ni implementadas. (8)

La tercera diferencia de la Zona de Libre Comercio impulsada por Estados Unidas con el Mercado Común de Europa es la ausencia de fondos compensatorios para reducir las asimetrías regionales. La disminución de estas disparidades mediante la creación de los “fondos de cohesión” fue el precio que Alemania y Francia pagaron inicialmente para dotarse de un instrumento competitivo continental. Este presupuesto se distribuyó en distintos países de la periferia europea que ingresaron a la Unión (primero España, Portugal, luego Grecia e Irlanda, ahora algunas naciones de Europa del Este).

El ALCA no contempla ninguna compensación de esta índole, porque la dominación norteamericana presupone perpetuar y no reducir las descomunales distancias del ingreso per capita que separan a Estados Unidos del resto de la región. La preservación de esta asimetría es tan vital para el imperialismo, como la multiplicidad de monedas y brechas salariales.

El ALCA y la OMC

El ALCA y los TLCs complementan la política multilateral de Estados Unidos en la OMC. Desde la posguerra las grandes potencias intentan concertar en este ámbito sus divergencias comerciales mediante acuerdos que afectan a los países dependientes. Primero acordaron la reducción de aranceles en todos los sectores industriales y posteriormente han presionado por liberalizar los servicios. En cambio mantienen bloqueada la disminución de los subsidios agrícolas que demandan los exportadores de la periferia. (9)

América Latina quedó muy atrapada en las perniciosas negociaciones que se desenvuelven en la OMC. Primero aceptó la reducción de aranceles (Ronda Uruguay en 1986-94), luego se resignó a debatir la desregulación de servicios (Ronda de Doha en 2001) y finalmente participa de las tratativas de patentes e inversiones (que se inauguró con los “temas de Singapur” en 1996).

En las negociaciones multilaterales se ha repetido la norma de las tratativas de libre comercio regional. Latinoamérica concede sin obtener nada a cambio. Mientras que la región abrió sus mercados, las economías desarrolladas han preservado altos niveles de protección. Esta asimetría se puso de manifiesto abiertamente en las conversaciones de Seattle (1999), Cancún (2003) y Hong Kong (2005). La principal inequidad de estas negociaciones se concentra en el tema agrícola, pero se extiende también a los aranceles disfrazados, que Estados Unidos y Europa imponen a ciertas importaciones industriales (sobre todo textiles y acero).

La adversidad comercial padecida por Latinoamérica fue particularmente abrumadora en la última década. La región aceptó disponer una drástica reducción de los aranceles (del 30 % promedio en 1980 al 10% en 1999), sin lograr ningún aumento en su participación en el comercio mundial (solo mantuvo el bajo porcentaje de las últimas décadas en torno al 5,8-5,6%).

La apertura incrementó la fragilidad comercial de la región y la inserción subordinada en la división internacional del trabajo. Consolidó la desarticulación del viejo complejo industrial (en los países de desarrollo mediano) y la especialización exportadora en bienes básicos (en toda la zona).

Las materias primas y las manufacturas de origen agropecuario acaparan actualmente las ventas de Latinoamérica. Conforman el 72% de las exportaciones argentinas, el 83 % de las bolivianas, el 83% de las chilenas, el 64% de las colombianas y el 78% de las venezolanas. La especificidad mexicana (81% de exportaciones manufactureras) es engañosa, porque el país se ha especializado en el ensamble de partes sin valor agregado, que las maquiladoras intercambian con las casas matrices estadounidense. Únicamente Brasil constituye una relativa excepción, ya que en su canasta de exportaciones las materias primas constituyen el 52% del total. (10)

La pérdida de posiciones de América Latina en el mercado mundial se comprueba en los bajos índices de competitividad, inversión e ingreso per capita. Estos índices son muy desfavorables no solo en comparación con las economías desarrolladas, sino también frente a China o el Sudeste asiático.

La crisis de las tratativas de la región en la OMC se explica por este retroceso. En los últimos años ha crecido la resistencia de muchos gobiernos a las demandas de los países centrales y por eso las negociaciones afrontan un estancamiento semejante al ALCA. Las grandes potencias ya no pueden imponer todas sus exigencias, ni logran manejar a la OMC con la misma discrecionalidad que prevalecía en el pasado. Este es el origen del impasse que predomina en las cumbres del comercio internacional, que invariablemente transmiten la impresión de tratativas bloqueadas. (11)

En las últimas reuniones varias naciones periféricas comenzaron a coordinar sus demandas y precipitaron grandes cambios en las alianzas vigentes dentro de los organismos multilaterales. Hasta mediados de los 90 el único alineamiento significativo fuera de Estados Unidos y Europa era el “Grupo Cairns” (Australia, Nueva Zelanda, Argentina, Uruguay, Malasia y Canadá) que tendía a emblocarse con Norteamérica en sus conflictos con el viejo continente. Pero en los últimos años apareció el “Grupo de los 20”, que excluyó a los principales socios de Estados Unidos (Canadá, Australia, Nueva Zelanda) y conformó un frente de Sudamérica con India, China y Sudáfrica.

El debut de este grupo se produjo en Cancún (2003), cuándo las grandes potencias no pudieron imponer sus propuestas frente a la oposición que erigieron las naciones subdesarrolladas. En este contexto apareció también otro alineamiento de países más pobres y dependientes de mono exportaciones básicas (“Grupo de los 90”). También esta irrupción ha contribuido a modificar el marco de las negociaciones comerciales. Del predominio absoluto de las grandes potencias se ha pasado a un contexto signado por la aparición de varios bloques que desafían esa dominación. (12)

En la OMC se perfila un cuadro paralelo al ALCA. Estados Unidos no logra acordar reglas de competencia con sus rivales imperialistas y tampoco consigue someter a las naciones periféricas a sus exigencias. La combinación de bloqueo y resistencias que obstaculiza los proyectos del imperialismo en América Latina tiene su correlato a nivel global.

Pero también a escala mundial, Estados Unidos ensaya nuevos alineamientos y juega la carta de acciones bilaterales. Por ejemplo, en la última reunión de la OMC en Hong Kong acordó con su rival europeo otorgar ciertas concesiones menores a la periferia, para reestablecer la continuidad de las negociaciones, con nuevas fórmulas de replanteo de sus exigencias. (13)

Pero este paquete incluyó un agregado sustancial: la cooptación de Brasil y la India. A cambio de ciertas concesiones específicas, ambos países aceptaron jugar un rol de disuasión de la resistencia expresado por las restantes naciones periféricas. Cumplieron ese papel luego de participar en los últimos dos años en el grupo de selectas naciones que preparan las cumbres. Desde su nuevo lugar India y Brasil se abocaran a convencer a todas las naciones subdesarrolladas de la conveniencia de un trato adverso. (14)

Es cierto que las grandes potencias ya no pueden hacer y deshacer a su gusto en la OMC y que deben tomar en cuenta la oposición de los países dependientes. Pero maniobran para recrear ese control, cooptando a dos naciones de enorme gravitación en la periferia. A través de la mediación de Brasil y la India, las potencias centrales han ensayado un mecanismo de neutralización del conjunto de las naciones subdesarrolladas.

No solo el “Grupo de los 90” fue inducido a aceptar la agenda de los poderosos, sino que el propio “Grupo de los 20” forjado en Cancún tendió a disolverse bajo el efecto de sucesivas deserciones. De los catorce países que originalmente integraron este alineamiento en Latinoamérica, cinco resolvieron alejarse bajo la presión directa de Estados Unidos. Las cadenas de convencimiento que utiliza la diplomacia imperialista han funcionado a pleno para aislar a los gobiernos más críticos y domesticar al resto.

La gravitación de Latinoamérica

El congelamiento del ALCA, la contraofensiva de los TLCs, las crisis y maniobras de Estados Unidos en la OMC ilustran las dificultades que enfrenta el imperialismo en América Latina. Esa región representa un grave problema para la primera potencia, porque la ofensiva contra las conquistas populares perpetrada durante los 90 se encuentra severamente desafiada por un nuevo ciclo de rebeliones sociales.

En varios casos estas sublevaciones convergieron con crisis políticas que provocaron la caída de distintos presidentes. Con protestas urbanas y revuelta campesinas, los oprimidos han recuperado capacidad de acción y han modificando la adversa correlación social de fuerzas que predominaba durante la década pasada.

Esta irrupción ha convalidado un giro a la izquierda en el espectro político, que expresa el generalizado cuestionamiento popular al neoliberalismo. El descrédito de esta doctrina es muy visible en comparación a otras regiones del planeta, en un contexto de sostenido resurgimiento del antiimperialismo.

América Latina retoma su tradición de revueltas sociales, proyectos radicales y aspiraciones emancipatorias. Las clases opresoras han perdido el recurso represivo de las dictaduras militares y luego de las corruptas administraciones de los 90, sus principales representantes derechistas han quedado fuera de la escena.

El gobierno norteamericano enfrenta en la región una gran hostilidad política y no tiene capacidad de intervención militar inmediata. También soporta un fuerte descrédito de los valores y la ideología que históricamente difundió en la zona. Sin embargo, algunos analistas le asignan poca importancia a estas dificultades, porque evalúan que América Latina ha perdido relevancia. Por eso estiman que el Departamento de Estado “desatiende” una región que ya no gravita a escala mundial. (15)

Pero si Latinoamérica careciera de importancia, la presencia militar norteamericana debería haber decrecido y los hechos indican un curso radicalmente opuesto. En la última década la presencia del Pentágono se reforzó en todo el hemisferio. Hubo transferencia de atribuciones a los comandos regionales, ampliación de la capacidad de intervención desde bases estratégicas (Guantánamo, Aruba, Manta, El Salvador), despliegue de ejércitos privados (Colombia), construcción de nuevas instalaciones en regiones conflictivas (Paraguay, Perú), multiplicación de los ejercicios conjuntos con tropas locales, ensayos de asesinatos selectivos de militantes (Puerto Rico) y encubrimiento de acciones terroristas (Posada Carriles).

Esta militarización ilustra que la retaguardia latinoamericana no ha perdido gravitación geoestratégica para Washington. Esta importancia parece diluida porque Bush no puede utilizar por el momento el arsenal acumulado en la zona contra sus principales enemigos (Cuba y Venezuela). Mientras los marines continúen atrapados en el pantano de Irak, cualquier acción bélica en otras regiones debe ser pospuesta.

La tesis de la irrelevancia de Latinoamérica es un mito que difunden los opresores para presentar su dominación como un hecho gratificante. Buscan presentar esta sujeción como un premio a la sumisión. Sugieren que el comportamiento benévolo del imperialismo será proporcional a la pasividad de los esclavos y por eso convocan a los oprimidos a competir por ganar el favor del amo. Pero este llamamiento se basa en la falsa creencia que el imperialismo se ha desinteresado por el futuro de la zona. Esta imagen pretende naturalizar la supremacía estadounidense, instando a las mentes colonizadas a auto-asumir su inferioridad. (16)

El fracaso del ALCA es un indicio de la decreciente influencia de estas mistificaciones y por eso las campañas contra este tratado tuvieron un gran impacto en la región. Estas movilizaciones fueron continentales e incluyeron en los últimos seis años grandes manifestaciones, foros y encuentros hemisféricos de rechazo al convenio.

En Argentina una consulta popular contra el ALCA (noviembre 2003) obtuvo 2,2 millones de votos y en Brasil un referéndum semejante (2002) reunió 10 millones de sufragios. También las campañas en Paraguay, Uruguay y Bolivia alcanzaron una inesperada repercusión, porque en todos los casos la denuncia contra el ALCA fue asociada a las reivindicaciones populares específicas de cada país (distribución del ingreso en Argentina, defensa de la propiedad estatal del petróleo en Uruguay y del agua en Bolivia). También lograron gran repercusión los cuestionamientos al avasallamiento regional de la soberanía (“Centroamérica no está en venta”). Dentro de Estados Unidos el movimiento sindical ha jugado un papel muy importante y un punto culminante de estas movilizaciones fueron las marchas de Seattle.

Estas resistencias se extienden ahora a los nuevos tratados bilaterales, que ya han desatado numerosas demandas de revisión. La oposición a estos convenios es también intensa en Sudamérica, como lo prueban las contundentes acciones del movimiento social ecuatoriano y las grandes movilizaciones contra el TLC en Colombia. (17)

En este escenario las viejas discusiones sobre la integración latinoamericana adquieren un nuevo sentido. Este debate ha superado el ámbito elitista y suscita el interés de los movimientos sociales. Los dirigentes populares de muchos países discuten una agenda de proyectos regionales, que hasta ahora solo interesaba a los embajadores, los funcionarios y los empresarios de la zona. La discusión tiende a desplazarse desde las cúpulas hacia los militantes.

Este giro se verifica no solo en los foros regionales, sino también en los programas que se elaboran en el ámbito nacional. El avance de la mundialización también han generado un nuevo tipo de conciencia latinoamericanista en las organizaciones sociales. Existe la creciente convicción que sin proyecciones zonales no habrá forma de consolidar las conquistas populares que se obtengan en cada país.

El interés por elaborar propuestas alternativas al ALCA crece día a día y numerosas reflexiones apuntan a dilucidar lo que está en juego en otros proyectos de ensamble regional. Una pregunta clave gira en torno al MERCOSUR. ¿Constituye esta asociación una opción al ALCA? Exponemos nuestra respuesta en el próximo artículo.

Notas:

1) El tipo de convenios libre-comercio que suscribió China con varios países de Sudamérica a mitad del 2005 indica que cual es la estrategia inmediata de expansión de la potencia asiática. Busca asegurase el reconocimiento del status jurídico de “economía de mercado” a cambio de ciertas promesas de inversión directa, con el objetivo de perforar todas las barreras arancelarias vigentes en la región. Por ejemplo, un año después de firmado un tratado de este tipo con la Argentina, las exportaciones chinas subieron 59% y sus compras solo aumentaron 21% (La Nación, 26-3-06).

2) Busto Mauleón Luis Miguel. “El nuevo colonialismo español”.www.Andalucía.cc/viva/directorio.html, 18-11-05.

3) Un ejemplo reciente de estas divergencias es la decisión española de rechazar el veto norteamericano a los contratos de provisión militar que suscribió con Venezuela.

4) Martínez Osvaldo. “Las trampas del libre comercio”. Documento de trabajo, La Habana, 2005.

5) Moro Alfonso. “Los intereses de las transnacionales europeas en América Latina”. Cuadernos del Sur 38-39, mayo 2005, Buenos Aires.

6) Hemos analizados este problema en Katz Claudio. “El imperialismo en el siglo XXI”. Socialismo o barbarie, año 4, n 15, septiembre 2003, Buenos Aires.

7) Guillen Romo Héctor. “La integración monetaria en el marco del TLCAN”. Realidad Económica n 213, julio agosto 2005.

8) Ghiotto Luciana. “El ALCA, un fruto de la relación capital-trabajo”. Estay Jaime, Sánchez Germán. El ALCA y sus peligros para América Latina, CLACSO libros, Buenos Aires, 2005.

9) Hemos analizado este problema en: Katz Claudio.“ZLEA et dette: les deux faces d´une meme domination”. Mobilisations des peuples contra L´ALCA-ZLEA. Ed. CETIM (Centre Europe-Tiers Monde, Genéve, Suisse, 2004.

10) La Nación, 13-9-05.

11) Una explicación de estas crisis expone: Lucita Eduardo. “¿Continuidad del estancamiento o principio del fin?”. Correo de Prensa n 9209, 24-12-05. Ver también los análisis de León Irene. “De las zozobras de Cancún a las zambullidas de Hong Kong”. ALAI- Amlatina, 14-12-05, “Guión previsible de un desenlace anunciado”. ALAI. Amlatina, 20-12-05.

12) Estay Reyno Jaime. “América Latina en las negociaciones comerciales multilaterales y hemisféricas”. La economía mundial y América Latina, Clacso libros, Buenos Aires, 2005.

13) Estados Unidos y Europa han propuesto recortar los aranceles industriales altos en una proporción mayor que los bajos, lo que penaliza la sustitución de importaciones de la periferia. Promueven desarrollar negociaciones plurilaterales de servicios, acotando los proyectos de negociación sectorial que defienden los países dependientes. Además, pusieron la fecha del año 2013 para la reducción de los subsidios a la exportación de productos agrícolas, pero manteniendo el resto de la estructura de subvenciones que cuestiona la periferia.

14) Bello describe esta cooptación. Lo acordado en Hong Kong incluye ampliar las atribuciones de la OMC, convalidar los subsidios agrícolas en Estados Unidos que afectan a los países más pobres (algodoneros) e integrar a los países más reacios a las negociaciones del rubro que más interesa a los países avanzados (servicios). Bello Waldem. “El verdadero significado de Hong Kong”. La Jornada, 5-1-06, México.

15) Oppenheimer es un ejemplo típico de esta visión. Oppenheimer Andrés. Cuentos Chinos, Sudamericana, Buenos Aires, 2006.

16) Boron desarrolla esta caracterización. “La mentira”.

17) Un balance de estas resistencias presentan: Berrón Gonzalo, Freire Rafael. “Los movimientos sociales del Cono sur contra el mal llamado libre comercio” OSAL n 13, enero-abril 2004, Buenos Aires. Solón Pablo. “El movimiento contra el ALCA en Bolivia y en la región andina”. OSAL n 13, enero-abril 2004, Buenos Aires. Seoane José, Taddei Emilio. “Cartografía de la resistencia y desafíos de la otra América posible”. Revista OSAL, 2006.

Claudio Katz es economista, investigador del Conicet y profesor de la UBA. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda).

Fuente: ARGENPRESS

El último tronco

Autor | Radio Mundo Real | Idioma | Español | Pais | América Latina | Publicado | 11 diciembre 2008 11:58

El modelo de los agronegocios, con sus nefastas consecuencias sobre el ambiente y el entramado social, es una de las principales causas del continuo proceso de deforestación que se vive en América Latina. En este informe tratamos de adentrarnos en este problema, a través de una mirada sobre los casos de México, Brasil, Argentina y Chile.

La deforestación puede ser definida como la destrucción a gran escala de un bosque por la acción humana. Es necesario diferenciar este proceso de la degradación forestal, que consiste en una reducción de la calidad del bosque. Ambos asuntos están vinculados y producen diversos problemas. Uno de ellos es la erosión del suelo y desestabilización de las capas freáticas, lo que a su vez favorece las inundaciones o sequías. Otro es la reducción de la biodiversidad, que se define como la diversidad de hábitats, especies y tipos genéticos.

Atado a estos problemas, también viene el impacto que se produce sobre las comunidades humanas que viven en estrecha relación con ese hábitat: se calcula que entre 200 y 500 millones de habitantes dependen de los bosques para obtener comida, abrigo y combustible, siendo la deforestación uno de los grandes motivos de la destrucción no sólo de su medio de vida, sino también de sus culturas, al dejarles únicamente dos alternativas posibles de sobrevivencia; el trabajo asalariado para las grandes corporaciones o la migración a los cinturones de miseria que rodean las grandes ciudades.

La deforestación avanza en números globales a un ritmo de unas 17 000 000 hectáreas al año. El continente americano no es una excepción, y básicamente el aumento constante de la superficie utilizada por el modelo de agronegocios es el principal responsable de ello. Veamos algunos ejemplos que puedan dar cuenta de la situación.

Brasil

Según las autoridades brasileñas, 756 kilómetros cuadrados de la Amazonía fueron destruidos en agosto. La cifra representa un aumento del 228 por ciento frente al mismo periodo del año pasado. Entre las principales causas de este problema se encuentra la tala ilegal, la cual está estrechamente vinculada al encarecimiento de los alimentos a nivel global, ya que los cultivadores de soja y los ganaderos talan la selva para plantar cosechas y para alimentar el ganado.

El año pasado, el ministerio Público Federal decretó la paralización de las actividades en el puerto de procesamiento de granos de soja de la transnacional Cargill en el municipio de Santarém, ubicado en el norteño Estado de Pará. El puerto funcionaba desde 2003, y jamás se había realizado un estudio de impacto ambiental. En su momento el procurador de la República en Santarém, Felipe Fritz Braga, afirmó en declaraciones a Radioagencia Notícias do Planalto que “hubo una oleada frenética de desforestación”.

“Selvas fueron diezmadas, poblaciones fueron expulsadas, sea por la violencia o por la presión de los grupos económicos que fueron llegando a la región. Todo por la valorización que estas tierras recibieron, pues potencialmente pueden ser explotadas por la agricultura mecanizada de la soja”, señaló.

Más recientemente, varias fueron las voces que indicaron que la deforestación de la selva brasileña puede ser causa de los miles de deslizamientos de tierra ocurridos en el Estado de Santa Catarina, donde las lluvias han causado 110 fallecimientos en las últimas semanas. El arquitecto Lino Bragana Peres afirmó que la desaparición de parte de la Mata Atlántica está directamente vinculada con los actuales deslizamientos de tierra.

México

A principios de los años 90, México contaba con 50 millones de hectáreas de bosques cerrados (selvas altas y bajas, bosques templados y bosques mesófilos), pero en los últimos 15 años se han perdido 7,2 millones de hectáreas, a un ritmo de entre 370 y 720 mil hectáreas al año. Las principales causas de la desforestación son los incendios forestales. Estos incendios son, en su inmensa mayoría, provocados para aumentar la productividad de los pastos del sotobosque, los cuales se utilizan para el pastoreo de ganado o para reclamar los árboles como madera muerta pudiendo comercializarlos, pues de otra manera estarían protegidos por las normas legales.

Argentina

La Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable sostiene que en los últimos 90 años, Argentina ha perdido 73 de los 106 millones de hectáreas de bosques nativos que existían en su territorio. Si bien en la actualidad se calculan como bosques 93 millones de hectáreas, sólo 33 son bosques nativos, el resto son en su mayoría monocultivos de emprendimientos forestales. En los últimos tiempos el motor de la desforestación ha sido el avance de la soja. Las consecuencias no se han dejado esperar: en 2008 fuertes sequías y grandes inundaciones han afectado a la provincia del Chaco, una de las más pobres del país, y donde se ha registrado hasta el 70 por ciento del desmonte de los boques nativos acaecidos en la Argentina el último año.

Chile

Desde la implantación del modelo de exportaciones, el sector forestal se ha transformado en el más fuerte en el área de los recursos naturales, llegando a un 19,3 por ciento entre 1975 y 1994, convirtiéndolo en uno de los sectores más dinámicos de la economía. La ampliación del mercado a más de 80 países lo consolida como uno de los ejes del modelo exportador chileno. Las plantaciones de pinos y eucaliptus aumentaron con un promedio superior a 50 000 hectáreas anuales entre principios y fines de los años 90.

Producto de las ventajas impositivas aplicadas al sector, más un complejo sistema de apoyos desde el Estado, se han instalado en el país cuantiosas inversiones de trasnacionales que trabajan en el sector. Ellas han ido comprando tierras a pequeños y medianos productores, lo cual ha significado una fuerte concentración de la tierra, y ha producido un enorme daño a los bosques nativos, que son reemplazados por monocultivos subsidiados.

Soluciones frente a la pérdida de biodiversidad

La deforestación es una realidad cotidiana con la cual los habitantes del planeta convivimos. En la actualidad, cuando se habla de cambio climático -de la necesidad de proteger al planeta como forma de protegernos a nosotros mismos- es vital que la discusión no sólo quede en planos econométricos, y es de destacar que cuando se habla de sumideros de carbono, de cuotas, de plantaciones, no se habla de lo mismo que se estipula cuando se exige justicia climática. La riqueza de la actual biodiversidad y un caudal de conocimientos y costumbres no cuantificados se debaten entre la sobrevivencia y la extinción, y con ello buena parte de nuestras esperanzas de poder vivir en un mundo mejor.

Fuente: Radio Mundo Real

viernes, 26 de diciembre de 2008

No aman la vida

Autor | Leonardo Boff | Idioma | Español | Pais | Internacional | Publicado | 14 diciembre 2008 20:59

La búsqueda de una salida para la crisis económico-financiera mundial está rodeada de peligros. El primero es que los países ricos busquen soluciones que resuelvan sus problemas, olvidando el carácter interdependiente de todas las economías. La inclusión de los países emergentes significó poco, pues sus propuestas fueron escasamente tendidas en cuenta. Siguió prevaleciendo la lógica neoliberal, que asegura la parte leonina a los ricos.

El segundo peligro es perder de vista las demás crisis: la ecológica, la climática, la energética y la alimentaria. Concentrarse solamente en la cuestión económica sin considerar las otras es jugar con la insostenibilidad, a medio plazo. Cabe recordar lo que dice la Carta de la Tierra: «nuestros desafíos ambientales, económicos, políticos, sociales y espirituales están interligados, y juntos podemos forjar soluciones incluyentes» (Preámbulo).

El tercer peligro, más grave, consiste en mejorar sólo las reglas existentes en vez de buscar alternativas, con la ilusión de que el viejo paradigma neoliberal tenga todavía la capacidad de volver creativo el caos actual.

El problema no es la Tierra. Ella puede continuar sin nosotros, y continuará. La magna quaestio, la cuestión magna, es el ser humano, voraz e irresponsable, que ama más la muerte que la vida, más el lucro que la cooperación, más su bienestar individual que el bien general de toda la comunidad de vida. Si los responsables de las decisiones globales no consideran la inter-retro-dependencia de todas estas cuestiones y no forjan una coalición de fuerzas capaz de equilibrarlas, entonces sí estaremos literalmente perdidos.

En realidad si hubiera un mínimo de buen sentido, la solución del cataclismo económico y de los principales problemas infraestructurales de la humanidad se podría encontrar. Bastaría proceder a un desarme amplio y general ya que no existen enfrentamientos entre potencias militares. La construcción de armas, propiciada por el complejo industrial-militar, es la segunda mayor fuente de lucro del capital. El presupuesto militar mundial es del orden de un billón cien mil millones de dólares/año. Sólo en Irak se han gastado ya dos billones de dólares. Para este año, el gobierno estadounidense comprometió un gasto de armas por valor de un billón y medio de dólares.

Estudios de organismos de paz revelaron que con 24 mil millones dólares/año —apenas un 2,6% del presupuesto militar total— se podría reducir a la mitad el hambre del mundo. Con 12 mil millones —un 1,3% del referido presupuesto— se podría asegurar la salud reproductiva de todas las mujeres de la Tierra.

Con gran valentía, el actual Presidente de la Asamblea de la ONU, el padre nicaragüense Miguel d’Escoto, denunciaba en su discurso inaugural de mediados de octubre: existen aproximadamente 31.000 ojivas nucleares en depósitos, 13.000 distribuidas en varios lugares del mundo y 4.600 en estado de alerta máxima, es decir, listas para ser lanzadas en pocos minutos. La fuerza destructora de estas armas es aproximadamente de 5.000 megatones, fuerza destructiva 200.000 veces mayor que la bomba lanzada sobre Hiroshima. Sumadas a las armas químicas y biológicas, se puede destruir de 25 formas diferentes toda la especie humana. Postular el desarme no es ingenuidad, es ser racional y garantizar la vida que ama la vida y que huye de la muerte. Aquí se ama la muerte.

Sólo este hecho muestra que la humanidad está formada en gran parte por gente irracional, violenta, obtusa, enemiga de la vida y de sí misma. La naturaleza de la guerra moderna ha cambiado sustancialmente. Antaño «moría quien iba a la guerra». Ahora no, las principales víctimas son civiles. De cada 100 muertos en guerra, 7 son soldados y 93 son civiles, 34 de los cuales niños. En la guerra de Irak han muerto ya 650.00 civiles y solamente unos 3.000 soldados aliados.

Hoy presenciamos algo absolutamente inédito y de extrema irracionalidad: la guerra contra la Tierra. Siempre se hacían guerras entre ejércitos, pueblos y naciones. Ahora, todos unidos, hacemos la guerra contra Gaia: no dejamos un momento de agredirla y explotarla hasta derramar toda su sangre. Y todavía invocamos la legitimación divina para nuestro crimen, pues cumplimos el mandato: «multiplicaos, llenad la Tierra y sometedla» (Gn 1,28).

Haciéndolo así, ¿hacia dónde vamos? No hacia el reino de la vida.

Leonardo Boff - Teólogo.
Viernes, 5 de diciembre de 2008.
Fuente: ALAI

LA ENFERMEDAD DEL MOMENTO: TRATADITIS AGUDITIS

Mitos y consecuencias de los tratados de libre comercio con Estados Unidos

GRAIN

Los procesos de privatización, globalización y desregulación de la economía se han impuesto durante la última década y media a través de diversos mecanismos, entre los cuales la Organización Mundial del Comercio (OMC) ha sido el más importante. A partir de 1995, Estados Unidos consideró que las negociaciones en la OMC no siempre se movían con la celeridad que ellos deseaban, e impulsó negociaciones para la formación de áreas de libre comercio regionales. Las primeras negociaciones que lograron despegar, ese mismo año, fueron aquéllas para formar el ALCA, o Área de Libre Comercio de las Américas. Desde entonces, Estados Unidos ha intentado sin mayor éxito desarrollar igualmente negociaciones regionales en África y Asia.

El tiempo no ha pasado en vano. Los pueblos del mundo entero han sufrido los efectos del llamado libre comercio y paulatinamente se han ido desarrollando procesos de rechazo al modelo económico imperante. El descontento tuvo una expresión dramática en 1999 en Seattle, donde miles de activistas sociales del mundo entero desarrollaron varios días de protesta en contra de los Ministros de más de 80 países de la OMC que se reunían para seguir avanzando en los procesos de globalización. A partir de allí, el descontento se ha expresado de manera cada vez más masiva y múltiple. Durante 2003, los Ministros de la OMC se reunieron en Cancún y debieron enfrentar las mayores manifestaciones realizadas hasta el momento, con una fuerte presencia de representantes de movimientos campesinos de diversas partes del mundo.

Las protestas lograron que las negociaciones no pudiesen seguir el cauce planificado por los diversos gobiernos. Muchos países no industrializados entendieron que seguir entregando sus países y economías tan abiertamente podía tener costos políticos importantes, mientras Estados Unidos y Europa no lograron justificar la manutención de sus subsidios codo a codo con la exigencia de eliminar cualquier protección a la agricultura campesina de los países en desarrollo. El resultado fue que la reunión terminó en forma adelantada y sin lograr acuerdos. Unas pocas semanas después se reunieron los Ministros que negocian el ALCA en Miami. Las protestas se repitieron, a pesar de un despliegue policial pocas veces visto. Una vez más, el espacio de maniobra y entrega por parte de los gobiernos latinoamericanos se vio reducido por la presión social y especialmente Brasil defendió algunas condiciones mínimas para su industria y agricultura, imposibilitando llegar a acuerdo. Al igual que la OMC en Cancún, la reunión del ALCA en Miami terminó de manera adelantada y sin consenso posible.

La alegría de muchos movimientos sociales surgió a borbotones. Quedó demostrado que la presión social, si es lo suficientemente masiva y decidida, puede detener incluso aquello que se quiere presentar como inevitable. Pero justo en el momento en que se dice que la OMC fue derrotada en Cancún y el ALCA colapsó en Miami, vemos que una epidemia de “trataditis” – en su variante bilateral – parece recorrer el mundo. Estados Unidos se ha acercado a más de veinte países para iniciar formalmente tratados de libre comercio bilaterales, y ya ha firmado con varios de ellos. A la hiperactividad desplegada por Estados Unidos se ha ido sumando una actividad creciente de la Unión Europea, Australia, Canadá, la APEC, además de un sinnúmero de otras negociaciones bilaterales entre economías más pequeñas. Cada intento de tratado se nos ha ido presentando como una iniciativa indispensable para la necesaria superación de trabas inaceptables en tiempos modernos. Si aplicásemos la lógica, no cabría más que preguntarse qué ha hecho el mundo gastando a raudales en la Organización Mundial del Comercio y en otros foros multilaterales durante los últimos quince años.

Lo que estamos viendo no es un fracaso de la OMC, sino un intento abierto de acelerar el paso a través de las negociaciones bilaterales o sub-regionales. Estados Unidos ha sido muy explícito al respecto y su estrategia ha sido denominada “liberalización competitiva”. Consiste en acercarse y presionar a los países más débiles o sumisos, firmar con ellos y avanzar hasta que los países que han mostrado algún interés por mantener algún grado de soberanía, o defender al menos parcialmente los intereses de sus empresas nacionales, o mantener protecciones mínimas para la agricultura – sin siquiera poner en cuestión las bases del neoliberalismo – deban ceder por aislamiento. Por ello la firma con Chile y Centroamérica, que desde el punto de vista de Estados Unidos no tienen importancia económica. Por ello también el apuro por firmar con Marruecos, Tailandia, Bahrain, Perú y Ecuador.

Debido a la presencia de tanta negociación, hoy se hace difícil seguirle el paso a cada proceso en marcha, más aún cuando todos ellos se llevan a cabo en medio del secreto. Sin embargo, a partir de los procesos ya terminados y de los textos ya firmados y publicados, es posible ver que lo que está ocurriendo es la imposición de moldes pre-establecidos. De hecho, Estados Unidos ya ha hecho saber que el molde que les interesa generalizar es el texto firmado por Chile. Por ello, las negociaciones se centran sólo en modificaciones formales y muy escasas, mientras la propaganda quiere hacernos creer un conjunto de mitos acerca de lo que está en juego.

Aquí intentamos describir en términos muy generales y resumidos algunos de los mitos en torno a las negociaciones, así como los contenidos reales de los textos que están siendo impuestos por Estados Unidos, el país que más agresivamente está siguiendo el camino del bilateralismo. Un análisis más detallado de los textos que hasta el momento han sido o están siendo negociados estará disponible en www.grain.org .

LOS MITOS

1. Un primer mito es que nos encontramos ante tratados que se refieren exclusivamente a asuntos económicos. En la práctica, los tratados son – explícita e implícitamente – acuerdos políticos donde los países en desarrollo quedan en una posición de extrema subordinación política frente a Estados Unidos. Sin intentar ocultar este aspecto, Estados Unidos ha dicho oficialmente que los tratados con los países de la Comunidad Andina son la “extensión natural” del Plan Colombia, y los preámbulos de los bilaterales firmados hasta el momento en América Latina reiteran los compromisos políticos incorporados en el ALCA, que básicamente imponen a los países latinoamericanos definiciones políticas y geopolíticas dictadas por Estados Unidos. En el caso de Marruecos, Estados Unidos presenta el tratado como un apoyo a su interés por “promover sociedades islámicas más tolerantes, abiertas y prósperas”, lo que equivale en realidad a la imposición de las normas del gobierno estadounidense para el mundo árabe. El objetivo político tampoco se esconde en el caso de Tailandia, en donde Estados Unidos presenta el tratado como un mecanismo para reforzar vínculos militares y la cooperación en la guerra al terrorismo.

La subordinación política va mucho más allá de simplemente la obligación de declararse conforme a un marco de referencia general. Los tratados imponen un sinnúmero de condiciones, exigencias y sanciones que finalmente constituyen un atropello profundo a la soberanía nacional y a garantías ciudadanas básicas. Lo quieran o no, los gobiernos, los parlamentos y los poderes judiciales no podrán actuar sin consulta previa a los empresarios y al gobierno estadounidenses, y deberán adoptar e implementar determinadas legislaciones y cambios legales que criminalizarán buena parte de nuestra vida cotidiana, introduciendo incluso la posibilidad de sancionar la supuesta intención de cometer determinados delitos.

Los cambios anteriores no serán optativos. Si un país firmante o sus ciudadanos deciden actuar de forma diferente a lo estipulado, o a la considerada correcta por Estados Unidos, el riesgo no será sólo recibir una queja enérgica, sino enfrentar sanciones serias, como multas multimillonarias, bloqueos directos o indirectos, u otras sanciones por parte de organismos multilaterales, entre las que no es posible descartar las sanciones políticas.

2. El segundo mito acerca de todos estos procesos – y el más ampliamente aceptado – es que dentro del plano económico se trata de tratados de libre comercio. El componente de libre comercio – es decir, el de la creación de condiciones para permitir la libre circulación internacional de mercancías – es claramente marginal. La OMC ya ha hecho ese trabajo, y lo ha hecho muy bien. Durante 2003, sólo 9 miembros de la OMC aplicaron aranceles superiores al 20% a las importaciones no agrícolas y más de la mitad aplicó por bajo el 10%, muy lejos de los aranceles de 50% o más que solían ser la norma diez o quince años atrás. Por otro lado, aunque se nos dice que la agricultura continúa protegida, las cifras muestran algo distinto. Menos de la tercera parte de los miembros de la OMC mantiene aranceles a los productos agrícolas por sobre el 20% y una cuarta parte ya aplica menos del 10%. Eso, para un tipo de productos que una década atrás podía aplicar aranceles por sobre el 100%, y sin considerar la pérdida de otras formas de apoyo, como bandas de precios, programas de apoyo a la exportación, investigación pública, subsidios, etc. Lo que la agricultura experimenta actualmente es sólo una desprotección algo menos brutal que las otras áreas de la economía.

¿Qué es lo que los tratados buscan entonces? Sin lugar a dudas, buscan que los aranceles – especialmente para los productos agrícolas – continúen bajando. Pero aunque ello puede significar el golpe definitivamente mortal para la pequeña y mediana agricultura de los países en desarrollo, su significado económico para los países industrializados es secundario. Por lo mismo, Estados Unidos está dispuesto a hacer concesiones en lo referente a aranceles para la agricultura, mientras se les otorgue lo realmente importante: subordinación política junto a privilegios y garantías para sus inversionistas.

3. Un tercer mito, muy relacionado con lo anterior, es que si se obtienen concesiones en relación a la agricultura, los efectos de los tratados serán tolerables para los campesinos y pueblos indígenas. Nada más lejano a la realidad. Los tratados, con o sin concesiones en lo referente a aranceles agrícolas, posibilitarán, entre otros, la expropiación de las tierras campesinas e indígenas, imposibilitarán el reconocimiento de cualquier derecho o status especial de los pueblos indígenas o de cualquier otro sector social (como campesinado y minorías étnicas), imposibilitarán los procesos de reforma agraria, impondrán el patentamiento de las plantas y animales, así como la privatización del conocimiento tradicional, la biodiversidad, el agua y los parques nacionales. En conjunto, los tratados crean las condiciones para el desconocimiento de los derechos de pueblos indígenas y campesinos, la privatización de grandes extensiones territoriales –incluidos los territorios indígenas y sus aguas – la expulsión de la población rural y el control total de la agricultura por parte de las grandes empresas.

4. El cuarto mito es el que indica que se trata de negociaciones. A través de los textos ya firmados puede verse que se están aplicando textos pre-escritos, idénticos casi hasta la letra en contenidos, y sólo organizados de distinta manera a fin de hacer más clara la protección de los intereses de los grandes inversionistas. Si además se hace un poco de historia, puede verse que estos textos corresponden esencialmente a versiones perfeccionadas de los textos inicialmente presentados por Estados Unidos a las negociaciones de la OMC, el ALCA y el AMI [1]. Todo indica que los países no industrializados – como ya lo hicieron Chile y los negociadores del CAFTA – se limitarán casi exclusivamente a negociar las llamadas medidas disconformes. Estas corresponden en realidad a excepciones parciales, transitorias, fácilmente burlables y hasta el momento vergonzosamente marginales y escasas. En contraste, Estados Unidos deja fuera importantes actividades económicas y partes de sus territorios.

5. El quinto mito, aunque nos duela, es que las movilizaciones sociales de Cancún y Miami lograron parar el avance del neoliberalismo. Como ya vimos, las movilizaciones fueron sin duda importantes y causaron un impacto innegable. Los gobiernos del mundo entero han recibido el mensaje que el apoyo político para que sigan adelante con la agenda neoliberal es cada vez menor, pero ello no los ha detenido. Es posible que el ALCA pase a ser una negociación irrelevante, pero la OMC y otros foros siguen adelante de manera agresiva, y los tratados bilaterales están entregando a Estados Unidos exactamente lo que desean. Lo que hoy estamos viendo es un re-acomodo de los métodos para conseguir lo que necesitan conseguir, y un reforzamiento del secreto de las negociaciones a fin de impedir nuevas presiones sociales. El cuadro que se va formando es que el marco neoliberal va dejando cada vez menos cabos sueltos. Cualquier reacción frente a ello requiere ser igualmente integral.

En conjunto, los contenidos de los TLC fijan condiciones de subordinación económica y política aún más drásticas que las que conocemos hasta el momento. Es una ofensiva que tiene como objetivo re-definir el mundo y las relaciones sociales en función de la maximización de las ganancias de los grandes capitales estadounidenses y de la exacerbación del control por parte de Estados Unidos.

LO QUE EFECTIVAMENTE ESTA EN JUEGO

Los TLC con Estados Unidos son, en realidad, estatutos supra-constitucionales que otorgan garantías y privilegios al gran capital estadounidense y restringen de manera drástica las libertades ciudadanas, los derechos humanos y la soberanía de pueblos y Estados. Para ello crean una red de normas que se organizan más o menos de la siguiente manera:

1. Cláusulas distribuidas en cada capítulo u ordenadas en uno solo que obligan al gobierno y al poder legislativo de cada país a consultar y tomar en cuenta las observaciones de los empresarios y el gobierno estadounidenses sobre cualquier iniciativa legal o política futura que pueda afectar sus intereses. No se explicita ninguna excepción a esta consulta, por lo que los países podrán verse obligados a consultar aspectos de sus políticas de educación, derechos humanos, derechos civiles y laborales, o incluso sus políticas militares o de defensa nacional. Son las denominadas normas de transparencia y ellas buscan asegurar que el curso legal que sigan los países firmantes se mantendrá firmemente dentro de lo considerado adecuado por Estados Unidos. Por lo mismo, los tratados no son sólo lo que actualmente indican, sino que constituyen un cheque en blanco a costa de la soberanía y derechos de los países y pueblos.

2. Un capítulo de inversiones que fija muchas de las reglas básicas, específicamente:

a. Una definición de inversión extraordinariamente amplia que incluye la especulación, los permisos, la propiedad intelectual, y aspectos tan vagos como las expectativas de ganancias;

b. una definición igualmente amplia de inversionista, que incluye a aquéllos que sólo han declarado intención de invertir. Esto implica que bastará que una empresa extranjera indique intenciones de invertir para que se le otorguen las garantías y privilegios descritos más adelante, incluyendo el derecho a millonarias indemnizaciones;

c. la apertura de absolutamente todos los sectores de la economía a la intervención de los capitales extranjeros, incluyendo aquellos sectores que se han considerado esenciales para el bienestar de la población (como salud y educación) o fundamento de la soberanía y seguridad nacionales (por ejemplo, comunicaciones, electricidad, agua, minerales, pertrechos militares, puertos, cárceles y otros);

d. la garantía automática que ningún empresario, profesional, agricultor, campesino o indígena de un país podrá gozar de ventaja o protección alguna por sobre la empresa extranjera (es el denominado “trato nacional”); entre otros efectos, esto acabará con los derechos de los pueblos indígenas sobre sus territorios y con la imposibilidad de enajenar tierras indígenas;

e. una garantía igualmente automática de que cualquier privilegio que se le haya otorgado a alguna empresa extranjera se extenderá a los inversionistas estadounidenses;

f. la renuncia a la capacidad del estado para controlar la concentración económica y los monopolios; sólo se podrá en teoría sancionar las acciones abusivas de quienes detenten un monopolio o una posición de control de mercados, pero no se podrá reglamentar ni tomar medidas contra la concentración en sí;

g. la garantía de que se crearán las condiciones para que las empresas estadounidenses vean satisfechas sus expectativas de ganancias, y la obligación de los gobiernos de tomar activamente tales medidas;

h. la posibilidad de obligar a los países a pagar millonarias sumas a las empresas estadounidenses, cuando éstas no ganen lo que esperaban o decían esperar;

i. la garantía de que no se podrá expropiar una empresa estadounidense; que si se llega a hacerlo habrá que indemnizar a los inversores norteamericanos y compensarlos por ganancias no realizadas. Esta disposición imposibilita o hará muy difícil, entre otras cosas, procesos como la reforma agraria, la recuperación ambiental, la recuperación de cuencas, etc.;

j. la obligación de los Estados a tratar a los inversionistas estadounidenses de acuerdo al “derecho internacional consuetudinario” y a un “trato justo y equitativo”, términos que por su vaguedad quedan abiertos a la interpretación empresarial y dan amplia cabida a la presentación de demandas contra los países en las condiciones que se describen más adelante;

k. las mismas cláusulas anteriores incluyen además la obligación de entregar protección policial a la inversión extranjera, quedando abierto a la interpretación de los empresarios si esa protección debe otorgarse contra huelgas o protestas;

l. en contraste, existe la imposibilidad de cada país de exigir cualquier norma de desempeño. Nos convertiremos en plataformas productivas en las que las grandes empresas podrán explotar nuestros recursos naturales, nuestra atmósfera y nuestra mano de obra sin que se les pueda exigir aportar beneficios alguno a la economía o el bienestar nacional.

3. Un capítulo de servicios que asegura que las empresas estadounidenses podrán apropiarse de recursos, componentes de nuestro entorno y actividades que hasta el momento no se han considerado mercancías. Aquí se incluye:

a. La privatización de los mares, los ríos y lagos, la educación, la salud, los parques nacionales, las comunicaciones, el transporte, y todo aquello que los abogados de las empresas se las ingenien para incluir;

b. permitir que las empresas estadounidenses tomen el control de la prensa, la televisión y la radio;

c. la privatización y entrega a las transnacionales de diversas funciones gubernamentales, como la normatividad ambiental y sus fiscalización, las cárceles y al menos ciertas funciones del ejército (como se ha estado haciendo en Irak y Afganistán);

d. la posibilidad de privatizar cualquier cosa a la que se pase a denominar “servicio”, ya que no se define lo que es un servicio o se hace de manera extremadamente amplia. A través del término “servicios ambientales”, por ejemplo, ya comienza a ser posible la privatización de la atmósfera, el clima, las funciones ecológicas que permiten la regularidad ambiental y el conjunto de la biodiversidad.

4. Un capítulo de propiedad intelectual que otorga garantías legales de que será posible:

a. apropiarse y monopolizar seres vivos y sus partes sin excepción (incluídas plantas, animales, genes y tejidos humanos). Ello impedirá y convertirá en delito la libre reproducción de plantas y animales y el libre intercambio de semillas;

b. apropiarse e impedir la circulación y el uso de conocimiento e información, incluido el conocimiento tradicional y el científico;

c. monopolizar la producción y venta de medicamentos; impedir que otros fabriquen medicamentos baratos incluso para enfermedades de gran importancia social como la malaria, la tuberculosis o el SIDA;

d. apropiarse de las creaciones artísticas y culturales, inclusive todo tipo de música, literatura, danzas, diseños, y permitir su uso, expresión o circulación exclusivamente en contra de un pago;

e. impedir la actividad creativa en informática cuando ella ponga en peligro determinados monopolios;

f. apropiarse e impedir el libre uso de rezos, íconos, símbolos y rituales

g. impedir la fotocopia de textos, incluso con fines de estudio;

h. castigar con multas y cárcel a quienes no acaten o sean acusados de no acatar las reglamentaciones anteriormente descritas;

i. lograr lo anterior sin necesidad de probarlo; el acusado debe mostrar su inocencia;

j. perseguir a quien supuestamente tenga la sola intención de no acatar algunas de las normas anteriores;

h. no se librarán de las sanciones anteriores profesores, estudiantes, investigadores, escuelas, universidades, bibliotecas públicas o archivos nacionales.

5. Cláusulas sobre solución de controversias que:

a. permiten que las empresas estadounidenses interpongan demandas millonarias en contra de los países que les abrieron sus puertas si consideran que no han gozado de todos los privilegios que esperaban obtener, pero que no da cabida a que sector alguno (gobiernos, organizaciones sociales o individuos) los demande por alguna razón;

b. dejan a los países firmantes sujetos a sanciones económicas si el gobierno de Estados Unidos considera que no respetan lo estipulado en el tratado;

c. obligan a los países a que acepten que tales demandas sean derimidas por fuera de sus leyes y tribunales nacionales, y se decidan en tribunales supranacionales, privados y secretos;

d. permiten que las empresas y el gobierno estadounidense pongan en cuestión y busquen impedir la aplicación de cualquier ley nacional, incluídas las leyes sobre derechos de pueblos indígenas, las leyes ambientales y las laborales;

e. permiten que, si un país sigue adelante en la aplicación de sus leyes, las empresas sean indemnizadas por los efectos que la ley pueda tener sobre sus ganancias.

6. Un conjunto de otras cláusulas que:

a. obliga a los países firmantes a adherirse a una larga lista de tratados internacionales, sin posibilidad alguna de que los parlamentos o los ciudadanos discutan, cuestionen o se opongan a tal adhesión;

b. obliga igualmente a los países a hacer cambios legales importantes, tanto en aspectos de procedimiento como de fondo; acciones hasta el momento legales pasarán a ser ilegales e infracciones hasta el momento civiles pasarán a la justicia criminal;

c. restringe de manera severa la capacidad de cada país de definir políticas y marcos legales, ya que ninguno de ellos puede afectar las ganancias reales o potenciales de los inversionistas de Estados Unidos;

d. impide que un país controle por razones de bienestar social o seguridad nacional los flujos de entrada y salida de productos al o desde el país. Ello incluye la imposibilidad de un país de controlar el flujo de alimentos en caso de hambruna, o de agua en caso de sequía extrema [2];

e. impide que los países firmantes controlen la entrada de productos trasngénicos, o que mantengan algún tipo de seguimiento sobre la circulación de ellos;

f. obliga a que las compras y obras públicas sean licitadas internacionalmente y definidas exclusivamente en base a parámetros económicos. Es decir, un gobierno nacional, regional o local no podrá preferir a un abastecedor local por razones sociales o de política económica. Las cláusulas están redactadas de tal manera, que es posible interpretar que los Estados ni siquiera tendrán libertad para definir sus compras militares;

g. finalmente, impone todas estas condiciones de manera inamovible. Bajo el concepto de “estabilidad jurídica” los países firmantes no podrán alterar normas para proteger a sus ciudadanos, sus recursos o su medio ambiente, si ello disminuye o pone en peligro las ganancias de los inversionistas estadounidenses. Si llegaran a hacerlo, se arriesgarían a sanciones cuya seriedad dependerá principalmente de lo que los inversionistas deseen pedir y los tribunales privados estén dispuestos a otorgarles.

¿EXISTE ALGUNA PROTECCION?

Ante lo avasallador de los textos impuestos, los gobiernos involucrados han dicho estar defendiendo los intereses nacionales a través de las excepciones o “medidas disconformes”. También se ha dicho que los capítulos sobre Medioambiente y Trabajo aseguran protecciones significativas en esos ámbitos. En teoría, las excepciones podrían ser importantes, pero hay tres factores que se oponen a ello. Primero, el marco general es tan contundente que las excepciones son el mejor de los casos una disminución de algunos daños, pero no una solución. Segundo, Estados Unidos no está dispuesto a aceptar cualquier excepción, sino sólo aquellas que sean tolerables para sus intereses. Tercero, los gobiernos de los países en desarrollo no han mostrado mayor interés por negociar excepciones significativas y coherentes. Una revisión de lo que se ha logrado a través de las excepciones, muestra que éstas son bastante más marginales, parciales y burlables que lo que los gobiernos han dicho.
Específicamente:

a. todas las excepciones quedan sujetas a lo que se considere compatible con el tratado. Por tanto, todas ellas pueden ser cuestionadas y sometidas a solución de controversias bajo las condiciones descritas anteriormente;

b. la mayoría de las cláusulas más dañinas no tienen excepción alguna. Estados Unidos ha sido especialmente duro en no aceptar excepciones en propiedad intelectual y garantías a sus inversionistas;

c. las excepciones a la rebaja de aranceles no son tales: sólo son procesos de desgravación paulatina. Casi sin excepciones, en un plazo no mayor de 15 años, todos los productos –los agrícolas incluídos- deberán quedar con arancel cero;

d. en teoría, se pueden establecer excepciones que permitan al Estado mantener el control de determinadas actividades económicas y recursos naturales. Sin embargo, el capítulo de servicios establece que los Estados pueden delegar sus funciones y atribuciones en entes privados. Queda abierta la puerta para que las empresas estadounidenses le exijan a los gobiernos que les “deleguen” el control mantenido;

e. muchas de las excepciones concedidas a los países en desarrollo han sido redactadas como “El país x se reserva el derecho de…..” Esto le da a la excepción el carácter de optativa. Por lo mismo, su implementación puede ser cuestionada y dar pie a una demanda por parte de las empresas estadounidenses que se consideren afectadas;

f. tanto el capítulo de Medioambiente como el de Trabajo están redactados en base a frases como “en la medida de lo posible”, “procurar”, “de acuerdo a normas nacionales”, “discrecionalidad”, etc., contrastando fuertemente con otros capítulos donde abundan frases como “obligación”, “deber”, “sin excepción” y otros similares. En otras palabras, los derechos laborales y el medioambiente serán protegidos sólo si los gobiernos desean hacerlo y los empresarios aceptan;

g. las excepciones establecen el peligroso precedente que todo lo que no se mencione como excepción es aceptado como parte del tratado. Desde este punto de vista, el grueso de las excepciones daña más de lo que protege. Por ejemplo, en el CAFTA, Costa Rica mantiene el derecho de limitar las exportaciones de madera de árboles nativos, pero esa misma excepción puede implicar que no tiene derecho a limitar la exportación de cualquier otro componente de la biodiversidad. De esta manera la aplicación de la Ley de Biodiversidad queda en entredicho y bajo posible litigio.

Las excepciones que los países han negociando o puedan negociar son insignificantes frente a un marco que termina con cualquier posibilidad de los gobiernos o los habitantes de un país de definir qué tipo de país y convivencia quieren. Por donde se lo mire, la única defensa posible es no firmar el tratado.
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[1] Acuerdo Multilateral de Inversiones
[2] Actualmente Argentina enfrenta una escasez grave de combustible, consecuencia, entre otros factores, de décadas de deterioro de la infraestructura nacional. El gobierno argentino ha diseñado un plan de restricción de las exportaciones de gas natural, a fin de asegurar el nivel de abastecimiento nacional que se considera imprescindible para no provocar una nueva crisis económica en Argentina. Adicionalmente, Argentina recibirá gas natural desde Bolivia, que acepta venderles el combustible siempre que éste no se desvíe a Chile. Si Argentina o Bolivia hubiesen formado con Chile un tratado similar al firmado entre Chile y Estados Unidos, ninguno de los dos países podría regular sus exportaciones de gas natural, como lo están haciendo en la actualidad. Argentina, por ejemplo, no podría impedir de manera alguna la salida de toda su producción gas, aún cuando ello causase un daño mayor a su población y a su economía.